Crítica de Teatro

Humo y dignidad

Hace quince años que la película Smoking Room destacó en el Festival de Cine de Málaga y encumbró a Roger Gual como Mejor Director Novel en los premios Goya. Resultaban rompedores su cinismo y su estilo de cámara en mano. El mismo director regresa con una versión para la escena que quiere ser fiel al estilo del montaje eligiendo un naturalismo exacerbado. Mediante escenas casi auto-conclusivas en su cotidianeidad, los personajes nos van mostrando la cara más gris del ser humano.

Una sala para fumar, eso es todo lo que piden los trabajadores de esta sucursal de una empresa americana. El periplo de recogida de firmas encabezado por Ramírez destapa unos personajes que son lo contrario de lo que dicen ser: racistas, egoístas, corruptos, cobardes. Un trasfondo de peso motivado por algo tan banal como las ganas de echarse un cigarro.

El planteamiento dramatúrgico funciona, aunque la puesta en escena es algo anodina. Se elige una iluminación plana y una escenografía sin matices para hacer hincapié en el naturalismo, pero que hacen que la apuesta quede algo desnuda.

Quizá la desnudez sea un mecanismo para destacar al reparto coral de sus seis protagonistas, televisivos donde los haya. Miki Esparbé representa el único personaje al que le queda un poco de dignidad y lo hace con soltura. Edu Soto atrapa las miradas con un cuerpo y gesto tendentes a la comedia, casi como si no pudiera evitar robar el foco. Un Secun de la Rosa comedido que también aporta comicidad desde el patetismo. Pepe Ocio y Manuel Morón se quedan en un segundo plano en sus tejemanejes, mientras que Manolo Solo da cuerpo con credibilidad al orgulloso españolito medio. Un elenco totalmente masculino para hablar del entorno laboral de una clase ejecutiva. Porque en su intento de reflejar la realidad, meter mujeres ejecutivas habría resultado poco realista, claro.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios