Arquitectura

Rafael Bergamín, el gran racionalista malagueño

  • Arquitecto de corta carrera en España, se exilió en Venezuela en 1937, en apenas una década transformó de forma radical el aspecto de una parte de Madrid

Eran jóvenes, querían ser modernos y, contra pronóstico en la España de los años 20 del pasado siglo, lo consiguieron. Como setas, en los primeros años 30 surgieron grupos, el más famoso el catalán Gatcpac, y profesionales que comenzaron a cambiar nuestras ciudades. Madrid ejerció de capital y fue uno de los centros más activos de la nueva palabra, la que conocieron en la seminal Exposición Internacional de Artes Decorativas que se celebró en París en 1925. Lo que llamamos racionalismo madrileño tuvo varios protagonistas, como Casto Fernández-Shaw, García Mercadal, Luis Blanco Soler o el trasnformista Luis Gutiérrez Soto. Junto a ellos, aunque algo oscurecido ahora por el paso del tiempo y el obligado exilio, estaba un arquitecto malagueño, Rafael Bergamín (1891-1970), uno de los más destacados miembros de la Generación del 25 -así es como Carlos Flores Pazos se refirió en 1961 a los jóvenes vanguardistas de la Escuela de Madrid-.

Hermano del poeta José Bergamín, discutido miembro de la Generación del 27, también compartió inquietudes intelectuales, no solo plasmadas en el campo de la arquitectura: formó parte, por ejemplo, de la tertulia de Ramón Gómez de la Serna.

La obra española de este pionero de la modernidad no es muy abundante, se marchó a Venezuela en 1937 para no volver nunca, pero sí ambiciosa y notable. Toda su trayectoria la desarrolló en Madrid, ciudad en la que obtuvo su título -en Málaga no construyó nada, al contrario que su primer socio, Luis Blanco Soler- y que con su esfuerzo sufrió bastantes cambios. En 1928, participó en la definición y construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid, también conocida como Campus de Moncloa -su principal aportación, la Fundación del Amo, fue derruida durante la Guerra Civil-.

Lo que ha logrado que el nombre de Bergamín haya esquivado el olvido total son dos joyas enclavadas en la trama urbana madrileña: la Colonia Parque Residencia (1931-1934) y la Colonia El Viso (1934-1954). El malagueño creó con Blanco Soler la Cooperativa de casas económicas Residencia en los Altos del Hipódromo, de la que surgió la Colonia Parque Residencia. Las viviendas, de poca altura, estaban destinadas a profesionales liberales e intelectuales, así que tuvieron margen para construir según el racionalismo holandés que les inspiraba -volúmenes muy Adolf Loos, sin adornos-, que en conjunto formaban una ciudad jardín.

Más uniforme, e igual de exitosa -en lo comercial y en lo arquitectónico- fue la Colonia El Viso. Todas las viviendas parten de una misma tipología, ideada por Bergamín: casa prismática de doble crujía, de dos alturas más semisótano, doble orientación y doble entrada, de superficies enfoscadas y pintadas de diferentes colores cuya visión debía quedar tamizada por las pantallas vegetales generadas desde los distintos jardines privados -de nuevo, una ciudad jardín-. Entre los que apreciaron su valía estuvieron José Ortega y Gasset y Salvador de Madariaga, que habitaron en el barrio.

Como obra individual, su mejor trabajo pasa por ser una vivienda: la Casa del Marqués de Villora, Rafael Bergamín diseñó en 1927.

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