Una técnica evita que unos 120 niños tengan que llevar válvulas cerebrales
La operación se hace en el Materno desde el año 2003 con excelentes resultados
Se usa en determinados casos de hidrocefalia
El líquido del cerebro hace de amortiguador y a la vez de vehículo de las sustancias que necesita. Normalmente circula y se reabsorbe. Cuando algo falla, se produce la hidrocefalia: el líquido se acumula y presiona el cráneo. Las válvulas cerebrales permiten su drenaje. Pero estos dispositivos son un elemento extraño y por lo tanto el paciente está expuesto a infecciones. Además, con el tiempo fallan, como cualquier aparato. Así que cada cinco o seis años es necesaria una reintervención.
Desde el año 2003, el Materno aplica una técnica quirúrgica que permite abrir un canal natural de drenaje de manera que no es necesario implantar válvulas. "Si restituimos la circulación interna, no necesitamos ninguna válvula", explica el jefe de Neurocirugía Infantil del Hospital Regional, Bienvenido Ros.
Desde entonces, unos 170 niños han sido intervenidos con esta técnica. De ellos, en algo más de 120 casos la cirugía ha sido un éxito y han podido prescindir de la válvula. Este dispositivo, por más bien que funcione, tiene que ser sustituido unas diez veces a lo largo de la vida de un paciente. Con la técnica, se evita ese cuerpo extraño, la posibilidad de infecciones y las sucesivas operaciones.
Se llama neuroendoscopia. Consiste en introducir un tubo de un centímetro de diámetro hasta la cavidad en la que hay líquido anormalmente acumulado. Ese dispositivo incluye una cámara a través de la que ven los cirujanos y el instrumental necesario para abrir un canal de drenaje. Si es posible, los especialistas desbloquean el conducto que debería funcionar. Pero la mayoría de las veces, los neurocirujanos tienen que recurrir a un plan b y crear un canal nuevo.
La neuroendoscopia, "si funciona, será para toda la vida", comenta Ros. En los 14 años que se lleva utilizando, la técnica ha sido exitosa en alrededor del 70% de los casos. Suele no funcionar en niños recién nacidos o menores de seis meses porque su cerebro aún no está maduro o en aquellos en los que -aunque con la neuroendoscopia se elimine la obstrucción- su cuerpo no tiene capacidad de drenaje.
El Materno opera a unos 50 niños al año por hidrocefalia. En las dos terceras parte de los casos se les coloca una válvula. A un tercio, se le solventa la obstrucción para toda la vida con neuroendoscopia.
Ros comenta que para los padres siempre es un "shock" saber que su hijo tiene un problema cerebral. "Al principio lo llevan mal. Pero después asumen la enfermedad y manejan a sus hijos muy bien. Y a nosotros nos ayudan mucho", comentó. Incluso reconoció la gran capacidad de diagnóstico de los padres para detectar cuando una válvula no está funcionando bien.
El neurocirujano lleva más de 25 años trabajando en su especialidad. "En el tiempo que llevo, he comprobado que después del primer golpe, los padres se rehacen, echan para adelante, asumen la enfermedad y nos ayudan muchísimo", apuntó Ros.
La sección de Neurocirugía Infantil del Hospital Regional, que funciona en el Materno, opera alrededor de 150 niños al año. De estos, en torno a medio centenar son por hidrocefalia. El resto de las intervenciones se reparten entre extirpación de tumores cerebrales o medulares, malformaciones craneales o de médula y traumatismos craneoencefálicos.
De las aproximadamente 50 operaciones para tratar la hidrocefalia, en torno a 15 son de neuroendoscopia y alrededor de 35, de colocación de válvulas. La implantación de estos dispositivos se hace en determinadas hidrocefalias o en niños muy pequeños en los que la neuroendoscopia -que evita la colocación de válvulas- no suele dar buenos resultados.
Las válvulas cerebrales son parecidas a la tarjeta de un móvil, aunque de unos cuatro milímetros de grosor. Se implantan en la zona occipital o frontal, debajo de la piel. Lleva un catéter que llega hasta la cavidad en la que se acumula el líquido de forma anormal y otro que drena hacia el abdomen.
Todo estos dispositivos quedan debajo de la piel, de modo que los pequeños operados no tienen cables exteriores. "Estos niños tienen una calidad de vida bastante buena", precisa el neurocirujano. Pero en aquellos casos en los que es posible una neuroendoscopia -la técnica que evita las válvulas- se hace porque así el problema se soluciona para toda la vida sin necesidad de reintervenciones para cambiarlas.
Un GPS para guiar al cirujano en las operaciones más complejas
Hay operaciones muy complejas del cerebro en las que los neurocirujanos se ayudan de mapa y GPS para saber por dónde van. Se denomina navegación. En estos casos, además neuroendoscopio -un tubo que lleva una cámara para ver dentro del cráneo y el instrumental para trabajar-, los médicos recurren al navegador. Para ello, antes hacen una resonancia magnética al paciente. La información sobre las características de su cerebro se vuelca en un ordenador. Esta reconstrucción virtual personalizada del cerebro viene a ser el callejero y el navegador, algo así como el GPS que informa al cirujano por dónde va. La neuronavegación se emplea desde hace una década en el Materno y permite hacer una cirugía de gran precisión. El jefe de Neurocirugía Infantil del Hospital Regional, Bienvenido Ros, afirma que la cirugía de su especialidad ha cambiado radicalmente en las últimas dos décadas porque las válvulas son mucho más modernas, la visión de las cámaras de neuroendoscopia es excelente y el instrumental es más preciso.
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