Música

La Orquesta Filarmónica de Málaga interpreta a Schubert y Bruckner en el Cervantes

  • El maestro polaco Antoni Wit dirigirá a la formación este jueves y el viernes dentro de la temporada de abono

La Orquesta Filarmónica de Málaga, en el Teatro Cervantes. La Orquesta Filarmónica de Málaga, en el Teatro Cervantes.

La Orquesta Filarmónica de Málaga, en el Teatro Cervantes. / M. H.

Los próximos jueves y viernes, días 25 y 26 de octubre, la Orquesta Filarmónica de Málaga regresará al Teatro Cervantes a las 20:00 dentro de su temporada de abono para la interpretación de obras de dos grandes músicos austriacos, Franz Schubert y Anton Bruckner, bajo la dirección del maestro polaco Antoni Wit.

Comenzará el concierto con la  Sinfonía nº 3 en Re mayor, D. 200 de Franz Schubert, escrita en la primavera de 1815, cuando todavía impartía formación musical como asistente en la escuela de su padre. Con cierto carácter atrevido a la vez que despreocupado, y sin intención de trascendencia alguna, esta obra contiene una música tan sencilla como hermosa. El estilo melodioso de Schubert queda reflejado ya en sus seis primeras sinfonías, obras de juventud, en las que su núcleo de orquestación lo constituye la sección del metal. Su estreno definitivo tuvo lugar en el Palacio de Cristal de Londres el 19 de febrero de 1881 con la dirección de August Manns, siendo editada por vez primera el año 1884.

En la segunda parte del concierto interpretarán la Sinfonía nº 3 en Re menor, Op. 74 Sinfonía Wagner (versión 1889) de Anton Bruckner, uno de los más grandes sinfonistas de la historia de la música. Con marcada tendencia a la monumentalidad, como en sus obras orquestales, por sus gran dimensión, en las que se multiplican temas y desarrollos desde una amplia instrumentación, siendo esto último lo que produce su característica densidad de volumen sonoro, donde busca la exaltación del acorde perfecto desde su plena convicción en el sistema diatónico wagneriano que tanto admiraba. La primera versión de ésta es del año 1873. Después de su desastroso estreno el 16 de diciembre de 1877, con el autor en el pódium, llegó a tener varias revisiones hasta la última de 1889. Es una pieza que tiene un carácter heroico en sus movimientos extremos, dejando la sensación de rigidez en los numerosos cortes de sus desarrollos temáticos, siendo a su vez un anticipo del sentido cíclico que vino a caracterizar el estilo de sus sinfonías posteriores.

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