Universidad de Málaga ¿En qué biblioteca metemos a todos los universitarios?

  • Los problemas de falta de espacio de estudio en la UMA vuelven a aflorar en época de exámenes

  • Cuando más se notan las aglomeraciones es en fin de semana, festivos y por la mañana

Entrada a la Biblioteca General de la Universidad de Málaga. Entrada a la Biblioteca General de la Universidad de Málaga.

Entrada a la Biblioteca General de la Universidad de Málaga. / Javier Albiñana

Cuando se acerca la época de exámenes cuatrimestrales en la Universidad de Málaga (UMA) aflora, como la gripe invernal, una nueva cepa del mismo problema que se repite todos los cursos: no hay suficientes plazas en las bibliotecas para los alumnos que quieren ir a estudiar. Es una situación de comprensión sencillísima que requiere de una solución compleja consensuada entre asociaciones de estudiantes y órganos de gobierno de la universidad. ¿Cómo encajar la demanda con la oferta que se puede disponer durante los 30 días que dura la época de exámenes?

Biblioteca Universitaria ofrece tres veces al año –convocatorias de febrero, junio y septiembre– un horario de refuerzo para los alumnos que necesitan acudir a estas instalaciones para preparar sus pruebas. Desde hace años quedan disponibles cuatro bibliotecas del Campus de Teatinos y una de El Ejido en horario ampliado, hasta las 3:00 o hasta las 7:00 del día siguiente, más el aulario Gerald Brenan.

Pese a este refuerzo, hay alumnos que no logran una plaza para estudiar y tienen que perder tiempo encontrando un sitio libre o volver a casa con los apuntes. Esto provoca que muchos opten por pegarse el madrugón y aparecer hasta una hora antes de la apertura de los centros –las 8:30– para hacer cola y asegurar su sitio. Esto último se da especialmente en los fines de semana y los días festivos.

Universitarios entran a primera hora de la mañana a la Biblioteca General. Universitarios entran a primera hora de la mañana a la Biblioteca General.

Universitarios entran a primera hora de la mañana a la Biblioteca General. / Javier Albiñana

“Vengo a la misma hora siempre [8:20]  en fin de semana pero hay que estar media hora antes porque si no es imposible”, dice una alumna de primero de Medicina, advirtiendo de que si no se llega pronto, “la gente coge una mesa entera con un papelito y ya es imposible tener un sitio bueno”. Muchos alumnos que acuden a las bibliotecas también reservan un puesto a compañeros que vendrán más tarde, y normalmente se hace con un folio o con libretas de apuntes. Esta práctica es conocida por los trabajadores de las bibliotecas, quienes recuperan que la reserva de los puestos de lectura se limita a 15 minutos. Una norma que no parece tener mucha efectividad.

Pese a la disponibilidad de un aulario con bastantes plazas, los testimonios de alumnos coinciden en preferir una biblioteca. “Allí son clases y se abren y cierran puertas, es ruido de fondo”, comenta una estudiante. “Los aularios son incómodos”, se limita a resumir otro alumno.

El coordinador general de la red de asociaciones de estudiantes Eureka, Benjamín Santiago, argumenta que para resolver este problema de falta de plazas, “lo ideal sería que abrieran más facultades en horario especial”. Para ello, solamente haría falta “personal de conserjería y seguridad” disponible para trabajar en fines de semana y festivos. Preguntado por si hay contactos entre estudiantes y Gobierno de la UMA para buscar nuevas soluciones, responde esperanzado que “todavía no, pero estamos a la espera de un par de llamadas”.

Por su parte, el coordinador de Bibliotecas de la Universidad, Gregorio García, reconoce la alta demanda y la falta de plazas en los centros, aunque apunta que esta situación solo se da “por las mañanas” y en fines de semana y festivos. “Por las tardes y noches no hay ningún problema, al contrario, hay bastante sitio libre”, agrega. Ante posibles alternativas para solventar que se barajan, detalla que “no hay posibilidad” de aumentar plazas a las bibliotecas que ya existen, y que la apertura de nuevos sería una solución favorable, aunque “abrir nuevas bibliotecas implica también abrir el edificio de la facultad” y  esto “supone la contratación de personal de conserjería, biblioteca, limpieza y mantenimiento”. “Lleva una serie de complicaciones y hay que valorar el coste que implica”, concluye.

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