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Guerra en Ucrania

Indonesia sorprende como el improbable mediador del conflicto

El presidente indonesio, Joko Widodo, se dirige a los periodistas ante la presencia de su mujer, Iriana, durante su visita a un área residencial destruida en Irpin, cerca de Kiev.

El presidente indonesio, Joko Widodo, se dirige a los periodistas ante la presencia de su mujer, Iriana, durante su visita a un área residencial destruida en Irpin, cerca de Kiev. / LAILY RACHEV (Efe)

El presidente indonesio, Joko Widodo, ha saltado a la palestra en una misión casi imposible: lograr un alto el fuego en la guerra de Ucrania, su objetivo al reunirse hoy con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, y a finales de semana con el ruso, Vladimir Putin, en un ambicioso viaje a sendos países.

Widodo –conocido como Jokowi- ha decidido utilizar su rol como anfitrión este año del G-20, el grupo de las potencias industriales y de los países emergentes, para tender desde el "no alineamiento" clásico indonesio puentes entre Rusia y Ucrania, una postura sin grandes apoyos entre las naciones europeas y Estados Unidos.

Con ese objetivo en mente, Jokowi llegó este miércoles a Kiev, donde se entrevistará con Zelenski tras asistir el lunes a la cumbre del G-7 en Alemania, en la que pidió "unidad" para resolver la crisis ucraniana durante varias reuniones bilaterales con los dirigentes que acudieron a Elmau, el castillo de Baviera que acogió la cita.

Desde Kiev, se espera que Jokowi haga un llamamiento al alto el fuego y a buscar un acuerdo de paz mediante el diálogo, el mismo mensaje que trasladará a Putin cuando se reúna con él en Moscú tras llegar el día 30, convirtiéndose en el primer líder asiático en viajar a ambos países desde la invasión.

Cumbre del G-20

El Kremlin confirmó el lunes que Putin piensa asistir a la cumbre de líderes del G-20, prevista el 15 y 16 de noviembre en la isla indonesia de Bali, lo que podría provocar un boicot por parte de Occidente.

El canciller alemán, Olaf Scholz, apeló desde Baviera a "no torpedear" dicha cita con la presencia de Rusia, mientras en marzo, el presidente estadounidense, Joe Biden, urgió a que Rusia fuera expulsada.

Pero Jokowi, quien llegó al poder en 2014 y fue reelegido en 2019, parece decidido a ir hasta el final en su papel de mediador en la lejana guerra, algo inusual por parte de Indonesia, y ha mantenido su invitación a Bali a Putin, además de extenderla también a Zelenski, aunque Ucrania no forma parte del G-20.

Una relativa neutralidad que casa con la postura mantenida por Indonesia desde el inicio de la guerra; si bien secundó la resolución de la Asamblea General de la ONU condenando la invasión, ha instado a buscar soluciones que contemplen las aspiraciones de "todas las partes".

Widodo da ahora un paso más, yendo en persona a los dos países, una estrategia que hay que leer principalmente, según los expertos, en clave doméstica, promovida de paso como un modo de atender sus responsabilidades globales, cuando se predice que para 2045 Indonesia será la cuarta economía mundial.

"Domésticamente, hay señales de que los índices de aprobación de Jokowi están bajando. Esta visita (a Ucrania y Rusia), hecha en tándem con la agenda del G-7, será una enorme oportunidad para aumentar el apoyo popular en Indonesia”, dice a Efe Khairul Fhami, experto indonesio en Defensa.

Seguridad alimentaria y energética

Además, Jokowi, que no ha secundado sanciones contra Rusia, tiene intereses directos en que se alcance una solución cuanto antes, pues el auge de los precios de los alimentos y la energía a causa de la guerra también se ha hecho sentir en Indonesia -que importa trigo de Ucrania y fertilizadores de Rusia-.

"Jokowi busca conseguir un acuerdo en seguridad alimenticia. El hecho de intentar acercarse a Kiev y Moscú muestra su buena fe y le presenta como hombre de Estado, lo que puede mejorar su legado dentro y fuera de Indonesia", considera Ja-Ian Chong, analista político de la Universidad Nacional de Singapur.

Aunque nadie se llama a engaño en que las posibilidades de éxito de la mediación de Jokowi son prácticamente nulas, un fracaso en este sentido apenas le afectará en Indonesia, que parece valorar el intento, con cierta sensación de que el presidente está haciendo "lo que se debería haber hecho antes", apunta Fhami.

Sí podría, no obstante, hacer mella en su rol como anfitrión del G-20 y empañar la cumbre de Bali, en caso de que los países occidentales decidan boicotearla si acude Putin, como ya hicieran en abril los responsables de Finanzas de EEUU, la UE y Francia al abandonar una reunión híbrida del grupo por la presencia de Rusia.

Así, mientras Jokowi parece apostar por una diplomacia de buenas intenciones y casi ingenua, los países del G-7 subían el tono desde Alemania, abogando por golpear las exportaciones de combustibles fósiles rusos y entregar a Kiev armamento de cada vez mayor calibre y alcance, aumentado la improbabilidad de un diálogo entre Moscú y Kiev.

En paralelo al viaje de Jokowi, cuyo país frenó entre críticas un plan de comprar petróleo a Rusia en mayo, los líderes de la Alianza Atlántica se reúnen este miércoles y jueves en Madrid, en un encuentro que se espera siga la línea dura contra Rusia de la cumbre alemana, alejada de la misión pacificadora del indonesio.

Unas diferencias que no parecen importarle. “Es un riesgo calculado. Aunque no haya garantía de alcanzar una resolución de paz, la prioridad de Jokowi es aumentar el respaldo doméstico y su imagen frente a Estados Unidos y Occidente”, añade Fhami.

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