"Me han robado el vibrador"

Este verano han ocurrido miles de anécdotas en la Costa del Sol y muchas de ellas dejan con la boca abierta a más de uno

"Me han robado el vibrador"
"Me han robado el vibrador"
Ángel Recio Málaga

15 de septiembre 2013 - 01:00

Miles de personas se han alojado este verano en los hoteles de la Costa del Sol y, como pueden imaginar, ha pasado de todo. Cada uno es de su padre y de su madre y se han dado todo tipo de anécdotas, algunas incluso surrealistas. Este diario se ha puesto en contacto con los directores de los principales hoteles de la Costa del Sol y cuentan historias que no han pasado desapercibidas ni para el personal ni para el resto de los clientes y que hemos englobado en varias temáticas generales.

Los caraduras

Unos clientes pidieron una indemnización a uno de estos hoteles este verano porque la noche anterior, según aseguraron, la señora resbaló en una mancha de agua que había en el pasillo, cayó y se hizo una herida en la cabeza a la que tuvieron que echar varios puntos. Vieron el vídeo de seguridad y se comprobó que la pareja llegó borracha a altas horas de la madrugada. Iban tambaleándose por los pasillos y la mujer, para hacer una gracia, se subió a una barandilla, se cayó de espaldas y se hizo la herida, por lo que no había ningún charco. Le mostraron las imágenes a los clientes que, muy abochornados, no solo pidieron disculpas sino que no volvieron a abrir la boca en toda la estancia.

Los supuestos robos

Es un clásico que, si se produce un robo, los afectados digan que tenían hasta esmeraldas para destrozar al seguro. En uno de los hoteles de Medplaya se coló durante unos días un ladrón especializado en abrir cajas fuertes de las habitaciones sin forzarlas. Todos los clientes afectados dijeron que, como poco, tenían 1.800 euros cada uno en efectivo, joyas, teléfonos de última generación, cámaras... Se cazó al ladrón y lo que tenía era: 250 euros y un billete de 20 libras de una caja fuerte; cheques de viaje por valor de 210 dólares y 50 libras en otra; y una cámara de fotos digital valorada en 230 euros en la tercera caja.

Otro cliente denunció el robo del bolso de su señora en el comedor mientras cenaban. Acudieron a comisaría y dijeron que tenía 700 libras, 400 euros, unas gafas con montura de oro y varias sortijas valoradas en 1.000 libras. Las limpiadoras encontraron el bolso a la mañana siguiente -la turista se lo había olvidado tras la cortina de la ventana- y lo que había era 90 libras, 40 euros, unas gafas malas y bisutería.

La codicia es un mal muy humano, pero no todo el mundo miente. En uno de estos complejos hoteleros se sorprendieron cuando una señora inglesa finalizó su estancia y al cabo de unas horas volvió apresurada diciendo que se había dejado una bolsa de plástico en la habitación con 3.500 libras. Los recepcionistas dudaron porque la señora iba vestida siempre de forma andrajosa. No obstante, le preguntaron a la camarera de piso y ésta confirmó que vio una bolsa en la habitación y que, al llevar dentro ropa vieja, rota y sucia, la tiró a un contenedor pensando que era basura. Corrieron a buscarla y, efectivamente, había un chandal azul roto y en uno de sus bolsillos 3.500 libras.

Las borracheras

Los turistas vienen a Málaga a pasarlo bien y muchos de ellos se pasan con las copas. Una pareja joven estaba disfrutando del bar de uno de estos hoteles y, al cerrar, se fue a la habitación. Cuando llegó se dieron cuenta de un pequeño detalle: ¡se habían dejado a su hijo pequeño durmiendo en el sofá del bar! Regresaron rápidamente y allí seguía el niño. Se les quitó la cogorza de golpe del susto.

El alcohol y la falta de memoria suelen ir de la mano. Un turista se presentó en la recepción de uno de estos establecimientos con 15 puntos en la cabeza. No se acordaba de nada. Ni cómo se había hecho la herida, ni cuándo ni dónde y confiaba en que el recepcionista le pudiera aclarar algo.

A otra clienta el alcohol también le jugó una mala pasada. Fue a recepción para ver si, viendo las cámaras de seguridad, podía recordar con quién se había acostado la noche anterior porque tomó varias copas en Puerto Marina y conoció a varios chicos. El que fuera se llevó el móvil de la chica de recuerdo.

Un matrimonio alemán bastante bebedor trató en varias ocasiones de abrir una habitación que no era la suya, aunque sí en el mismo pasillo. Los clientes de esta habitación, que eran españoles, protestaron y se les trasladó a otro edificio anexo. Lo más sorprendente fue que el matrimonio alemán volvió a confundirse y se fue otra vez a la habitación de los españoles, pese a estar ahora a 200 metros de distancia.

Viva el amor, o no

El verano, las vacaciones, la tranquilidad... Se presta al romanticismo y los hoteles son un buen caldo de cultivo para las relaciones amorosas. En el Holiday Hidros una chica estuvo meses preparando una fiesta de segundo aniversario para su novio, pero no sabía que él estaba haciendo lo mismo. Al final, la sorprendida fue ella cuando el novio llenó el spa de velas, puso música relajante y, con un gran ramo de flores, le pidió matrimonio de rodillas en mitad del recinto. Ella dijo que sí y todos los presentes, al más puro estilo de película norteamericana, comenzaron a aplaudir.

La que no aplaudió fue una joven británica que aún debe estar acordándose de su novio. La chica envió un fax muy romántico para ponerlo en la habitación de su pareja, que iba a pasar unos días en uno de estos hoteles, y encargó una botella de cava para que él la disfrutara. Cuando el camarero subió a la habitación llamó a la puerta y no le abrió nadie. Pensó que estaba vacía y usó la llave maestra. Al entrar se encontró al novio de la joven británica en plena actividad sexual ¡con otro hombre!

Otro día, dos mujeres pusieron una hoja de reclamaciones en la que acusaban a la camarera de piso de haberles robado un vibrador. Denunciaron incluso el hecho en la comisaría señalando que les habían sustraído un adults toy (juguete para adultos). El policía, con ganas de guasa, les pidió más explicaciones hasta que afirmaron que se trataba de un vibrador que, por cierto, apareció roto varios días después en un piso inferior donde cayó accidentalmente.

Los frikis

Decía el torero que hay gente para todo y los que trabajan en hoteles lo saben perfectamente. En un cinco estrellas de Marbella tuvieron a un cliente que viajaba solo pero que, curiosamente, había reservado dos habitaciones matrimoniales. Le preguntaron si esperaba a otra persona y les enseñó una caja. Dentro había un conejo blanco al que, según dijo el turista, consideraba como su hijo y, por eso, le reservó una habitación para él solo. Estuvieron alojados cuatro días en pleno agosto en habitaciones con balcón y vistas al mar, que no son precisamente las más baratas.

En ese mismo establecimiento, una clienta que reservó una villa exigió que le hicieran un cuarto de bebé idéntico al que tenía en su casa. Esta familia envió una fotografía al hotel y los operarios tuvieron que comprar muebles, cortinas y pintar toda la habitación para que fuera igual. Lo amortizaron porque estuvieron un mes y medio alojados.

Todas estas historias y muchas más son totalmente reales y han pasado en hoteles de Málaga este verano o hace poco. Hay muchas más, como matrimonios con 50 años que piden habitaciones separadas de sus padres de 80 años porque éstos últimos no saben que fuman, peleas por los horarios de los comedores o el pago de bebidas con pensiones completas, etcétera. Dirigir un hotel no es nada fácil. Hay que tener formación, firmeza, experiencia, mucha paciencia y, en ocasiones, una capacidad digna de elogio para aguantar la carcajada en la misma cara del cliente.

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