Málaga

La domótica tiene sello malagueño

  • En el seno de la UMA se ha creado el único Instituto de Domótica y Eficiencia Energética de Europa

  • En el edificio Ada Byron se crean y prueban los últimos avances en control inteligente

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¿y si el enchufe sólo funcionara cuando la energía es más barata? ¿Y si el ascensor abriera las puertas y subiese a la planta sin necesidad de pulsar botón alguno? ¿Y si la lámpara regulase su intensidad de forma automática en función de la luz natural que entra o la casa llamara a emergencias si el dueño sufre un paro cardiaco? ¿Y si tuviéramos en el móvil un sistema de navegación en interiores, para hospitales, museos o aeropuertos? Parecen asuntos futuribles pero son cuestiones del presente. Y tanto la tecnología que las hace posible como sus aplicaciones y servicios se crean en Málaga. El pasado 22 de diciembre se constituyó en el seno de la Universidad de Málaga el Instituto de Domótica y Eficiencia Energética, el único que existe en toda Europa. Lo forman un total de 34 profesores de la UMA y diez becarios y tienen su sede en el edificio de investigación Ada Byron. Allí se gestan los avances tecnológicos para el control inteligente que no sólo facilita la vida del ciudadano sino también mejora su relación con el planeta.

Hace casi dos décadas que comenzó a impartirse la asignatura de domótica en la facultad de Ingeniería Industrial. Un grupo de profesores vio su necesidad en un nicho de mercado aún sin explotar. Y es que, como destaca Salvador Merino, subdirector de recién creado instituto, "hacen falta unas 4.000 personas en el sector de la domótica en la Costa del Sol, hasta el momento para hacer montaje y mantenimiento de instalaciones han tenido que venir gente de fuera, desde Alemania, por ejemplo". Pero una sola materia se quedaba muy corto fueron más allá. En 2013 crearon el máster, la única titulación propia de una universidad pública española, y de él ya han salido 140 graduados.

Estos estudios han tenido cada año un 120% de empleabilidad, "es decir que hay más ofertas de empleo que gente para cubrirlas", dice Francisco Guzmán, director del Instituto. "Nuestros alumnos actualmente son responsables de las entidades más importantes de Málaga, del Museo Ruso, del Pompidou y de la Fundación Picasso, del Ayuntamiento de Málaga, de la Diputación y del Muelle Uno, de los edificios nuevos más emblemáticos de la ciudad", agrega. "Con el máster intentábamos cubrir esa necesidad social que había de técnicos y responsables en esta materia, pero nos faltaba un paso más, la investigación y la certificación", subraya Guzmán. Y fue el impulso definitivo para crear la entidad.

"En la domótica estaba pasando como con la energía solar en los años 60, mucha gente se lanzaba sin saber lo que hacía ni qué estaba utilizando y la idea al crear el instituto era darle tanto a los usuarios como a los arquitectos e instaladores una manera de certificar sus instalaciones para que todos quedaran contentos, de acuerdo a lo que querían", comenta el director del instituto. Y apunta que se trata de una forma de velar por la calidad y a la vez servir como departamento de investigación para las empresas de la zona que no tienen suficientes conocimientos o recursos para plantear por sí mismos avances en domótica. "Probablemente tu empresa no pueda tener en plantilla a un grupo de personas que haga un desarrollo pero sí contratar a un grupo externo, en este caso el instituto, que te desarrolle productos que te interesan", explica Rafael Guzmán Sepúlveda, secretario del instituto.

El instituto, como comenta Merino, "es materia gris pura y dura funcionando. Con todo el profesorado con el que contamos las líneas de trabajo en distintos tipos de energía son tremendas, hay expertos en todas las materias. Pero se trata de pensar en su aplicación al mundo real. Tenemos 14 patentes". Ana, diseñadora industrial y alumna del máster, está trabajando por ejemplo en un enchufe que contará con luces como un semáforo, roja, ámbar y verde. Estos colores se encenderán en función del precio de la energía para que el usuario tenga un mayor control de su gasto. También han diseñado junto con la Agencia Andaluza de la Energía "un dispositivo que es capaz de enseñar cuál va a ser el precio de la energía en las siguientes 24 horas y que el usuario pueda establecer el consumo en tiempo real en su casa, y es un cacharrito que se pone y recibes la información en el móvil", comentan Francisco y Rafael.

Otra línea de trabajo se trata de un proyecto con G21 para crear un ascensor con un sistema de comunicación sin cables que, como explican, saldría más barato y lo montan en un solo día. E investigan cómo hacer que un ascensor detecte al vecino, abra las puertas y lo lleve a su planta sin necesidad de soltar el carro del bebé o las bolsas de la compra. "Imagínate las posibilidades que tendría para una persona con alguna discapacidad", apunta Salvador Merino. En cuanto a otras asuntos sobre la mesa, "lo siguiente que va a caer es el Pimpi, que lo vamos a reacondicionar entero, instalación eléctrica, control de cámaras, de música, multimedia, hasta espectáculos de luces en la calle", adelanta el director del instituto, que señala un patinete eléctrico sobre una estantería. Con este artilugio están intentando motorizar una silla de ruedas por menos de 300 euros. Otra patente, un termo eficiente de agua caliente sanitaria que con un 20% de la energía de los actuales permite calentar el agua.

Aunque tanto los clientes como las aspiraciones del instituto no se quedan en Málaga, ni en Andalucía, ni siquiera en España. También están inmersos en dos proyectos europeos de primera línea. Estos profesores universitarios y expertos en domótica estuvimos en Bruselas para participar en una reunión de la Comisión Europea de la Energía. "Se trata de llevar a la práctica todo lo que pasa por nuestras cabezas de la manera más barata posible, para que todo el mundo pueda tener acceso", dice Salvador Merino y Francisco Guzmán agrega que "estamos rompiendo el mito de que la domótica es cara, todo es accesible a todos, la tecnología tiene que poder llegar a la gente, en uno de los sistemas que estamos desarrollando podrías automatizar cualquier vivienda por menos de 300 euros".

Lo micro, como explican estos expertos, ha permitido un gran abaratamiento de costes y Javier Martínez, responsable de proyectos internacionales, enseña ordenadores que no son más grandes que la yema de un dedo. Su precio, 2,99 euros. "Toda la programación se puede meter ahí, esto nos permite meter un ordenador dentro de un enchufe o en la ropa, por ejemplo, han sido grandes avances y si antes tardabas dos años en amortizar un sistema ahora tardas dos horas, porque puedes tener un ordenador completo por 11 euros", apunta el equipo directivo del instituto, dos de ellos matemáticos y dos ingenieros. "Hoy en día toda la tecnología que utilizamos está hiperdimensionada, nuestros teléfonos son más potentes que el ordenador que mandó al hombre a la luna, pero no necesitamos tanto para nuestro uso diario. Simplemente se ha hecho para encarecer el precio del producto", critica Francisco Guzmán.

El trabajo del instituto, que por ahora no falta, tiene una doble vía de acción. Estudian dónde hay un nicho de necesidad, investigan la tecnología que se puede aplicar con esas premisas marcadas y a partir de ahí intentan llevarla a efecto. Pero también "trabajamos con las necesidades que nos plantean las empresas", dicen. Y citan un ejemplo. "La Agencia Andaluza de Energía nos pidió la necesidad de saber el consumo real de energía que se produce en los centros escolares para poder climatizarlos y tomar decisiones políticas incluso y se hizo ese dispositivo por la necesidad que estaba demandando la agencia", comenta el secretario del instituto. Y añade: "aquí estamos probando las cosas que aún no han salido al mercado, tenemos convenios con ABB, Schneider, Siemens, Hager, las firmas más grandes". Este Instituto de Domótica y Eficiencia Energética es centro de investigación de ABB, la sexta mayor empresa del mundo y la mayor compañía de productos electrónicos. "Antes de que salgan sus productos a la calle nos lo mandan para que los testemos y se le haga el software que después van a darle a los clientes o para que se forme a sus comerciales", añade el director.

En cuanto a la conciencia ecológica, todos los desarrollos en los que están embarcados tienen un fin común, el ahorro energético. No sólo para pagar menos a fin de mes, también para hacer sufrir menos a un entorno sobreexplotado. "No podemos generar la energía al ritmo que la estamos gastando, por lo que la única forma es consumir menos, en tema de conciencia energética hay una máxima que dice que es mucho más barato ahorrar un vatio que producirlo, ahora además es que ya no se puede producir más", dicen desde el Instituto. Y concluyen, "aunque la cuenta del cliente se lo puede permitir, el planeta no".

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