Cultura

Danza Invisible celebrará sus 30 años de música en París 15

  • La banda ofrecerá un concierto el día 28 junto a amigos como Kiko Veneno y Carlos Segarra

La banda malagueña de rock Danza Invisible celebrará sus treinta años de trayectoria con un concierto especial en la Sala París 15 de Málaga el próximo día 28 de abril, en el que el grupo de Javier Ojeda compartirá escenario con algunos amigos para dar cuenta del cumpleaños feliz. Manuel España de La Guardia, Carlos Segarra de Los Rebeldes, Kiko Veneno, Zenet, Hablando en Plata y Mario Díaz entre otros serán algunos de los artistas invitados en una velada que repasará la amplia discografía del grupo, desde los inicios que marcaron álbumes de tendencia más anglosajona como Música de contrabando en los 80 pasando por la adopción de ritmos caribeños hasta la última entrega en formato álbum, Tía Lucía. Los miembros originales de la formación que continúan en sus filas presentaron ayer el concierto en un enclave malagueño como pocos, El Pimpi, y prometieron no pocas sorpresas.

Tras un primer EP titulado Sueños y publicado en 1982 a raíz del primer premio en un concurso, Danza Invisible lanzó su primer LP, Contacto interior, en 1983, con Javier Ojeda (voz), Chris Navas (bajo), Manolo Rubio (guitarra), Antonio Luis Gil (guitarra) y Ricardo Texidó (batería), quien abandonó el grupo en 1993 para implicarse en otros proyectos y nunca fue sustituido en la banda, que prefirió seguir trabajando como cuarteto. En sus primeros trabajos, como Maratón (1985) y el citado Música de contrabando (1986), Danza Invisible presentaba una adscripción notoria al sonido anglosajón que entonces pregonaban grupos como Simple Minds y U2. La grabación en 1987 del álbum Directo significó un punto de inflexión en la búsqueda de otros registros más cálidos que comenzó a apuntar en A tu alcance (1988), que ya incluía el que sigue siendo su tema más popular, Sabor de amor (un homenaje a la tradición pop española forjada en los 60) y sobre todo en Catalina (1990), donde la eclosión de compases caribeños y latinoamericanos se hizo patente. La línea continuó expandiéndose en títulos como Bazar (1991), Clima raro (1993) y un nuevo directo, Al compás de la banda (1995), donde la admisión de otros géneros como el hip hop amplió el abanico de manera notoria. Sus últimos años, en los que Javier Ojeda ha compaginado una álgida carrera en solitario, corresponden a una madurez en equilibrio con hitos como Pura danza (2003). Que tres décadas no son nada.

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