No solo de fiestas vive el Erasmus

Las limitaciones económicas o las exigencias académicas del país de destino desmitifican algunos estereotipos sobre los estudiantes

Elisa Moreno Málaga

10 de noviembre 2013 - 01:00

Tienen fama de fiesteros, de emborracharse cada vez que se les presenta la ocasión o sin ella, de derrochar el dinero que reciben de beca o, de simplemente, tomarse el curso académico como unas vacaciones en el centro de Europa o los países escandinavos. Lo cierto es que para muchos salir de fiesta es un lujo que no todos se pueden permitir. La primera limitación es principalmente la económica, mientras que la segunda es la falta de tiempo al dedicar el doble de horas a estudiar el temario en una lengua extranjera y al nivel de exigencia académica de los países.

Álvaro Rejano estudia cuarto de Historia en Volda (Noruega), uno de los destinos más caros de Europa, y asegura que los 400 euros que recibe de beca apenas le dan para pagar el alquiler, por lo que "no nos podemos permitir ningún lujo, ni comer fuera, ni ir al cine o tomar un café". Por su parte, Aurora Quesada, estudiante de Turismo, lleva apenas dos meses en Cracovia (Polonia) y reconoce que hay necesidades que están por encima de salir de fiesta o viajar, "por lo que tienes que administrarte bien y priorizar, no todo es posible todos los meses, aunque mentiríamos si dijéramos que no salimos de fiesta, pero creo que salir dos o tres veces por semana no puede considerarse un abuso". No obstante, si salir es caro, beber lo es más. El precio del alcohol en países como Finlandia hace que muchos estudiantes se abstengan de darse el capricho. "Una cerveza en una discoteca suele costar cinco euros. Yo salgo cada dos sábados si hay fiesta, si no pues quedamos en el piso de alguien para hacer una comida", añade Clemen Stein, estudiante de Ingeniería Informática en Oulu (Finlandia).

A la hora de elegir el país de destino no solo se tiene en cuenta el número de asignaturas que puedan ser convalidadas en las diferentes carreras, sino también el coste que éste pueda suponer, aunque a veces pueden encontrarse sorpresas. "Escogí Polonia por ser un país barato, era consciente de que la beca no iba a dar para mucho, y cuanto menos gasto le supusiera a mis padres, mejor. Pero los alquileres de piso para estudiantes extranjeros son el doble que para los polacos, se lleva casi la totalidad de la beca", expresa Ana González, estudiante de quinto de Medicina en Cracovia (Polonia). Al mismo tiempo, añade que, al igual que ella, para muchos es la primera vez que disfrutan de su independencia fuera de casa, con la responsabilidad que ello conlleva. De lunes a viernes hinca los codos con mucho esfuerzo a causa del idioma, pero los fines de semana los dedica en su totalidad al ocio. "Hay muchas cosas que hacer y ver como para pasarte el día en casa porque la noche anterior no dormiste", anuncia. Por su parte, Pilar Guerra, estudiante de Periodismo en Volda (Noruega), cuenta como durante las primeras semanas en las que el curso apenas acaba de comenzar "nos juntábamos en la cocina de la residencia para hacer fiestas o jugar a las cartas alrededor de tres veces a la semana, pero poco a poco esa costumbre se ha perdido y tendemos, casi por rutina, a hacer fiestas o salir solo los fines de semana".

Adrián Zambrana, estudiante de Gestión de Administración Pública en Toulouse (Francia) no está para nada de acuerdo con el estereotipo de que la beca Erasmus sea como estar de vacaciones. "¡Ojalá! Llevo aquí dos meses y ahora más que nunca necesito unas vacaciones", manifiesta. Hay días en los que sus clases se extienden desde las 8:00 de la mañana hasta las 18:00, con tan solo una hora de descanso para comer. Además, asegura que suele dedicar bastantes horas al estudio ya que, "aunque el nivel no es muy alto, la lengua hace que para mí sí lo sea. Encima no me hacen recuperaciones en mi universidad, por lo que si suspendo me quedo sin beca". Marina Casillas, estudiante de Industriales en Aachen (Alemania), comparte la misma opinión. "No tengo tiempo libre como para que puedan ser consideradas unas vacaciones. En mi día a día hago muchas más cosas que salir a beber, y entre ellas, se encuentra estudiar, por supuesto", explica. No obstante, no todo es medir los gastos o hacer trabajos, muchos coinciden en que la experiencia Erasmus hay que aprovecharla, al menos, "para viajar, salir, probar cosas nuevas o quizá atreverme a hacer algo que no haría en mi día a día", añade Cristina Garrido, estudiante de Periodismo en Bélgica.

Por otro lado, algunos desmitifican que estudiar de Erasmus sea un curso más fácil por el hecho de ser extranjero, sino que en algunos casos es al contrario. "No disponemos de ninguna facilidad de más con respecto al resto de estudiantes. A mi parecer, contamos con la desventaja de tener un nivel de inglés mucho más bajo que el resto de estudiantes europeos, lo que nos obliga a tener que dedicarle el doble de tiempo y esfuerzo a las tareas relacionadas con la universidad ya que se nos hace más costoso", expresa Quesada. "Te exigen igual. Aquí eso de por ser Erasmus nada. Solo tengo un profe que sabe español y dice que en el examen puedo poner algunas palabras en español si me atranco", añade, a su vez, Garrido. "Mis compañeros son noruegos y suecos que estudian aquí la carrera completa, por lo que no tengo ningún tipo de privilegio ni trato especial por ser estudiante Erasmus. Tengo que hacer exámenes y participar en clase como el resto de mis compañeros, por lo que tengo que ir al día con el temario", manifiesta González. Por esta razón, los que hay que, además de asistir a clase o apurar hasta altas horas de la madrugada para acabar un trabajo, acuden a clases de inglés para mejorar su nivel a medida que avanza el curso. Es el caso de Olga Alaminos, estudiante de Arquitectura en Polonia, quien asegura salir de fiesta solo una vez por semana, aunque sí aprovecha su tiempo libre para viajar o hacer excursiones ya que se encuentra en pleno centro de Europa.

Por último, los hay que no descartarían trabajar durante el curso para conseguir un dinero extra, ya que en muchos casos la principal fuente de ingresos depende de los padres. Por esta razón, Quesada critica que la primera parte de la beca le haya sido ingresada hace menos de una semana, "por lo que el primer mes y medio he subsistido con la ayuda de mis padres". Otros, en cambio, buscan sus propias fórmulas, como recolectar latas o botellas de plástico. "Usamos esta fórmula a menuda para reciclar y a la vez para conseguir un dinero con el que podemos hacer cenas comunes", explica Guerra.

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