Cazar a David Larrubia sale barato
Al extremo malaguista le pegan más que nunca: lidera las faltas recibidas en Segunda desde el 1 de febrero (17), pero queda fuera del top-10 de tarjetas provocadas en ese intervalo
Chupete, de los mejores goleadores del siglo
Convertido en un objetivo prioritario de las defensas rivales, David Larrubia vive cada partido bajo una vigilancia exagerada que ya se ha convertido en un paisaje habitual de los encuentros del Málaga CF. El extremo arranca, encara, cambia el ritmo… y a su alrededor se cierra una jaula de piernas rivales. Tres y hasta cuatro camisetas pendientes de cada giro en una escena que empieza a repetirse con demasiada frecuencia, en imágenes que por momentos recuerdan a aquella icónica estampa de Andrés Iniesta rodeado de jugadores italianos. Ese marcaje constante habla del crecimiento del futbolista. Más rápido, más potente en la arrancada y con una capacidad de desborde cada vez mayor, Larrubia se ha consolidado como uno de los futbolistas más desequilibrantes de la categoría, un crecimiento que va de la mano de su evolución en el área, donde ha pulido su principal debe. Sus ocho tantos este curso certifican un salto de madurez que multiplica su influencia en el juego ofensivo del Málaga. Y ahí el fútbol aplica una receta tan antigua como efectiva: frenar al diferente por las malas si hace falta.
El problema es que esa dureza empieza a convivir con una sensación de desprotección cada vez más evidente. Los episodios se acumulan. Ante el Real Valladolid volvió a recibir varios golpes en acciones que apenas encontraron castigo disciplinario, en un encuentro que terminó, para colmo, con amarilla para el propio extremo en el descuento. Semanas atrás, en Anoeta, sufrió entradas durísimas e incluso impactos en el rostro en una noche de marcaje al límite que apenas tuvo respuesta arbitral. Tampoco fue un episodio aislado. "Noto mucha más vigilancia, al final yo creo que cuando llevo la racha de goles lo veo más descarado todavía. En Granada estuve muy incómodo en el partido, se lo dije a Funes, que no encontraba ni el hueco ni el momento para aparecer en el campo contrario. Me sentí muy vigilado por el Granada y me plantearon a mí un partido muy complicado y sí lo noté", reconocía el de La Luz en una entrevista reciente para Málaga Hoy.
Una situación que recuerda a la vivida por Kevin Medina temporadas atrás. Funes se ha mordido la lengua, pero ya se ha deslizado en alguna comparecencia la necesidad de proteger más a los futbolistas diferenciales, a aquellos que sostienen el desequilibrio y el espectáculo de la categoría. Las cifras refuerzan esa percepción. Según datos facilitados por BeSoccer Pro, desde el 1 de febrero Larrubia es el jugador que más faltas recibe de toda la Segunda División, con 17 infracciones sufridas en seis jornadas, el registro más alto del campeonato en ese periodo. Sin embargo, esa dureza no tiene una traducción proporcional en el apartado disciplinario. En ese mismo intervalo, el extremo blanquiazul solo ha provocado tres tarjetas amarillas, un registro que lo deja fuera del top-10 de jugadores que más amonestaciones generan pese a ser el futbolista más castigado. El contraste se aprecia mejor al observar el otro extremo de la clasificación. El villano Iván Alejo lidera ese ranking con ocho tarjetas provocadas desde febrero, más del doble que Larrubia, más líder en su ranking particular tras hacerse de oro en La Rosaleda.
La comparación es elocuente: el futbolista que más faltas recibe en la categoría no aparece entre los principales generadores de castigo disciplinario. Si se amplía el foco al total de la temporada, Larrubia es el séptimo jugador que más faltas recibe en Segunda División, con 51 infracciones sufridas. En paralelo, ha provocado 15 tarjetas amarillas, el cuarto mejor registro del campeonato, cifras coherentes con su insistencia en el desborde. Pero la tendencia cambia en el tramo reciente. En el promedio global del curso, el extremo malaguista recibe 1,68 faltas por cada 90 minutos y provoca 0,49 tarjetas. En lo que va de 2026, el castigo aumenta hasta las 2,13 infracciones sufridas por partido, mientras las amonestaciones apenas suben a 0,56. El dato más llamativo vuelve a aparecer al aislar el último mes de competición. Desde febrero, Larrubia sufre 2,56 faltas por encuentro, su pico más alto del curso, pero provoca solo 0,45 amarillas por partido, su cifra más baja. Traducido a un lenguaje más simple: cada vez le hacen más faltas, pero cada vez se castiga menos a quienes lo frenan.
Por fortuna para el Málaga, el jugador parece hecho de goma, pero la reiteración de impactos empieza a dibujar un escenario muy preocupante. Cuando frenar al diferente se convierte en norma y el castigo pierde peso, el riesgo deja de ser una exageración para convertirse en una posibilidad real. En definitiva, cazar a David Larrubia, al menos hoy, cotiza a la baja.
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