SD Eibar - Málaga CF: Se escapa el tren (2-1)

Cruel final para un Málaga que está en los partidos pero no en la categoría

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Burgos y Stoichkov, en el Eibar - Málaga CF / La Otra Foto

Al Málaga se le escapa el tren. Perdió en Eibar y se puede debatir si con merecimiento o no. Los goles en contra los regala y los que puede hacer los falla. Ahí no interviene la suerte. Hace desde bastantes jornadas atrás muchas cosas bien, pero cada equis tiempo regresa a la casilla de salida por sus propias indecencias. Tan reprochable es la asistencia a Stoichkov de Jozabed como cualquiera de las que perdona N’Diaye. Y no fueron los únicos.

Las cuentas no cuadran y a este ritmo es imposible. Queda la esperanza de que Lago Junior y Appiah protagonizaron ciertas acciones que invitan a pensar que las opciones de acercarse a las victorias pueden aumentar. Sin embargo, no habrá manera mientras no eche el cerrojo en su portería. Deja la sensación este Málaga de que está en los partidos pero no en la categoría. Se descuelga poquito a poco.

Se intuía que no poder contar con Genaro Rodríguez y Alberto Escassi le iba a quitar al Málaga parte de la nueva identidad que se construye a contrarreloj para evitar una caída a Primera Federación. Pepe Mel optó por dos cambios naturales, Esteban Burgos y Alfred N’Diaye.

El primer cuarto de hora fue un zarandeo del Eibar, no tanto por lo que conseguía en ataque como por lo que le negaba a los blanquiazules, incapaces de trenzar ante la presión armera. Rubén Castro tuvo que ir a campo propio a tocar su primer balón. Un enfoque muy distinto al de la primera vuelta, donde los de Garitano jugaron a verlas venir.

Aunque el final el desarrollo fue parecido. El Málaga, condenado por esqueleto a jugarlo casi todo por dentro, logró pocas veces desestabilizar el entramado del Eibar, que negaba transiciones y repelía eficazmente lo estático.

Hasta los casi 25 minutos el Málaga no fabricó una jugada de elaboración que terminó con potente cabezazo de Chavarría a las manos de Luca Zidane. Habría sido anulada por un fuera de juego bastante anterior de Rubén Castro de todos modos. Pero dejó la sensación de haber perdonado porque los actores eran ajenos a que eso habría sucedido después.

Y con la ley del fútbol en la mano, llegaron las consecuencias. Yáñez –que poco antes había sido salvado por Burgos tras una mala salida ante Stoichkov– despejó mal un balón que Jozabed terminó alcanzado. El sevillano tocó con la cabeza encontrando al propio Stoichkov en el área. Esta vez no perdonó y armó un potente disparo que se ayudó en la madera para terminar entrando.

Una vez más, un regalo absurdo tira el trabajo anterior, ese saber sufrir, esa resistencia que también es parte de esta categoría. El Eibar se replegó y espero a que su rival comenzase a desarmarse. Aunque lo que estuvo a punto de encontrarse fue el empate. Una acción de lujo, con Villalba encontrando a Castro, que hábilmente la tocó para N’Diaye. El parisino, con todo a favor y completamente solo en el área, la mandó fuera.

La segunda mitad se reanudó con un Eibar feroz que arrinconó al Málaga y que tuvo tres o cuatro opciones para dejar el partido encarrilado. Aunque estaba un poco fuera del partido, los blanquiazules lograron volver a hilvanar una jugada en la que Javi Jiménez dio la opción a N’Diaye de desquitarse, pero el pivote remató al aire y acabó tirado por el césped. Mel reaccionó e hizo debutar a Lago Junior.

Casi se produce ese efecto debut en una acción en la que Rubén Castro conectó con él en el área. Luca Zidane la sacó con el pie in extremis. Y llegaron más cambios a 20 minutos del final. Luis Muñoz y Gallar entraron por Febas y Rubén Castro.

Avanzó el crono pero el Málaga no amenzaba a Luca Zidane. Agotó cartuchos con Fran Sol y Appiah, otro debutante. En el 86’ se le inyectó una dosis de crueldad al partido. Luis Muñoz aprovechó un balón en el área para romper las redes armeras. Cordero Vega lo anuló por fuera de jugo previo de Fran Sol.

Merecía mucho más el conjunto malagueño, que terminó obrando el milagro con un balón al área que tras rozar el punta de Sol quedó franca a Burgos, que empaló con el alma. Pero ya se sabe eso de la alegría en la casa del pobre.

Un córner en el que Berrocal se adelantó a Juande y cabeceó de manera inapelable al segundo palo, hundiendo un cuchillo en el corazón de su adversario. Appiah quiso ser el héroe y se marcó una acción personal en la que le sobró el disparo y le faltó generosidad. La cara de Mel en la grada lo decía todo, esa sensación de que no hay manera pareciendo todo lo contrario.

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