"Es necesario un cierto nivel de inconsciencia para ser empresario"
Este experto señala que ahora salen adelante muchos más convenios de empresa que hace cuatro o cinco años porque"los acreedores han aprendido en sus carnes los rigores del concurso".
Le llaman Curro desde que nació y, teniendo en cuenta que se apellida Romero, las comparaciones con el torero son inevitables, pero lo lleva con buen humor. Estudió Derecho en Granada, es profesor asociado de Derecho Mercantil en la Universidad de Málaga desde 1989 y tiene un amplio currículo como abogado y administrador concursal. En estos momentos es socio del despacho Cuatrecasas-Goncalves Pereira-Olivencia Ballester en Málaga y, entre otros, ha llevado el concurso de Dhul o Charanga.
–Estamos a comienzo de un nuevo año. ¿Será el de la ansiada recuperación económica?
–Sin duda. Esto es fácil afirmarlo, pero no por los marcadores inequívocos que hay, sino porque hemos llegado tan bajo y se ha destruido tanto tejido empresarial que las estadísticas son muy agradecidas.
–¿Lo aprecian en el despacho?
–Sí, lo estamos detectando en las plazas económicas importantes en 2014 e incluso en 2013 aunque con titubeos. No es una subida tan lineal como apuntan los indicadores macroeconómicos. Más de un notario me ha comentado, por ejemplo, que en este último cuatrimestre han notado un freno importante en las escrituras en Málaga cuando parecía que se había recuperado la inercia. Está claro que nunca vamos a recuperar los niveles de la época de bonanza, pero eso puede ser hasta bueno al crecer de forma sostenida.
–Ustedes tienen despachos en varias provincias españolas. ¿Ven más tirón en Málaga que en otros lugares?
–Málaga es indudablemente una plaza muy dinámica. Es la provincia que constituye más sociedades mercantiles en Andalucía con una distancia muy seria de la segunda, que es Sevilla. También es cierto que las sociedades que se constituyen son de menos capital social y que Málaga lidera la tasa de mortalidad.
–¿Esperaba que hubiera tantas empresas en concurso de acreedores en Málaga como se ha visto estos años?
–La crisis económica y el recorte brutal en la financiación de las entidades de crédito han dado lugar a que muchos clanes de empresas que parecían sólidas no hayan podido soportarlo. En esta oleada de concursos, que ha sido espectacular y que pensamos que ya está concluyendo, hay también causas internas, que suelen obedecer a dificultades para prever o adaptarse a la situación de crisis. Muchas veces no hay que reprochar nada al empresario o al administrador, sino que se ha producido el concurso porque se ha querido apostar por la empresa, es decir, cuando se ha visto el primer síntoma de insolvencia.
–¿Cuáles son los fallos más comunes que detecta en las empresas concursadas?
–Cuando la empresa es un proyecto de vida resulta difícil cortarle la cabeza y declarar el concurso. Esto ha generado una inercia de intentar reflotar la compañía poniendo en riesgo el patrimonio personal y perdiéndolo. Es un drama porque se ha vivido en muchas ocasiones. Hay sociedades que llegan al concurso exhaustas y en liquidación, cuando ya no tienen viabilidad porque se han agotado todas las posibilidades.
–¿Se espera demasiado?
–Se espera hasta el final porque puede haber un problema de falta de cultura empresarial, pero también es cierto que al empresario que ha dedicado su vida y sus recursos a un proyecto le cuesta mucho renunciar a él.
–¿Se teme además que pueda generar mala imagen en la sociedad? ¿Hay miedo al fracaso público?
–Creo que el estigma del concurso se ha superado. En sectores tan importantes para Málaga como el inmobiliario lo difícil es ver a alguna empresa que haya podido superar la situación de insolvencia. Se sabe abiertamente que no obedece a mala gestión sino al contexto.
–Bueno, en Málaga sí hemos visto muchos casos de mala gestión.
–Por supuesto que ha habido mala gestión en todos los sectores y siempre habrá, pero es cierto que ahora salen muchos más convenios adelante que hace cuatro o cinco años porque los acreedores han aprendido en sus carnes los rigores del concurso.
–Han visto que es mejor cobrar algo que nada.
–Claro, porque en liquidación no cobran nada. Se están sacando convenios que suponen un gran sacrificio para los acreedores, con grandes quitas y una larga espera. El caso más singular que he vivido es el de grupo Dhul, que tenía un pasivo cercano a los 1.000 millones de euros y un activo que no pasaba de los 180 millones. La actividad, además, durante el tiempo del concurso dio pérdidas. Se presentó un convenio con una quita del 50% y pago dentro de cinco años. Al final lo retiró la familia Ruiz Mateos y aún así hubo acreedores que aceptaron la propuesta. Entró en liquidación.
–¿Es el concurso, si no se declara culpable, la solución fácil para los empresarios?
–Es muy arriesgado. Ni siquiera el convenio es un salvoconducto que evite siempre que se declare culpable. El problema de una empresa que entra en concurso es que inmediatamente los proveedores cambian las condiciones de pago. Antes te daban aplazamiento y te financiaban y ahora te exigen pagar al contado o incluso por adelantado y en ese momento acaban de darle la puntilla a la empresa en concurso. Ese es el punto crítico. Por tanto, puede haber empresas que piensen que tienen un beneficio al declarar el concurso porque suspenden la deuda anterior, pero no suelen tomar en consideración que al día siguiente de la declaración del concurso te cambian las condiciones de pago, hay que tirar de tesorería para mantener el suministro del género o servicio y eso es muy complicado.
–Otra cosa es que, aún declarándose culpable, el empresario o administrador responda con su patrimonio. Hay casos en Málaga en los que se exigen fortunas y los administradores de la sociedad no tienen nada a su nombre.
–Eso es un problema con cualquier deudor profesional. Si se cubre las espaldas es difícil. Pero no lo recomiendo en absoluto porque eso es jugar con fuego o andar en un campo de minas. La responsabilidad es universal y respondes también con el patrimonio futuro. Es posible que ahora no tenga bienes pero dentro de diez años puedo relajarme y tenerlos y te los quitan. Habrá gente que pueda vivir con esto, pero son los menos.
–A los gestores de Isofotón les han decretado el embargo de más de 50 millones de euros.
–Sí y hay otros concursos en los que se ha puesto más. Igual este señor llega y dice que es insolvente de por vida, pero no podrá obtener ningún bien a su nombre nunca. Si puede vivir con eso... Hay que tener estómago.
–¿Qué le recomendaría a las empresas para no entrar en concurso?
–Cumplir todas las obligaciones legales, profesionalizar la administración en el sentido de que el empresario o el administrador se forme y sepa cuáles son sus responsabilidades, y en cuanto vean el primer síntoma de insolvencia poner la alerta. Igual no hay que llegar directamente al concurso porque se pueden hacer refinanciaciones o acuerdos extrajudiciales con acreedores. Hay que reaccionar a tiempo, pero no darle vueltas porque al final se va haciendo una bola. Con las aplicaciones informáticas que hay se puede hacer un cierre provisional del balance y la cuenta de resultados en cualquier momento, en tiempo real.
–¿No están los empresarios o administradores suficientemente formados?
–Siempre se necesita más formación. Sobre todo en un terreno en el que está continuamente cambiando la legislación. Ahora, por ejemplo, se acaba de aprobar una reforma importantísima en materia de gobierno corporativo de las sociedades de capital. El 99% de las sociedades que se constituyen en España son limitadas, hay una modificación sustancial sobre juntas generales y administradores que ha entrado ya en vigor y muchas personas no lo saben. Hay que conocerlo porque marcan cómo administrar la sociedad, cuáles son las líneas rojas y qué no se debe incumplir porque puede derivar en responsabilidades.
–¿Son los empresarios conscientes de todas las responsabilidades que tienen?
–No. Si lo fueran tendríamos una gran inhibición a la hora de emprender. Si pusiéramos crudamente sobre el papel todas las áreas de responsabilidad, potencial o real, que asume un empresario causaría espanto. Sería el mayor disolvente de vocaciones empresariales. Por eso, un cierto nivel de inconsciencia es casi necesario. Esto es como el que sale a torear, que si se plantea que lo pueden matar no sale. En cualquier caso, el empresario que ha sobrevivido a la crisis ha demostrado que es un buen empresario, porque ha sabido adaptarse o buscar mercados internacionales. Se ha convertido en un empresario mucho más fuerte, sabe navegar y lo puede contar. La crisis ha sido un tsunami. Había empresas cuya solidez patrimonial y rentabilidad eran indiscutibles y han desaparecido. Ha sido sorprendente.
–¿Suele haber buena relación entre los empresarios y los administradores concursales?
–Lo normal es que el empresario colabore con la administración concursal si tiene interés en hacer viable su empresa o en una liquidación ordenada. De hecho, la ley le obliga y su incumplimiento deriva en concurso culpable. Aunque hay veces que ni por eso.
–En el de Aifos acabaron regular.
–Ese es un concurso muy complicado de gestionar, intervenir y administrar porque desbordan.
–Los juzgados mercantiles de Málaga están saturados. ¿Qué ve más urgente?
–Están muy saturados incluso con jueces de apoyo. Un caso como el de Aifos ha generado cientos de incidencias cuando la media que marca el Consejo General del Poder Judicial es que un juez saque 300 resoluciones al año. Eso significa que dos años y medio o tres años del juzgado mercantil se deberían dedicar exclusivamente a Aifos, abandonando todo lo demás. Esto sí que es un problema de presupuesto.
–¿Harían falta muchos más juzgados?
–La cosa va a menos, pero Málaga siempre ha sido una ciudad muy emprendedora y muy litigadora. Hay muchísimas apelaciones, a pesar de la tasa. En Granada resuelven un recurso en cuatro o cinco meses y aquí se tarda más de un año porque hay muchos más.
–¿Qué le va a pedir a los Reyes Magos en su carta?
–Nosotros solo percibimos el gran cambio que ha dado Málaga cuando traemos a gente de fuera. He traído a clientes o socios de otros despachos y se han quedado maravillados con Málaga. En 10 ó 15 años ha pasado de ser una ciudad cenicienta a ser una gran ciudad en calidad de vida, cultura, etcétera. Es curioso porque es una ciudad muy emprendedora que se quiere muy poco a sí misma. Les pediría, por tanto, que Málaga se quisiera un poco más. Siempre ha sido una ciudad destino. Los funcionarios recalaban aquí y se quedaban. Era una ciudad que lo tenía todo y que ahora está mejorando mucho y hay que seguir la senda. Y no creo que sea fruto de una acción política determinada o una gestión municipal, sino que cuando los malagueños han empezado a ver una ciudad de la que se puede presumir se lo han empezado a creer. Necesitamos todos recuperación económica, creérnoslo y formación. Ser el motor andaluz debería ser importante y en Sevilla ya reconocen que la velocidad económica y de emprendimiento de Málaga es mayor a la suya porque son caracteres completamente distintos.
–¿Habría que potenciar más la relación entre las dos ciudades en lugar de tanto enfrentamiento?
–Es lamentable que no se haya hecho ya el tren de alta velocidad entre Málaga y Sevilla. Colocarte en 50 minutos en Sevilla y al revés sería importante. No sé por qué no se promueve la unión entre el eje económico y el eje social y político porque la obra costosa hasta Antequera ya está hecha. Sería beneficioso para las dos ciudades.
Su pasión por lo mercantil le viene de su padre
Nació en Málaga en mayo de 1960, está separado y tiene tres hijos. Estudió Derecho en Granada y cuando estaba allí se creó la facultad de Málaga. Una vez vino a verla y recuerda que las clases se impartían en Medicina y que había alumnas haciendo punto. Se volvió horrorizado, pero la UMA, afortunadamente, cambió. Su padre era empresario –tenía ferreterías, taller de neumáticos o electrodomésticos– y de ahí le vino el interés por el área mercantil. Dice que su asignatura pendiente es desarrollar algún hobby y cultivar más amistades.
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