Resultado y crónica del Málaga CF - UD Las Palmas (1-1) Una idea, un escudo

  • Gran actuación del Málaga, que no ganó por un error grave de Mikel Villanueva en la segunda parte

  • Adrián puso el empate tras un penalti cometido sobre un imperial Juanpi

Adrián González celebra su gol. Adrián González celebra su gol.

Adrián González celebra su gol. / Marilú Báez

Con niños o con descartes. Con inscritos o con no fichajes. Con desheredados o con elegidos. Con zurdos de más. Con cambios de menos. Con errores groseros. Con viejas jóvenes promesas. Con falso delantero. Con goleador genuino. Con derrota. Con victoria. Con empate. Ahora mismo el ala deportiva del Málaga está por encima del resto. La idea de Víctor sigue arraigando en La Rosaleda aunque el equipo esté disminuido, pero con un respeto al escudo y al oficio que dignifica este negocio extraño que es el balompié.

La idea estaba en el campo. Independientemente de los elementos elegidos (más por necesidad que otra cosa) por Víctor Sánchez del Amo y las limitaciones que ello conlleva(ba), el Málaga era reconocible en el césped. Quería el balón y lo quería pronto. La red de centrocampistas que tejió el técnico ahogó numerosas veces la salida de Las Palmas, cuyos errores eran casi siempre forzados.

Juanpi, que se suponía que no estaba invitado a la fiesta, llevó el timón del Málaga. Se ofreció en todo momento y no escondió la pierna. Aportó criterio y rozó el gol en una acción en la que robó, condujo y disparó con estilo en el momento exacto. El poste le negó un gol redentor.

Venía avisando el Málaga, con un Cifu muy activo y con Adrián de delantero centro haciendo un partido muy inteligente (al cuarto de hora anduvo cerca de marcar tras un cúmulo de desaciertos desencadenado por Josep). Las Palmas, otro club con dificultades, basó casi todo su ataque en Pedri, un diablillo de 16 años que dejó detalles de una calidad inmensa.

Al partido le faltaban goles, porque la primera mitad generó la ilusión de que el reloj volaba demasiado rápido. De cualquier modo, pese a lo intenso que vivía el partido Pepe Mel en la banda, tampoco se veía demasiado incómodo al cuadro canario con su papel de tapado, consciente de que con Rubén Castro siempre hay una bala extra.

El origen del 0-1 fue un regalo de Mikel Villanueva. La ejecución de Castro, sin embargo, fue magistral. El punta canario empezó a pedir balón y su equipo lo agradeció, originando otra gran ocasión de Lemos que forzó a Munir a una intervención providencial.

Tras la confusión, Víctor hizo un retoque y las cosas volvieron al orden inicial, aunque con el ambiente algo más tosco. La insistencia del Málaga y el conformismo canario condujo al empate. Adrián filtró un gran balón a Juanpi, que fue objeto de penalti. El madrileño sumó su segundo tanto en dos jornadas. No se quedaron ahí los blanquiazules, multiplicados para compensar otras muchas carencias, muriendo en el área contraria, con grandes ocasiones, mandando el mensaje de que por encima de los nombres hay un escudo.

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