Málaga

El triunfo de la constancia

  • Gregorio Manzanares es sordo de nacimiento pero se ha sacado una carrera, ha aprobado una oposición y trabaja en la biblioteca Miguel de Cervantes de la capital

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Gregorio Manzanares tiene 31 años, nació en Lorca (Murcia) y su vida ha sido un reto continuo que ha sabido superar con tesón y autoestima. Es sordo, así como sus padres y su hermana, pero eso no le ha impedido estudiar, sacarse una carrera, aprobar una oposición pública y ser, según afirma, el único sordo en España que trabaja en una biblioteca. Cada día desde hace un año acude a la biblioteca Miguel de Cervantes de la capital con una sonrisa y muchas ganas de poner en práctica su vocación.

Estudió en un colegio de educación especial, aunque el bachillerato lo realizó en un instituto normal. "Tenía un intérprete, pero las condiciones eran las mismas para todos los alumnos. Tuve que esforzarme el doble para coger el ritmo de mis compañeros y buscarme la vida", recuerda Manzanares. Le gustaba la informática y la lectura y, tras aprobar selectividad, optó por estudiar Biblioteconomía. Se marchó a la Universidad de Granada, "el paraíso de las personas sordas porque tiene muchos recursos para discapacitados", y aprobó la carrera en tres años, a los que sumó otros dos de Documentación.

Este joven murciano, ya con el título universitario bajo el brazo, empezó a trabajar en la Federación Andaluza de Asociaciones de Sordos como documentalista y haciendo labores periodísticas, a la vez que hacía un máster on line de la Universidad Pompeu Fabra en Documentación Digital durante un año.

No obstante, su sueño era trabajar en una biblioteca y sabía que la única forma de conseguirlo era estudiando una oposición. El Ayuntamiento de Málaga convocó cuatro plazas de técnico auxiliar de biblioteca dentro del cupo de discapacitados, se presentó, aprobó la oposición e inició su andadura en la biblioteca Miguel de Cervantes, ubicada en Martínez Maldonado, el 27 de julio de 2011. "Llevo casi un año aquí y estoy muy contento porque nunca te aburres", afirma.

Lo único que no puede hacer es atender el teléfono, aunque confía en que los avances tecnológicos le permitan hacerlo algún día. Para comunicarse con los usuarios ha diseñado su propio sistema mediante papeles en los que pregunta al ciudadano si quiere renovar o devolver un libro. También lee los labios y solo tiene alguna dificultad con las personas mayores o los niños, para lo cual le ayudan sus compañeros. Varios de ellos incluso están aprendiendo lengua de signos para comunicarse mejor con Gregorio.

Lamenta la escasa formación de los discapacitados y recuerda que el castellano es, realmente, una segunda lengua para ellos. Muchos sordos no lo han aprendido bien, tienen lagunas con el español y eso lastra sus posibilidades de estudiar y encontrar buenos trabajos. "Al llegar al instituto hay un bombardeo de información y muchos discapacitados se cansan y abandonan, por lo que el fracaso escolar es importante", explica. Su caso es poco frecuente, pero gratificante. Partió en desventaja pero eso no le amilanó. Un triunfo merecido gracias a su constancia.

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