Cuando los Reyes ya se han ido, empiezan los juegos en Málaga

Plazas y paseos se convierten en escenarios improvisados donde los niños estrenan juguetes y la ciudad baja el ritmo tras la noche más esperada

El primer premio del Niño deja fortuna en Málaga: “No solo vendemos ilusión, la damos de verdad”

Una niña estrenando una bicicleta en la calle el día de Reyes
Una niña estrenando una bicicleta en la calle el día de Reyes / Carlos Guerrero

Los Reyes Magos regresan cada año sin hacer ruido, casi de puntillas, y dejan tras de sí una ciudad distinta. No es la de la cabalgata ni la de la víspera, sino la de la mañana siguiente: calles tomadas por niños que estrenan el mundo a través de un juguete nuevo, padres que observan a cierta distancia y plazas que se convierten, por unas horas, en improvisados parques de juegos.

La escena se repite en barrios y paseos. Un niño avanza con cautela subido a una pequeña bicicleta, todavía con el gesto concentrado del que aprende a dominar algo importante. A pocos metros, otro ensaya el equilibrio sobre un monopatín, cae, se levanta y vuelve a intentarlo. Las aceras se llenan juguetes recién montadas, de coches teledirigidos que se escapan calle abajo y de patinetes que trazan rutas entre sombras largas de enero. Los adultos acompañan sin intervenir demasiado, sabiendo que el día va de eso.

Niños estrenando sus regalos en una plaza de Ronda
Niños estrenando sus regalos en una plaza de Ronda / Javier Flores

El Día de Reyes tiene un ritmo propio. Las terrazas recuperan poco a poco el pulso tras el desayuno tardío y los bares sirven cafés mientras los niños siguen jugando alrededor, ajenos a conversaciones y relojes. En alguna bolsa aún asoma el cartón del regalo recién abierto; en otras, el papel arrugado espera a ser recogido cuando la jornada ya esté bien avanzada.

En las casas, el roscón ocupa un lugar central. Una ceremonia que busca la sorpresa y el haba, repartiendo coronas de cartón y bromas que se repiten cada año como un ritual. El azúcar y la fruta escarchada se mezclan con el olor a café y chocolate caliente, mientras alguien recuerda, entre risas, que este año tampoco ha tocado la lotería, o que el décimo se quedó, como siempre, “a un número”.

La Navidad también va de eso. De comprobar que la salud acompaña, que los niños sonríen y que, aunque el premio gordo no haya llegado, la suerte se mide de otras formas. En una bicicleta que avanza con ayuda, en un coche de juguete que cruza la plaza sin rumbo fijo, en una mañana de invierno que se deja disfrutar al sol.

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