Poesía

Piedad Bonnett gana el Premio de Poesía Generación del 27

  • La escritora colombiana deslumbra al jurado con una obra "de una categoría extraordinaria" donde habla sobre el dolor y el vacío de perder un hijo

La narradora y poeta colombiana Piedad Bonnett. La narradora y poeta colombiana Piedad Bonnett.

La narradora y poeta colombiana Piedad Bonnett. / Efe (Málaga)

No es casualidad que Piedad Bonnett (Colombia, 1951) presentara Los habitados, la obra con la que ha ganado el XIX Premio Internacional de Poesía Generación del 27, bajo el lema Hécuba. Hace cinco años su hijo, esquizofrénico, se suicidaba. Y de aquel dolor salió despedido de sus entrañas el libro de no ficción Lo que no tiene nombre (2013). Ahora, vuelve a la escritura con "un texto de una categoría extraordinaria", en palabras de la poeta malagueña María Victoria Atencia, donde la autora le pone nombre a lo que no tiene: el dolor y el posterior vacío que una madre siente al perder a un hijo.

De entre 129 obras presentadas, el jurado ha elegido "por unanimidad" la de Bonnett por "llevar al territorio de la poesía" ese dolor a través de "un lenguaje tan sencillo y a la vez hondo". La escritora referente en la literatura latinoamericana indaga durante la primera parte del libro en el mundo de la locura, de los habitados, a través de "un verbo muy natural y lírico, apoyándose en la tradición cultural", ha explicado el poeta granadino Luis García Montero esta mañana durante el fallo del prestigoso galardón. Después, en la segunda parte, Bonnet se introduce en su vida cotidiana, algo que ya hizo en el citado Lo que no tiene nombre al hablar del suicidio de su hijo David.

Al final de la obra, la ganadora del Premio Literario Casa de las Américas 2013 asume el dolor como una medicina, como una necesidad. "Ella desea que el dolor persevere como último testimonio, última huella, de su hijo", ha adelantado Montero segundos antes de leer el poema final de la obra de Bonnett: "Pido al dolor que no se rinda al tiempo, que se incruste como una larva eterna en mi costado para que de su mano, cada día con tus ojos intactos, resucites con tu luz y tu pena, resucites dentro de mí. Para que no te mueras doblemente pido al dolor que sea mi alimento, el aire de mi llama, de la lumbre donde vengas a diario a consolarte de los fríos paisajes de la muerte".

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