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El 'niño pintor': un enigma de 30 años

  • Con escasos medios y sin avances tecnológicos, así comenzó la búsqueda del menor cuyo caso frustró a la Policía, que llegó a escuchar a videntes "de buena fe"

Se le buscó en países como Portugal, Marruecos, México, Bélgica, Alemania y en distintos puntos de la geografía española. Tenía 13 años y un prometedor futuro artístico. David Guerrero Guevara, apodado el niño pintor, morirá, previsiblemente, para la justicia, pero no para la Policía. Y menos aún para su familia, que lo sigue sintiendo vivo, pese a que esta semana le ha tenido que dar por muerto para acceder a la pequeña herencia que dejó su padre. Han transcurrido cerca de tres décadas de aquel 6 de abril de 1987, cuando el menor se dirigía a una galería en la que estaba expuesta una obra suya dedicada al Cristo de la Buena Muerte. Su rastro se desvaneció en los 150 metros que separaba su casa de una parada de autobús, que no llegó a coger. Ninguna pista ha llevado todavía al esclarecimiento de lo sucedido.

El caso, que investiga el Grupo de Homicidios del Cuerpo Nacional de Policía, en el que también se indagan las desapariciones, se erige en uno de los más misteriosos. Juan Antonio O' Donnell, entonces inspector jefe destinado en la Comisaría del aeropuerto, reconoce la frustración que la falta de pruebas sólidas supuso a los agentes implicados en aquella época. "Para ellos fue desconcertante. Se dejaron la piel, las horas y las noches en sus esfuerzos personales. Aún al hablar de eso tienen un gesto de tristeza. Muchos ya se han jubilado", explica el funcionario.

Trabajaban a destajo, pero la carencia de medios, principalmente tecnológicos, entorpecía las labores de búsqueda. O'Donnell invita a una "regresión a hace 30 años", cuando el cotejo de huellas "se hacía a ojo". "Aquello era otro mundo. Los avances hacen muy diferente la forma de investigar de ahora, cuando ya han crecido exponencialmente, a la de entonces. La base de datos no existía y los ordenadores a nivel de usuario no estaban a disposición de las instituciones ni de la Policía", detalla el agente.

Hasta acudieron a médiums "de buena fe" para evitar que la familia tuviera el "resquemor" de que se eludieron sospechas. "El trabajo policial no es como el de las películas. Tiene mucho más de paciencia infinita, horas y horas de espera. Siempre contemplamos que sigue vivo. El móvil que empuja es ayudar, ¿cómo hacerlo si piensas que está muerto?", asevera.

Uno de los indicios que pudo arrojar algo de luz llegó con el aviso de que el malagueño había sido visto pintando en calles de Portugal. O'Donnell, ya jubilado, recuerda que la pista que más frustró salió a la luz a los tres años de la desaparición. Una empleada de un hotel tenía un dato interesante. "Cuando se llegó para hablar con ella había fallecido seis meses antes. Ahí se rompió el avance de la investigación", resalta.

Cualquier intento por descubrir el paradero de David ha terminado en un callejón sin salida. "No dejamos de recibir llamadas. Hace unos ocho años contactó una vidente que situaba al niño en Holanda. Un chico moreno podía confundirse con otro de las mismas características", subraya el efectivo. También se le relacionó con un suizo que guardaba en su casa caricatura con signos faciales muy parecidos a los suyos. "Nadie ha tenido ni una sola pista de la que tirar. Eran avistamientos. Nos parecía increíble que no se resolviera dada la gran eficacia del Grupo de Homicidios y pese a que ese día las calles estaban tomadas por la Policía con la visita de la reina Sofía", destaca O'Donnell.

El retrato del niño pintor que hace el colegio El Divino Pastor, donde estudiaba, es el de un buen alumno -aunque no de los más brillantes- que sabía compaginar sus estudios con su habilidad con los pinceles. María Ramos, profesora del centro desde hace casi 36 años, recuerda el día en que el pequeño se cortó cuando estaba sacándole punta a un lápiz. Fue ella la que lo trasladó hasta el antiguo Hospital Noble. "Iba hablando todo el camino y no me conocía apenas. Me pareció muy maduro. Yo era la directora y coincidimos varias veces en que sustituí a algún profesor", relata.

La desaparición del niño causó gran conmoción entre su grupo de amigos. "Lo pasaron muy mal. Como madre que soy, cada vez que veo a Toñi -la progenitora- en el periódico se me abren las carnes. Todos esperamos que algún día entre por la puerta", manifiesta la docente. El presidente de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Niño (Prodeni), José Luis Calvo, hace gala del mismo optimismo y contempla que David, que en octubre cumpliría 43 años, protagonizara una "ruptura emocional con su pasado". "Parecía que se hubiera diluido. Era un niño muy valorado. Puede que vuelva cuando tenga 50 ó 60 años", sostiene confiado.

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