Festival de Teatro

El templo de la Fortuna

  • La Fura dels Baus trae al Cervantes este fin de semana su impactante lectura de ‘Carmina Burana’ con el barítono malagueño Antonio Torres

Representación de 'Carmina Burana' a cargo de La Fura dels Baus. Representación de 'Carmina Burana' a cargo de La Fura dels Baus.

Representación de 'Carmina Burana' a cargo de La Fura dels Baus. / A. Bofill

Aquellos frailes disolutos, hartos de los rigores de la vida monacal y a menudo decepcionados con la autoridad eclesiástica, se hacían llamar goliardos. Entre los siglos XII y XIV se extendieron por toda Europa, especialmente en Francia y Alemania, aunque no fue el suyo un fenómeno ajeno en España (todo un Juan Ruiz, arcipreste de Hita, dejó buena cuenta de sus querencias goliardas en su Libro de buen amor). Vivían abiertamente con sus amantes (por aquí conocidas como barraganas) aunque hubiesen asumido el voto de castidad, bebían, comían, tocaban instrumentos frente a la recomendación gregoriana de no hacerlo y componían odas de inspiración latina a la fugacidad de la existencia, a los placeres de la carne, al mantel y la mesa, al carpe diem y a los estragos del vino. El testimonio mejor conservado de esta corriente es el Carmina Burana, un códice hallado en 1803 en una abadía de Baviera (actualmente se conserva en la Biblioteca Estatal de Múnich) con unos trescientos poemas escritos en latín, alemán y francés. En 1935, el compositor alemán Carl Orff (que como educador diseñó un método para la enseñanza de la música basado en el racismo científico, escrupulosamente respetado en su tiempo, y hoy día aplicado en escuelas de todo el mundo) compuso una cantata a partir de estos versos a los que algunos años después tanto el cine como su poderosísima obertura (O Fortuna / velut luna / statu variabilis) prodigaron una fama bien extendida. Hace ahora justo diez años, la compañía teatral La Fura dels Baus estrenó en San Sebastián un espectáculo que devolvía al Carmina Burana su paganismo primario de manera brutal y que, además, significó un antes y un después en la trayectoria de la agrupación. Recientemente, La Fura dels Baus decidió recuperar este proyecto con una nueva gira que llega al Teatro Cervantes de Málaga el próximo fin de semana, con cinco funciones entre el viernes y el domingo, dentro del Festival de Teatro de Málaga.

Proyecciones e intérpretes, en escena. Proyecciones e intérpretes, en escena.

Proyecciones e intérpretes, en escena. / A. Bofill

Bajo la dirección de todo un veterano de La Fura como Carlus Padrissa, Carmina Burana sube a las tablas a treinta intérpretes envueltos por un cilindro de ocho metros de diámetro, con una puesta en escena que combina impactantes proyecciones audiovisuales, entornos acuáticos, música en directo y una nómina de solistas conformada por la soprano Amparo Navarro, el contratenor Lluís Frigola y el barítono malagueño Antonio Torres, además de un nutrido cuerpo de baile. Representado ya en tres continentes para más de 160.000 espectadores, el montaje llega a Málaga bendecido por la crítica y con precedentes harto prometedores como su representación en el pasado Festival Internacional de Música y Danza de Granada, donde causó verdadera sensación (y conmoción).

"Mucha gente va por ahí silbado cosas que sus hijos, veinte años después, no silbarán" apunta el director del montaje, Carlus Padrissa

Pero si desde hace bastante más de diez años venía abriendo La Fura dels Baus su registro de posibilidades escénicas, fue Carmina Burana la que, bajo el instinto de Padrissa, convirtió la lírica en una materia prima por derecho para la compañía, órdago que se ha traducido en producciones de ópera como la tetralogía wagneriana del Anillo del Nibelungo. Al respecto y sobre la aplicación de la estética furera, apunta Carlus Padrissa: “A lo largo de la historia ha habido producciones de ópera que han parecido irreverentes y después se han interpretado como todo lo contrario. Hay que respetar, partir siempre de la música, que lo dice todo. Muchas veces, la gente silba cosas que sus hijos, veinte años después, nunca silbarán. Puedes seguir toda la vida haciendo lo mismo, pero es bueno tocar otras teclas”. Vita detestabilis...

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