Pablo Lara: ''Ojalá le prestáramos la misma atención a las arrugas del cerebro que a las de la piel''
El catedrático de Medicina de la Universidad de Málaga recibió recientemente el Premio de Educación y Docencia Médica 2025, concedido por la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME)
El catedrático de la UMA Pablo Lara recibe el Premio de Educación y Docencia Médica 2025
El catedrático de Medicina de la Universidad de Málaga, José Pablo Lara Muñoz, recibió recientemente el Premio de Educación y Docencia Médica 2025, concedido por la Real Academia Nacional de Medicina (RANME), por su trayectoria dedicada a la docencia, gestión académica e investigación. Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada (1981-1987), su actividad investigadora se desarrolla en la Neurociencia, en la que se pueden definir dos líneas: la primera, relacionada con el control del sistema respiratorio y, la segunda, relacionada con estudios de funciones cognitivas. Además, el malagueño fue casi 13 años decano de la Facultad de Medicina de la UMA.
Pregunta.Acaba de recibir el premio de Educación y Docencia 2025 de la Real Academia de Medicina, pero su trayectoria se apoya, también, en la investigación. ¿Cómo se conectan ambas?
Respuesta.Cualquier profesor universitario tiene que procurar desarrollar esos diferentes aspectos. En primer lugar somos profesores universitarios, por tanto, la docencia tiene que ocupar un lugar fundamental en nuestra actividad profesional, pero al mismo tiempo la Universidad es un lugar de investigación, de progreso en el conocimiento y la labor investigadora debe estar presente. Al estar en una Facultad de Medicina, la labor profesional se acompaña, en muchos casos, de que nuestros compañeros están desarrollando una labor en los centros sanitarios y, por tanto, prestando un nuevo servicio a la sociedad. En todo caso, el profesor universitario debe enseñar, investigar y todo eso debe repercutir en una transferencia a la sociedad. La gestión de la Universidad, por supuesto, también es complicada. Todas las personas de la Universidad desarrollan una cierta actividad de gestión que es muy diversa, pero todas son muy necesarias.
P.Su actividad investigadora se desarrolla en la Neurociencia. ¿Qué le llevó a estudiar el cerebro y las funciones cognitivas?
R.El estudio del sistema nervioso es un estímulo para la investigación porque nada es más importante que el conocimiento de ese sistema. Por qué somos como somos, por qué actuamos como actuamos, cuáles son las bases de nuestra conducta, de nuestro comportamiento, y aplicado tanto a lo que son las funciones cognitivas como las básicas. El mantenimiento de la actividad respiratoria es también una competencia, por ejemplo, de nuestro sistema nervioso. Por tanto, cuando acabé la carrera me incorporé al departamento de Fisiología de la UMA para investigar aspectos relacionados con el control del sistema respiratorio. Lo completé con una estancia en Londres de dos años para hacer estudios neuronales del sistema cardiorrespiratorio y esa fue mi primera línea de investigación, en la que adquirí formación en diversas técnicas, en todo lo relacionado con el control de las neuronas cardiorrespiratorias, las encargadas de que nuestro corazón lata 24 horas al día, que respiremos 24 horas al día... Hay muchos aspectos relacionados con ese control nervioso que estuve investigando y, en los últimos 25 años, ya me he centrado más en estudios de funciones cognitivas, de funciones superiores, mediante distintas técnicas electrofisiológicas, de estudio neurocognitivo...
P.¿Qué relación existe entre ambas líneas de investigación?
R.La persona es la relación. El sistema nervioso regula y controla todo nuestro cuerpo, nuestra actividad mental, nuestra actividad intelectual... Inicié mi trabajo de investigación en esos aspectos más básicos de funciones autónomas, sobre todo, centradas en el estudio del sistema cardíaco y del sistema respiratorio, para luego ascender al estudio de las funciones superiores. Nuestra vida se fundamenta en el funcionamiento adecuado de esas funciones básicas, autonómicas, viscerales, vegetativas, y luego nos permite desarrollar toda nuestra capacidad intelectual.
P.En la primera línea de investigación, ¿por qué es clave comprender cómo el cerebro regula una funciones que son vitales, aparentemente, de forma automática?
R.Nuestro sistema nervioso está recibiendo continuamente informaciones de numerosos receptores que tenemos en nuestro cuerpo, como los niveles momento a momento de la presión arterial, de la cantidad de oxígeno que tenemos en la sangre, del pH de nuestro estómago... Toda esa información debe ser procesada y regulada automáticamente. Afortunadamente, no tenemos que estar pendientes del control de ellas porque se realiza mediante reflejos muy eficaces para mantener el medio interno, pero, sin duda alguna, nuestra actuación va a repercutir en todo lo que tiene que ver con nuestro patrón visceral de respuesta vegetativa y, de ahí, esa interacción entre uno y otro. Desde lo que hacemos, estamos también modulando la función básica, la visceral, la vegetativa y nos vamos adaptando a lo que nuestro cuerpo necesita en cada momento. Cuando nos planteamos un objetivo, necesitamos un patrón autonómico de actividad visceral que nos permita alcanzar ese objetivo físico, intelectual o del tipo que sea. Somos una persona y necesitamos todo nuestro organismo y, fundamentalmente el sistema nervioso, regulando nuestra actividad.
P.En la segunda línea se centra en enfermedades neurológicas y psiquiátricas con deterioro cognitivo. ¿Qué avances destacaría a día de hoy?
R.Hemos trabajado con diversos grupos de pacientes. Hemos obtenido resultados relevantes en lo que es la caracterización de los síntomas psicológicos y conductuales en personas con Alzheimer. Ya sabemos que hay un deterioro en la memoria y en otras funciones cognitivas, pero no es menos importante que se acompaña de síntomas conductuales, psicológicos, de depresión, de ansiedad, de conducta motor aberrante, de insomnio, incluso de agitación... Y a esos síntomas hay que prestarles la misma atención y, a veces, condicionan la calidad de vida del paciente y del cuidador, más aún que los síntomas cognitivos. Por otro lado, hemos hecho también estudios en colaboración en personas que han tenido un ictus y problemas del lenguaje para valorar la eficacia de tratamientos farmacológicos y no farmacológicos en esas personas. Y quizás, por destacar la último que estamos desarrollando, son estudios del deterioro cognitivo en pacientes con enfermedad cardíaca y estudios en niños que han sido diagnosticados del Trastornos del Espectro Autista.
P.¿Desde la práctica se sigue diagnosticando tarde el deterioro o se ha avanzado para conseguir una detección precoz?
R.Vamos avanzando, pero todavía queda un camino muy largo por recorrer. Hay cada vez más concienciación de la importancia del deterioro cognitivo, pero la educación de nuestra sociedad necesita aún recibir más información, porque es tan o más importante que el control de la presión arterial, del colesterol y de otras variables a las que sí se les dedica tiempo. Suelo decir que ojalá le prestáramos la misma atención a las arrugas del cerebro que a las arrugas de la piel. Por tanto, estamos avanzando porque cada vez las personas que tienen esa formación se dan cuenta de que hay determinados despistes que se pueden alejar de lo que sería un envejecimiento normal, en el que todo nuestro cuerpo va acusando los años que vamos cumpliendo.
P.Usted evalúa la eficacia de terapias farmacológicas y no farmacológicas. ¿Qué papel juegan en el abordaje de los pacientes?
R.Lo más importante es el tratamiento integral de estas personas y debemos procurar proporcionar todas las herramientas terapéuticas que puedan mejorar su situación clínica. Por eso, en el caso del trastorno del lenguaje es tan importante una medicación, que hay escasas indicaciones de medicamentos que puedan servir para mejorar esa afasia, como ese tratamiento, por ejemplo, mediante estimulación del lenguaje cognitivo o tratamientos logopédicos. De hecho, con el doctor Berthier publicamos un manual de tratamiento al que, al mismo tiempo, es necesario que esa persona con un ictus y que tiene trastorno del lenguaje haga actividad física, tenga una nutrición adecuada, tenga apoyo social... Es decir, el tratamiento no es único, el tratamiento debe ser lo más completo e integral posible.
P.También forma parte de su trabajo algunas técnicas como la EEG, la estimulación cognitiva o la estimulación magnética transcraneal. ¿Hasta qué punto están transformando la forma de tratar y entender estas enfermedades?
R.En el caso de la electroencefalografía es una herramienta diagnóstica y que sirve para la evaluación de la progresión de estas enfermedades. Se le está sacando cada vez mucho más partido, ya que contiene información de la actividad global de nuestro sistema nervioso, que cada vez conocemos mejor y podemos aplicar a las distintas enfermedades. En el caso de la estimulación magnética transcraneal, ya está aprobada esa técnica. Consiste en la aplicación de campos magnéticos en nuestro cerebro, una técnica no invasiva, con escasísimos efectos secundarios que prácticamente son descartables, y que se está utilizando cada vez más en pacientes con depresión crónica resistente al tratamiento en los que la farmacología o la psicoterapia no ha funcionado. En un porcentaje elevado de ellos se están dando buenos resultados. Se va cada vez utilizando en un número mayor de enfermedades y es una técnica que creo que nos va a seguir dando buenas noticias. Incluso se está planteando la posibilidad de su uso para mejorar la función cognitiva, no para tratar una enfermedad.
P.¿Qué enfermedades están atacando en los últimos años a los pacientes?
R.En términos de incidencia la demencia y, particularmente, la enfermedad de Alzheimer es la que en términos porcentuales está experimentando en los últimos 20 años un crecimiento continuo. Por el envejecimiento de la población y porque esas personas suelen tener otras enfermedades que complican y que tienen influencia en el deterioro cognitivo, su incidencia está aumentando notablemente en los últimos años. Por el contrario, podemos decir que todo lo relacionado con las enfermedades cardiovasculares hay posibilidades terapéuticas cada vez mayores en personas de todas las edades y se está dando un rendimiento extraordinario. De todas formas, aunque está aumentando enormemente la incidencia, tenemos algunas evidencias en Europa y en Estados Unidos en las que podemos decir que son las sociedades más avanzadas porque se está demostrando que, gracias a la educación de la sociedad en la importancia del deterioro cognitivo y al mejor control, sobre todo, de los factores de riesgo cardiovascular, ha habido una disminución relativa.
P.El envejecimiento convierte la salud cerebral en un reto sanitario de primera orden. ¿Está el sector sanitario preparado para afrontarlo de una perspectiva neurocientífica?
R. Es un gran reto. Yo diría que no estamos todavía preparados. Hay que poner en marcha planes nacionales para lograr la atención y el acompañamiento de estos pacientes. El principal factor de riesgo por tener demencia es la edad, porque cada cinco años aumenta el doble su incidencia. Entonces, es relevante darle importancia, hacer controles de screening cognitivos muy básicos que todavía no están implantados, pero que habría que hacerlo porque mientras antes se detecte un deterioro y antes actuemos, más beneficioso será el posible tratamiento... El reto, por supuesto, es diagnosticar la demencia en su comienzo. Pero el reto aún mayor es diagnosticar la demencia antes de que lleguemos a un nivel de deterioro que ya se cumpla los criterios diagnósticos, que es lo que llamamos una situación de deterioro cognitivo leve. Si actuando sobre ese deterioro cognitivo leve podemos hacer que la demencia aparezca mucho más tarde, incluso en algunos casos que no aparezca, cada caso es único, pero como siempre la medicina más eficaz es la medicina preventiva. Tenemos que diagnosticar esta enfermedad cuanto antes porque los síntomas de la demencia, de la enfermedad de Alzheimer, aparecen unos 20 años después de que hayan comenzado las lesiones en el sistema nervioso. Por tanto, cuando se manifiesta ya tenemos una enfermedad que lleva 20 años de evolución y deberíamos ser capaces de detectarla antes para poder actuar antes y prevenir esa clínica de la enfermedad.
P.Y los futuros médicos, ¿tienen una preparación suficiente en neurociencia o sigue existiendo esa brecha?
R.Cada vez mejor. De hecho, en la UMA ya tenemos un nuevo plan de estudios en la Facultad con asignaturas específicas que abordan estos temas. Se ve en las asignaturas de Neurología, en las de Psiquiatría... Hay una integración cada vez mayor. Tenemos también una optativa, que tiene mucho éxito, que es Bases Neurofisiológicas de la Conducta y explicamos muchas cosas relacionadas con todo esto. La formación en el sistema nervioso es crucial para cualquier médico.
P.El premio reconoce también su gestión académica. ¿Qué cambios fueron decisivos para mejorar la formación en la Universidad de Málaga?
R.He tenido una larga experiencia en la gestión. He sido casi 13 años decano de la Facultad de Medicina, siete años presidente de la Conferencia Nacional de Decanas y Decanos de Facultades de Medicina de toda España, que ahora aglutina a 55 facultades, también fui vicepresidente y otro año vocal de la Junta Directiva. En esa gestión, he tenido la enorme fortuna de estar muy bien acompañado. Por destacar, lo más importante en la UMA fue poner en marcha el Plan de Estudios de Bolina, un aspecto fundamental que trajo muchos cambios y lo importante no es lo que nosotros enseñamos, sino lo que el estudiante aprende. Teníamos en la Facultad 10 programas de doctorado y ahora tenemos uno porque lo hemos integrado. Tenemos un Plan de Estudios en el que la formación clínica empieza en primero de carrera, mientras que antes empezaba en tercero, donde hemos incorporado asignaturas con nuevos contenidos relacionados con los avances de la medicina, donde hemos incorporado formación obligatoria en gestión sanitaria, más formación en humanismo, en ética, un itinerario de formación en investigación con un total de cinco asignaturas que culminan con un Trabajo Fin de Grado, hemos creado una área de simulación clínica dotada de personal con 500 metros cuadrados... También es muy importante que hemos obtenido el Sello Internacional de Calidad de la Federación Mundial de Educación Médica. Hemos traído a la Facultad obras de arte para influir, para que ese humanismo también se extienda, diversas obras de remodelación de la biblioteca, unas zonas que hemos creado de encuentro, de convivencia... Son muchas cosas. Y con la Conferencia de Decanas y Decanos hemos mejorado las relaciones con los ministerios, participando activamente en aspectos que tienen que ver con la prueba MIR, hemos puesto en marcha la figura de los tutores clínicos...
P.Por último, ¿qué debería saber hoy cualquier persona, ya sea médico o no, sobre el cerebro y las funciones cognitivas?
R.La frase tomada de la Sociedad Española de Neurología que suelo decirle a mis estudiantes: tu cerebro es vida, cuídalo. Dependemos en nuestra capacidad de desarrollar las actividades de nuestro sistema nervioso. Por tanto, es el órgano más importante que debemos controlar. Es necesario conocerlo y realizar una serie de hábitos saludables que redunden en beneficio de nuestro cerebro. ¿Qué podemos hacer? Sabemos que es importantísimo el ejercicio físico, la nutrición, las relaciones sociales, la estimulación cognitiva, el aprender, pero no de lo que uno ya sabe, sino cosas nuevas... Todo ese conjunto de aspectos van a ayudar a cuidar nuestro cerebro.
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