Cultura

Miguel Serrano tienta a la ciencia ficción en su nuevo libro de relatos

  • Candaya publica 'Órbita', una mirada en clave cubista a los paraísos perdidos

Criado en las mejores ubres de la poesía y el cuento, el escritor Miguel Serrano (Zaragoza, 1977) decidió abandonarse en los brazos de la literatura después de no acabar (por muy poco) la licenciatura de Ciencias Físicas. Esta formación, aun incompleta, encierra la clave de buena parte de las obsesiones contenidas en su último libro, Órbita (Candaya), colección de cuentos que coquetean con la ciencia-ficción y el cubismo y que vistió de largo ayer en el fórum de la Fnac en Málaga, con la presentación de José Antonio Garriga Vela.

Serrano explicó momentos antes del acto que los nueve relatos presentes en Órbita fueron seleccionados entre los 50 ó 60 que escribió desde 2000, aunque más bien "cada uno de los cuentos fue escrito por un autor distinto y luego la selección correspondió a uno solo, en este caso yo". Este sentido de la ironía recorre con viveza las páginas del libro, prologado por Manuel Vilas, quien no duda en incluir a Serrano en la orden de la nueva narrativa española o la generación Nocilla. El protagonista, sin embargo, se disculpa: "No pienso en esas cosas cuando escribo. Ni siquiera hago distinciones entre la literatura hispanoamericana y española, aunque también es cierto que me siento más identificado con Cortázar que con cualquier escritor actual. De todas formas, entiendo que la delimitación de diversos grupos literarios o generaciones resulta beneficiosa para el fomento de un debate crítico y teórico".

Serrano asiente cuando se le nombra la ciencia-ficción en relación a Órbita. Basta citar uno de los relatos incluidos, Y así sucesivamente, sobre el orden del universo y la razón de los números, para ejemplificar la cuestión. El escritor cita a Bradbury y al recién desaparecido J. G. Ballard, pero también se acuerda de Borges y "la ironía de Kafka". Aunque, a vueltas con esto de la ironía, subraya que el propio Manuel Vilas "practica un sentido del humor muy aragonés, muy del corte de Luis Buñuel, con alegorías que se mueven en el terreno de un misticismo laico".

En el fondo, Órbita trata "sobre el final, los diversos finales, de la niñez, de la adolescencia, de la propia vida. Sobre la mirada última antes de la muerte y los paraísos perdidos". Con mucha libertad.

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