Prosas del tiempo viejo

Prosas del tiempo viejo
Prosas del tiempo viejo
I. F. Garmendia

02 de marzo 2014 - 05:00

Melchor Almagro San Martín. Ed. Amelina Correa Ramón. Universidad de Granada, 2013. 530 páginas. 25 euros

Hijo del político republicano del mismo nombre, Melchor Almagro San Martín pertenece hoy a la difusa categoría de los raros y olvidados, pero el hecho de que su nombre haya quedado relegado a la letra pequeña de los manuales no desmerece el valor de una aportación clave en el desarrollo del modernismo hispánico, como fueron -avaladas por un prólogo de Valle- sus inaugurales Sombras de vida (1903). La mayor parte de su obra es muy posterior a este luminoso prosario de los inicios, dado que la intensa vida social y política de Almagro San Martín absorbía casi todo su tiempo, pero en los años finales volvió con fuerza a la literatura y a esa etapa postrera pertenece su Biografía del 1900 (1943), donde el autor evocó los días de su juventud por encargo de la Revista de Occidente. La brillante figura del también diplomático -cosmopolita, de gustos refinados e inclinación por la vida bohemia, incluyendo la disidencia sexual- fue recreada por Luis Antonio de Villena en una novela reciente, Majestad caída (2012), pero entre los estudiosos ha sido Amelina Correa Ramón quien más ha profundizado en la trayectoria del escritor granadino, como demuestran su Melchor Almagro San Martín. Noticia de una ausencia (2001) o su edición de Teatro del mundo. Recuerdos de mi vida (1947).

Pulcramente editada por Correa, que ha volcado tanto en el ensayo preliminar como en las notas su familiaridad con un periodo al que ha dedicado trabajos muy valiosos, Biografía del 1900 es un libro de amenísima lectura que nos devuelve a la edad de oro del modernismo, con una plasticidad, una inmediatez y una viveza que tienen que ver con la calidad impresionista de la prosa de Almagro San Martín, pero también con el hecho de que el sexagenario vividor se basó en sus diarios a la hora de recrear, en un fantasmal presente histórico, las jornadas del tiempo perdido. Almagro siempre fue un enamorado de la belleza y ya en las citadas Sombras había retratado su sensibilidad esteticista, pero esta Biografía de entresiglos corresponde a un momento en el que los pasados esplendores debían contrastar con la desolación de la posguerra. Muestra de petit histoire, falso dietario o autobiografía indirecta, son páginas que captan el "alma de la época" de un modo intenso, delicado y a la postre memorable.

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