Cultura

María Victoria Molina o el talento pautado

  • Premio al mejor expediente del Conservatorio Superior de Málaga

María Victoria Molina Atienza, ayer, en la Sala Falla del Conservatorio Superior de Málaga, donde recogió su premio. María Victoria Molina Atienza, ayer, en la Sala Falla del Conservatorio Superior de Málaga, donde recogió su premio.

María Victoria Molina Atienza, ayer, en la Sala Falla del Conservatorio Superior de Málaga, donde recogió su premio. / javier albiñana

Empezar a conversar con María Victoria Molina Atienza significa comenzar a olvidar que la pianista ha consagrado sus últimos años a su instrumento con una determinación feroz, hasta no ver más que papel pautado por todas partes. Tanto, que ayer recibió el premio que otorga la Fundación Musical de Málaga al mejor expediente académico del Conservatorio Superior, con una calificación, atención, de 9,71 sobre 10. Semejante proeza ha exigido no pocas dosis de sacrificio y de abnegada entrega al teclado, pero Molina Atienza es en cada rasgo de su expresión una joven de su edad, cálida, amable, cómplice y sin señal alguna de vivir fuera del mundo. Más aún, relativiza las connotaciones del sacrificio, por más que incluso su salud se haya resentido durante sus largas horas de estudio: "Es verdad que hay que dedicarle mucho tiempo al piano, claro, pero yo no soy muy fiestera, así que en realidad quedarme en casa a tocar no es algo que yo vea como una imposición. El último año sí ha sido especialmente ajetreado, sobre todo por el proyecto de fin de carrera; pero, por lo demás, no me cuesta seguir adelante con mi decisión hasta donde haga falta". Ocurre que el premio de la Fundación Musical de Málaga es el más cuantioso en su género en toda España, con 30.000 euros cuya inversión tiene ya muy clara María Victoria Molina Atienza: la continuación de su formación en Europa.

Precisamente, la pianista acaba de pasar unos meses de Erasmus en Holanda, y allí es donde aspira a seguir estudiando: "Quiero hacer el master, pero es muy complicado poder cursarlo en un conservatorio europeo porque ofrecen muy pocas plazas y hay que pasar unas pruebas de selección muy exigentes. A finales de abril me presentaré a la prueba de ingreso en La Haya y si no hay suerte probaré en Ámsterdam". Más aún, su experiencia ya curtida en los Países Bajos le ha permitido ampliar horizontes: "En España, cuando los músicos terminan sus estudios en el conservatorio las opciones que tienen es la de esperar que se convoquen oposiciones o seguir estudiando, por ejemplo dirección de orquesta. Pero en Holanda he podido comprobar que, conforme terminan su licenciatura en la escuela de música, los estudiantes salen ya con un montón de proyectos en ámbitos muy distintos, y eso me interesa mucho". Molina Atienza, que manifiesta su predilección por el repertorio pianístico de comienzos del siglo XX (cita a Debussy, Ravel, Albéniz y Granados como principales referentes), no tiene especial interés en desarrollar una carrera como concertista, pero sí en seguir formándose: "Disfruto mucho dando clase, y quiero dedicarme a eso. Habitualmente la gente piensa que a los profesores de música se les exige menos como intérpretes, pero no es así, o no debería. Para mí es muy importante seguir creciendo como intérprete a la vez que me encamino al profesorado".

Sobre la reivindicación para la homologación de los estudios artísticos y musicales con las licenciaturas universitarias, que en Málaga han cobrado especial relevancia en los últimos años, Molina Atienza explica su versión: "Sería algo muy positivo, desde luego. Nosotros estudiamos como si lo hiciéramos en un instituto, y eso no se corresponde de ninguna manera con nuestra dedicación. Ahora bien, creo que lo verdaderamente importante es que la gente empiece a vernos de otra forma. Cuando te presentas como músico, casi sale siempre sale alguien que te pregunta que a qué te dedicas además de eso, como si no fuera suficiente, como si no se pudiera ser sólo músico. Por eso creo que si reconocieran nuestros estudios como universitarios, la misma gente nos seguiría viendo como a muertos de hambre. Y eso es lo que hay que cambiar". Cuando se le comenta que una encuesta de Spotify publicada ayer mismo revela que en España se escucha un 30,84% más de música clásica que en el resto del mundo, Molina Atienza se muestra incrédula: "Tal vez sea así, pero lo que no se valora es la música clásica hecha en España. Siempre se tiende a pensar que lo mejor es lo de fuera. O eso dicen mis compañeros que estudian en Europa". Como la vida misma.

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