Vacaciones rotas por los misiles: cuatro historias de familias malagueñas que siguen sin saber cuándo volverán
Entre el miedo y la necesidad de poner fin a la pesadilla: “Han atacado aviones; yo ahora no me monto en un vuelo con esta situación”
Malagueños atrapados en Dubái tras la guerra con Irán: “Vimos explosiones y llamamos a nuestra familia para despedirnos”
Regresar a casa. Es el mensaje unívoco de españoles que desde el sábado, cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán, se han quedado atrapados en la región por el cierre del espacio aéreo. Su viaje dejó de ser un contratiempo logístico para convertirse en una experiencia límite, con la sensación real de despedida ante un futuro incierto.
La guerra ha dejado atrapados a miles de viajeros, entre ellos al menos medio centenar de malagueños, en ciudades como Abu Dhabi o Jerusalén, que esperan instrucciones de sus agencias de viaje o de la embajada española para poner rumbo a la Costa del Sol.
Los hay que comparten una mezcla de miedo e incredulidad: “Han atacado aviones, es decir, yo no me monto ni loca en un vuelo con la situación de ahora”. Frente al pánico, también surgen voces que intentan serenarse: “Si no hay espacio aéreo es por seguridad, pensémoslo, es por nuestra seguridad”. Y los hay, también, que difunden un mensaje de esperanza. “No sería el primer avión civil impactado en un conflicto; estadísticamente estamos mucho más seguro en el hotel”.
La mayoría de los españoles retenidos que han sido consultados por este periódico creen que permanecer en tierra ahora es la opción más segura, pero ansían el momento de volver a su hogar. “Al final aquí hay más seguridad que montarte en un avión y que lo ataquen…”, apunta otro viajero, a quien también aconsejan continuar en el hotel mientras el espacio aéreo sigue clausurado. Según su testimonio, que aporta desde el anonimato, “todos los países, incluido España, están diseñando planes para repatriar” a los afectados.
Mientras tanto, la conexión aérea entre Málaga y Doha quedó ayer temporalmente suspendida. Qatar Airways canceló sus vuelos para este pasado lunes entre la capital de Qatar y la Costa del Sol debido al cierre del espacio aéreo por la guerra desatada en el Golfo Pérsico tras los bombardeos de EEUU e Israel sobre Irán. “En el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol la situación es de parálisis técnica, con dos vuelos programados y ninguno operado”. Por ello, también se ha suspendido la venta de billetes a la zona, una medida que se mantendrá como mínimo hasta mañana.
La compañía tiene tres conexiones semanales entre ambas ciudades durante todo el año. Pero han quedado anuladas ante la situación bélica en la región. Debido a que los vuelos que llegan de Doha a Málaga son los mismos que luego salen hacia la capital catarí, no hay posibilidad de transporte aéreo en ninguna de las dos direcciones.
Un crucero truncado: “No sabemos cuándo volveremos a Fuengirola”
Manuel Sanz y su familia, que disfrutaban de un crucero, continúan bloqueados en Dubái después de que la ruta fuera cancelada y el barco no llegara a zarpar de vuelta a Málaga. Todos residen en Fuengirola. Su experiencia dio comienzo cuando se encontraban realizando actividades con motos acuáticas. Se encontraban en Dubái para zarpar a Doha, en Golfo Pérsico, con la previsión de coger un vuelo a Málaga para poner el broche al viaje. “Nos enteramos sobre las 2 y media, cuando dejamos las motos acuáticas. Mis abuelos estaban esperándonos y nos dijeron que esto de la guerra había empezado”, explicaba ayer Manuel a este periódico.
Tras regresar al barco, la tripulación informó por megafonía de que no sabían si podrían zarpar. Horas más tarde, por la noche, confirmaron sus sospechas. “Mi pareja y mi tío oyeron un ruido y vieron estelas de humo en el aire. Yo vi un fogonazo y se hizo humo. Serían misiles que tiraban hacia arriba”, relataba el joven.
El barco estuvo atracado en Dubái durante la noche. A la mañana siguiente, la familia recibió un mensaje a través de un audio indicando que no había novedades. Más tarde, por la noche, les comunicaron que la ruta quedaba cancelada y que el crucero no saldría de Dubái. “Estábamos fastidiados”, reconoce Manuel, que pasó el día intentando gestionar alternativas con la aerolínea y la agencia con la que contrataron los vuelos, buscando la posibilidad de cambiar de aeropuerto.
La situación resulta especialmente delicada para esta familia fuengiroleña, ya que uno de sus miembros viaja con un marcapasos, sufre problemas de corazón y es diabético. Entre los perjudicados hay además varios menores de edad.
Pese a todo, la compañía del crucero, MSC, “se está portando bastante bien”, facilitándoles comida y una habitación. Sin embargo, denuncian dificultades con las aerolíneas. “No sabemos si vamos a poder coger billete desde Dubái. Nos dicen que lo cojamos por nuestra cuenta. Pero imagina toda la gente que no ha podido salir de Dubái y a saber a qué coste están los vuelos”.
La noche anterior, asegura Manuel, habían sido testigos de cómo “cinco misiles iban hacia arriba”. “No sabemos si se interceptaron o no, solo vimos el fogonazo. Aquí hay mucha calima”, detallaba.
A última hora del sábado debían haber tomado rumbo hacia Doha, pero la compañía les avisó que debían estar en puerto ante el inicio del conflicto bélico. El espacio aéreo estaba ya cerrado, lo que también impidió la salida de un grupo de 26 viajeros de Vélez-Málaga. La jornada de ayer transcurría con cierta tranquilidad, pero con la incertidumbre en Dubái de no saber hasta cuándo seguirán retenidos.
"Llamamos a nuestra familia para despedirnos"
Lo que comenzó como el regreso a casa tras una semana de vacaciones en Maldivas terminó en una madrugada de pánico para un grupo de siete malagueños atrapados en Emiratos Árabes Unidos tras el cierre del espacio aéreo por los bombardeos en Irán. El momento que marcó un antes y un después en su vida llegó ya en el hotel, después de horas de incertidumbre en el aeropuerto. Lo narraba ayer a este periódico con la voz aún quebrada Ana María Blanco, vecina de Benalmádena: “Empezamos a ver explosiones. Ahí sufrimos ataques de ansiedad y llamamos a nuestros familiares para despedirnos”. Hasta entonces, la tensión había sido contenida. Habían salido del país insular soberano, al suroeste de la India, con destino a la Costa del Sol haciendo escala en Sharjah. “Llegamos al aeropuerto porque teníamos un vuelo de enlace a Milán y después a Málaga. De repente empezaron a decir por los altavoces que el aeropuerto cerraba porque habían cancelado todos los vuelos por guerra”, afirmaba en declaraciones a este periódico.
Primero incredulidad. Después, miedo. “Unos nos reíamos, otros nos pusimos nerviosos”, relataba. La situación se agravó cuando el personal de seguridad les instó a abandonar la terminal: “Veíamos que nos sacaban a todos los extranjeros. Estábamos un poco asustados. Sentíamos miedo y estrés”.
Fuera del aeródromo, más de mil personas se acumulaban esperando transporte. “Ya éramos unas 2.000. Ahí fue lo peor. La gente estaba apelotonada”. Entre los perjudicados viajaba una niña de 8 años. “No nos queríamos separar. Intentamos subir los siete juntos al autobús”. Después de unas cuatro horas lograron llegar al hotel y se afanaron en despedirse de sus familiares.
Las instrucciones del Consulado, sostiene esta vecina de Benalmádena, fueron escuetas: “Nos decían sólo que nos separáramos de las ventanas, que mandáramos a través de WhatsApp nuestros nombres y número de teléfono. Pero no sabíamos si estábamos seguros o no. La falta de información es lo que más preocupados nos tiene”, admite.
A día de hoy, el grupo espera de novedades. “Ahora no sabemos qué hacer. Estamos más tranquilos”, dice. Entre los afectados intentan organizarse. “Queremos unirnos en una página de Facebook. Aquí nos llegan noticias de familiares, pero somos miles de personas a las que nos ha pillado en tránsito en una ciudad o en otra”, describe Ana María.
La escena en el hotel es de calma contenida, si bien la incertidumbre pesa más que el estruendo lejano. Para ella, lo más duro no fue solo escuchar o ver las explosiones, sino desconocer cuál sería el final de un viaje truncado.
Una familia de Alhaurín el Grande: “Seguimos las noticias; deseamos poder volver”
Para una familia de Alhaurín el Grande debía ser el broche final a unas vacaciones de Semana Blanca por Emiratos Árabes Unidos, pero el viaje se ha convertido en una espera incierta. Pepe Morales es otro de los viajeros malagueños retenidos en Dubái junto a su mujer y su hija tras el cierre repentino del espacio aéreo cuando estaban a punto de regresar a España. “Vinimos como muchos malagueños a hacer un crucero por Emiratos Árabes”, relataba ayer. El incidente se produjo el sábado, en el último día del viaje: “Cuando ya nos íbamos para España, en el aeropuerto de Dubái, estábamos a punto de embarcar. Justo en ese momento cerró el espacio aéreo y nos tuvimos que salir de la fila”, narraba. Poco después recibieron instrucciones de abandonar las instalaciones. La familia se unió entonces a un grupo de 28 españoles, la mayoría de Málaga, con quienes decidieron continuar juntos ante la falta de información.
Tras unas cinco horas de espera para poder salir del aeropuerto, fueron trasladados en autobús. “Nos dijeron que nos llevarían a un hotel, pero no sabíamos ni el nombre. Nos trajeron al centro de Dubái”, señalaba Pepe Morales. El suyo, manifiesta, es “un hotel de lujo”.
Por el momento, siguen las noticias “esperando poder volver”. La familia se encuentra alojada en el centro de Dubái, a unos dos kilómetros del centro neurálgico de la ciudad. En medio de la espera, también han vivido momentos de tensión: “Hemos escuchado algunos bombardeos, no sabemos si serán drones o misiles”.
“Vimos misiles y bolas de fuego en el cielo”
Una inspectora de Educación en Málaga permanece también bloqueada en Dubái tras la cancelación de su vuelo de regreso a España en medio de la guerra contra Irán. Sus vacaciones de Semana Blanca se han tornado en una experiencia marcada por la incertidumbre, la desinformación y escenas propias de un conflicto armado, con imágenes de proyectiles en el cielo y las explosiones visibles desde la ciudad, que ella misma ha grabado.
Olivia, una de las perjudicadas, había viajado a uno de los siete emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos para disfrutar de unos días de descanso. Su vuelo de regreso a Málaga estaba previsto para el domingo, pero el sábado recibieron la primera notificación de cancelación. “No sabíamos la situación que había. Estábamos completamente ajenos. Paseando empezamos a ver misiles, bolas de fuego cruzando el cielo. No sabíamos que estábamos en guerra”, describía ayer a Málaga Hoy Olivia. La peculiar escena la capturó en vídeo desde el puente situado junto al Dubái Frame.
Dubái no ha sido escenario de combates, pero su posición estratégica como uno de los principales nudos aéreos del mundo ha causado un efecto dominó en las conexiones internacionales. Sin información ni comunicación estable, la ausencia de noticias está siendo, reconocía ayer la profesora a Málaga Hoy, lo más angustioso. “Nos dimos de alta en la página de la Embajada, pero no entienden que aquí no tenemos teléfono operativo”, señala. Habían contratado una tarjeta SIM local, pero caducaba el mismo domingo, el día previsto para su regreso. Desde entonces, solo cuentan con la conexión wifi del hotel para mantenerse informados y contactar con familiares y autoridades.
El domingo les confirmaron que el vuelo no saldría. Ahora esperan poder volar el viernes. La inspectora no se aloja en la zona más turística de la ciudad, sino en un área más cercana a Old Dubái, donde —según describen— la vida continúa con relativa normalidad. “Aquí sigue la vida normal y eso nos tranquiliza un poco”, narraba Olivia.
Mientras esperan confirmación definitiva de un nuevo vuelo que les permita regresar a España, permanecen pendientes de las comunicaciones oficiales y de la evolución del conflicto.
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