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Ese tipo de la chistera

  • El conjunto escultórico del marqués de Larios ha perdido parte de los elementos que le conferían monumentalidad y simbolismo

La contribución social, urbanística y comercial de la calle Marqués de Larios solo fue comparable en su tiempo a la apertura de la calle Nueva con la que cinco siglos antes los Reyes Católicos habían sorteado el laberíntico trazado musulmán para acercar la ciudad al puerto. La catedrática de historia contemporánea de la Universidad de Málaga Marion Reder subraya el impacto del proyecto promovido por el segundo marqués de Larios que, por otra parte, no solo mantuvo la industria siderúrgica de la familia, sino que fue el impulsor de la actividad textil y azucarera en la provincia.

Aquella sociedad seducida por una vía solo al alcance de las grandes capitales (es coetánea a la Gran Vía de Madrid), de proporciones amplias que permitían la convivencia de peatones y carruajes, que poco a poco a poco se fue rodeando de edificios nobles que han permanecido intactos hasta ahora, quiso mostrar su agradecimiento a Manuel Domingo Larios y Larios. La catedrática de Historia del Arte Rosario Camacho anota que el periodista Nicolás Muñoz Cerisola propuso levantar una estatua al marqués, idea a la que se sumó el Ayuntamiento y en la que se volcó la ciudadanía a través de una colecta popular organizada por el gobernador civil Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo. En 1895 se convocó un concurso al que fueron invitados tres grandes escultores del momento: Antonio Susillo, Agustín Querol y Mariano Benlliure, que finalmente fue quien recibió el encargo.

Cuatro años después se levantó en la Alameda Principal, frente a la calle Larios, un monumento que transciende el mero concepto de escultura. Lucrecia Enseñat Benlliure, bisnieta del artista y vicepresidenta de la fundación que vela por su legado, pone de relieve que la obra fue diseñada pormenorizadamente para el lugar simbólico y físico que debía ocupar.

Fue concebida para presidir el eje de la Alameda Principal, con unas proporciones adaptadas a su espacio y no a otro, y pensada para el peatón. De hecho, la figura de la caridad esculpida en mármol de Carrara que eleva a un niño hacia la figura del marqués trata de marcar un punto de continuidad y conexión entre el ciudadano de a pie y el prohombre que tantas ventajas proporcionó a la ciudad pero también a sus propios intereses comerciales.

El curso de la historia, sin embargo, ha sido implacable con sus mármoles, cobres, existencia y visibilidad. El 14 de abril de 1931 Málaga acogió la proclamación de la República con júbilo pero también con incidentes. Un grupo de exaltados derribó la estatua del marqués, la arrastró por las calles y finalmente la lanzó al fondo del puerto de la ciudad. Domingo Sánchez-Mesa, experto en Historia del Arte de la Universidad de Málaga, recogía en un artículo publicado en la revista Baetica en 1979 una narración de este episodio que el escritor Salvador González Anaya puso en boca del dependiente de una tienda: "Tiraron de ella con un cable que le amarraron al pescuezo. ¡Qué brutos! El andoba de la gabina [el tipo de la chistera] se derrocó sonoramente. Al caer, la cabeza chocó en el mármol del escalón y hubo roturas. Uno la alzó como en triunfo; otros arrastraron el cuerpo".

Cuenta Salvador Jiménez, de la Asociación Zegrí, que pretendían hacer lo propio con la alegoría al trabajo, la atlética figura masculina que forma parte del conjunto monumental, hasta que alguien advirtió su valor simbólico y entonces la auparon hasta el pedestal que había ocupado la escultura del marqués.

Esta parte del episodio también la describió Salvador González Anaya según el artículo de Domingo Sánchez-Mesa: "Aún no saciados con tal obra, un golpe de ardorosos devastadores trata de abatir la otra efigie que, a la espalda del monumento, muestra su atlética membrura" (...) "Al ver cómo se afanan queriendo arrancar de su sitio al hombrón de bronce, alguien les grita. ¡Esa es la estatua del trabajo! No la destrocéis" (...) "Un caballero de buen porte les sugiere: No destruyáis esta escultura, que es vosotros mismos, porque es el pueblo".

Después de la Guerra Civil la estatua del marqués fue recuperada de los fondos marinos de la dársena, enviada al taller de Mariano Benlliure para su restauración y vuelta a colocar en su lugar, de donde no se ha movido, aunque sí girado en varias ocasiones y modificado tantos elementos de su entorno y espacio que Lucrecia Enseñat Benlliure está que trina y no lo oculta. Lamenta que las obras de la plaza de La Marina, a finales de los años 80, sacrificaran el valor simbólico y monumental del conjunto escultórico. Desde entonces la figura del marqués, con su elegante levita y la chistera en la mano, ha sido cada día un poco más el andoba de la gabina que mira como de soslayo hacia la calle Larios.

La vicepresidenta de la fundación Benlliure pone el acento que el monumento se diseñó para estar colocado en el eje de la Alameda Principal, o sea para presidir un paseo arbolado y peatonal. Sin embargo, la construcción del aparcamiento y la reordenación de la plaza de La Marina, aunque han dejado al marqués en su sitio, lo han alejado de La Alameda. A su alrededor no hay ni paseo ni árboles, sino que está en un ángulo de la glorieta que regula el tráfico en la zona y que sirve también para que los transeúntes crucen de norte a sur al final de La Alameda Principal. Para colmo, parte de los elementos que imprimían identidad al monumento se suprimieron y están desaparecidos.

Los cuatro escalones de mármol que daban acceso al pedestal sobre el que se erguía la figura del segundo marqués de Larios se han sustituido por un cubo de hormigón suspendido en una salida de humos del aparcamiento de la plaza de La Marina. "Se ha colocado a mayor altura, de modo que se han perdido las proporciones originales, porque Benlluire no esculpía esculturas, sino que creaba espacios en los que todo estaba pensado. El escalón, las molduras, los relieves, las figuras alegóricas, todo formaba parte del conjunto", explica Lucrecia Enseñat Benlliure.

También se han volatilizado "las cuatro figuras alegóricas semidesnudas, dos femeninas y dos masculinas, que sostenían sendas guirnaldas que en las caras anterior y posterior enmarcaban los escudos de la ciudad de Málaga y del marquesado de Larios, que tampoco están ahora". En la actualidad solo está localizada una de estas figuras, depositada en el Museo de la Ciudad.

Además, el niño, que perdió un brazo durante los avatares históricos, tampoco sujeta ya la corona de laureles que alzaba en dirección al marqués de Larios, y, por supuesto, se han evaporado las columnas bajas de piedra que sujetaban las barras metálicas que rodeaban el monumento.

La bisnieta del escultor, experta en el estudio, investigación y catalogación de su obra, enumera los múltiples desperfectos que el vandalismo y la falta de cuidado han imprimido en el monumento. "A la figura de mármol le faltan dedos de una mano, el desnudo masculino está deteriorado y presenta también una fractura en un brazo".

¿Mover o no mover la escultura? La catedrática de Historia del Arte Rosario Camacho precisa que si la parte central de La Alameda se va a abrir el tráfico tropezará con el conjunto monumental, perdiendo esa función primigenia que tenía encomendada de coronar La Alameda. La vicepresidenta de la fundación Benlliure va más allá. Subraya que desmontar y mover el monumento no es una tarea sencilla.

Considera que exige delicadeza, cuidado y especialización, y aunque no sea conveniente cree que no es ni imposible ni descartable. Es más, incluso podría representar una oportunidad para "devolverle la dignididad y las proporciones" al conjunto.

Defiende que se restañen las heridas que la falta de cuidado y el vandalismo han provocado y que el monumento recupere su posición prominente y visible en el eje "peatonal, arbolado y central" de La Alameda.

La fundación Benlliure se ofrece a colaborar con el Ayuntamiento en cualquier tarea de restauración que se acometa. De hecho, en 2012 mantuvo contactos con el alcalde que aceptó ceder la alegoría del trabajo para una exposición sobre Benlliure en el Museo del Prado a través de un acuerdo que contemplaba la restauración de la estatua. La crisis y las dificultades económicas anularon aquella exposición pero la entidad se pone de nuevo a disposición del Ayuntamiento "aunque hasta ahora nadie se ha puesto en contacto con nosotros", lamenta Lucrecia Enseñat Benlliure.

daños. El niño que sostiene la caridad ha perdido un brazo, algunos dedos y ya no sujeta la corona de laureles que originalmente elevaba hacia el marqués. La alegoría del trabajo, con una fisura en uno de los brazos. Tampoco han pervivido la girnalada sostenida por alegorías con los escudos de Larios y de la ciudad.

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