Cultura

'Call Me By Your Name', un verano en Italia

Un año después de deslumbrar en el Festival de Sundance, primera parada de un filme que ha recalado también con éxito en otros certámenes como Berlín y Toronto, los espectadores cordobeses podrán sucumbir desde hoy a los encantos de Call Me by Your Name, adaptación de la novela de André Aciman -publicada en España por Alfaguara- que dirige Luca Guadagnino y ha escrito el veterano James Ivory. Tras adentrarse en el lado más turbio del deseo en Yo soy el amor y Cegados por el sol, Guadagnino camina ahora por una senda más luminosa con esta historia de amor entre Elio (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer), dos jóvenes que coinciden un verano de principios de los 80 en una plácida villa italiana cuando el segundo acude para colaborar como becario con el padre del primero (Michael Stuhlbarg), un profesor especializado en cultura grecorromana. El realizador quería retratar con esta película la "preciosa confusión" de "un idilio de juventud", pero también dedicar "un homenaje a los padres de mi vida, el de sangre y los cinematográficos, Renoir, Rivette, Rohmer y Bertolucci", enumera el cineasta.

Poco después de la publicación de la novela de Aciman, que apareció en 2007, los productores Peter Spears y Howard Rosenman adquirieron los derechos para llevar a la pantalla una obra que, en opinión de Rosenman, evocaba "de una manera que muy pocos libros han conseguido la sensualidad del primer amor, la ansiedad que éste provoca". Por diversos obstáculos -directores y actores que se apeaban del proyecto, la obligación de rodar en primavera o verano- la idea se fue retrasando hasta que Guadagnino se comprometió finalmente a filmarla. El cineasta, atraído en sus anteriores trabajos por las inexplicables dinámicas del corazón, con un universo poderosamente sensorial, parecía el hombre idóneo para hacerse cargo. "Luca baja el ritmo para hacerte experimentarlo todo, el olor, el sonido, el tacto, el sabor", comenta Spears sobre un autor al que le gusta detenerse en escenas aparentemente intrascendentes, como cuando los protagonistas se paran a beber agua tras un paseo en bicicleta. "Esta es una de nuestras escenas favoritas", asegura el montador Walter Fasano, "porque evoca el típico verano de los 80, fácil y tranquilo". Guadagnino disfrutó plasmando las aproximaciones y los distanciamientos de esos jóvenes antes de asumir lo que sienten el uno por el otro. "Es un juego universal que todo el mundo entiende, el del gato y el ratón, ese ir y venir que ocurre con las personas que se sienten atraídas entre sí, pero que recelan y están inseguras de si a la otra persona les ocurre lo mismo".

El largometraje aspira a cuatro Oscar, entre ellos los de mejor película y mejor actor para Timothée Chalamet, el candidato más joven -22 años recién cumplidos- en esta categoría desde 1940, cuando Mickey Rooney compitió por la estatuilla con Los hijos de la farándula (Babes in arms). Aunque la transformación de Gary Oldman en Churchill en El instante más oscuro se hará probablemente con el galardón, Chalamet ha sido la sensación del año, y su trabajo en este filme le ha valido los premios de la crítica de Nueva York, Los Ángeles o la National Board of Review. Pocos intérpretes han irrumpido con la fuerza de este neoyorquino de padre francés, que había aparecido anteriormente en Homeland e Interstellar y forma parte también del reparto de Lady Bird y del próximo filme de Woody Allen. Quienes también tienen posibilidades de Oscar son James Ivory, que a sus 89 años lograría el reconocimiento que la Academia no le ha otorgado en sus tres nomimaciones anteriores (como director, por Una habitación con vistas, Regreso a Howard's End y Lo que queda del día), y Sufjan Stevens, autor de uno de los repertorios más evocadores de la música actual y seleccionado por la canción The Mystery of Love.

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