Marbella

Marbella: "Nos vamos igual que hemos abierto"

  • El cierre vespertino merma las esperanzas de recuperación del comercio

Una empleada cierra una zapatería a la hora fijada por las autoridades. Una empleada cierra una zapatería a la hora fijada por las autoridades.

Una empleada cierra una zapatería a la hora fijada por las autoridades. / Mª Jesús Serrano (Marbella)

Las nuevas restricciones decretadas por la Junta de Andalucía para combatir la expansión del coronavirus -que han entrado en vigor este martes-, han mermado aun más si cabe las esperanzas de recuperación del sector comercial de Marbella, con pequeñas empresas y autónomos que no saben si podrán aguantar hasta el final del año y un centro desolado que se apaga con el cierre vespertino de los negocios.

Esta es la sensación generalizada de los comerciantes del casco antiguo de Marbella, donde a las 17:56 apenas se contaban los viandantes con los dedos de una mano, mientras las empleadas de los comercios apuraban el paseo de la escoba y la recogida de las estanterías móviles antes de bajar la persiana de aluminio.

Y es que el cierre vespertino de la actividad no esencial a las 18:00 no ha hecho más que “reducir las posibilidades de venta” de los negocios del emblemático espacio, acostumbrado a suministrar de bienes y servicios a los miles de turistas que han visitado cada año el destino y que en este 2020 han quedado lastrados por la ausencia de clientes, según ha destacado Isabel Rodríguez, propietaria de la Joyería Ruz. “Nos vamos igual que hemos abierto”, ha agregado Francisco Ruz, que también regenta el establecimiento, valorando que las nuevas medidas son “catastróficas” para el sector.

Juan Cobos es el propietario de la Joyería Hiper Oro, situada en la calle Fortaleza de la zona histórica. Al igual que su vecino de negocio, opina que el cierre a las 18:00 horas va a afectar de manera negativa, ya que “por la tarde es el remate”, subraya en relación a la poca actividad, por lo que ha asegurado que tanto él como otros comerciantes ya están realizando “horario continuado y a ver si se acostumbra la gente y viene pronto”. La prolongación de las medidas interpuestas es algo que preocupa al sector comercial, ya que “nos morimos literalmente” si se exceden en el tiempo, valorando que ha cerrado un 30% de los negocios de la zona.

Hind Hnaiua trabaja en la tienda de marroquinería El Zoco, ubicada en la calle Ancha, desde hace doce años y ve la situación como “un desastre, una catástrofe y una ruina” si continúan las restricciones mientras se lamenta que no ha tenido “una venta” en todo el día. La misma percepción comparte Carmen Pacheco, empleada de la zapatería Payma, quien ha mostrado su “preocupación” por la situación actual y no se sabe si “podremos aguantar”, así como espera que se pueda desarrollar la campaña de Navidad, que de permanecer las medidas restrictivas actuales “afectarán bastante”.

La situación afecta de manera más tajante a la restauración, un sector que recauda buena parte de sus ingresos en el horario nocturno. Así, muchos negocios temen una pérdida de la facturación, que se vendría a sumar a la ya experimentada en los hosteleros de la zona desde la detección de la pandemia; mientras que otros han tomado medidas más drásticas y se han visto abocados al cierre. Es el caso del bar El Reloj, que regenta marina con su madre.

En pleno corazón del centro histórico, esta familia ha optado por el cierre definitivo del establecimiento tras siete años, una medida que ya han valorado con anterioridad, pero que las nuevas restricciones adoptadas por la Junta de Andalucía no han hecho más que reforzarla, ha asegurado. Son las 17:40 horas y la joven barre la fachada del negocio. “Es imposible mantenerlo pagando alquiler, Seguridad Social, luz y agua, ¿Para qué?”, lamenta la hostelera. “Duele”, reconoce con la mirada fija respecto al cese de la actividad, señalando que esta temporada alta ha hecho un 50% de lo que ha acostumbrado otros años, por lo que no ha podido aguantar y ha liquidado sus ahorros para “pagar facturas”.

“Las medidas se notan y en la calle no hay nadie, ha sido un cambio radical”, comenta Fabián, empleado del Café Cortes, destacando que han pasado de facturar “3.000 euros al día a 70” respecto a otros tiempos. Asimismo, el cierre perimetral de los municipios y de la actividad a las 18:00 horas afectará a la hostelería porque “el 80% se hace de noche y el 20 de día”. Su compañera Jesica opina que las mimas irán acompañadas de “una bajada de sueldos porque no hacemos caja y de personal”.

De camino a Puerto Banús, la densidad del tráfico es mucho más calmada de lo habitual en la Autovía del Mediterráneo A-7 y el acceso a la ostentosa zona se presenta casi solitario. Un hombre que cojea se acerca, cuenta una historia extraña y pide una hamburguesa para llenar la barriga en la desierta zona azul de la avenida de las Naciones Unidas. Se acerca sin éxito a un supermercado que permanece abierto.

Son las 19:00 y solo los maniquíes de las boutiques y las empleadas que despiden la jornada laboral adornan las calles de Puerto Banús, mientras a cuentagotas se van apilando los taxistas en la parada esperando la llegada de algún cliente. El cese de la actividad comercial se ha dejado notar en el espacio, aunque el lujo no impide la presencia de los repartidores de Glovo, que invaden la avenida Julio Iglesias con sus ciclomotores, acompañados por los vehículos de los servicios públicos y algún que otro Mercedes.

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