rafael guillén. poeta

"Recordar es también volver a morir"

  • El escritor granadino presenta 'El otro lado de la niebla', un proyecto poético de más de cuarenta años que gira en torno a la ecuación einsteniana de la relatividad

Rafael Guillén, a sus 80 años, no ha conseguido detener el tiempo, pero el reloj se detiene cuando habla de poesía y de la vida en general. El poeta granadino acaba de presentar El otro lado de la niebla. Trilogía y Coda (Salto de página), que recoge sus libros Límites, Los estados transparentes, Los dominios del cóndor y Las edades del frío.

-Su trilogía es un proyecto largamente madurado durante 40 años. Compromisos tan largos ya no existen ni en lo personal ni en lo literario, ¿qué le hizo mantenerse firme y no dudar hasta cerrar el proyecto?

-En efecto: durante 40 años. El proyecto va expuesto claramente en el primer poema, tras la introducción, del libro Límites, primero de la trilogía: "Proseguirá la danza sin espacio / sin tiempo, suspendida sobre el vértice / de la inmovilidad, viva y exánime". Ahí figuran ya los cuatro términos de la ecuación de Einstein.

-Dice que intenta suprimir las barreras artificiales que se interponen entre las ciencias, las artes y las letras. ¿Qué tienen de poesía las últimas teorías de la física?

-De la física y de cualquier otra ciencia. Respecto a la física, dígame si no son poéticas teorías como la de los infinitos universos en un mismo espacio, la noción unitaria del tiempo, cómo los ojos del espectador son elemento indispensable para la existencia en las cosas, cómo cada acto modifica el equilibrio del universo, las ramificaciones de ese universo, cómo lo no elegido sigue su curso en otra dimensión desconocida...

- En sus textos sobre los límites del tiempo no se limita a hablar de lo perdido como aquello que una vez se tuvo; va más lejos y habla de lo que se pierde cada vez que se elige. ¿Es aquí donde entra la teoría de los universos paralelos donde lo no elegido sigue su curso? ¿Habría algo más gozoso que poder asomarse por una rendija para ver qué podríamos haber sido?

-Esa es una de las deducciones que podrían extraerse de la teoría. Y la poesía es por ahora la única rendija por la que, además de teorizar sobre su existencia, puede uno asomarse y gozar de esa posibilidad.

-¿Quién quiera escribir sobre su vida debe escribir una biografía antes que un libro de poemas?

-Una biografía puede ser un libro de poemas. No hay nada contradictorio. Lo son las epopeyas de los héroe griegos, por ejemplo. Lo que no ha de ser nunca es una cronología. La cronología se desarrolla por la superficie del tiempo, en tanto que la biografía lo hace por dentro del tiempo. Quien quiera escribir sobre mi vida ha de hacerlo a través de mis libros, aunque éstos también se asomen a veces a la superficie.

-En Los estados transparentes indaga en la materia en estado puro, dejando de lado las connotaciones metafísicas. ¿Está de acuerdo con Severo Ochoa en que somos sólo física y química?

-Por supuesto que somos física y química. Pero una gota de agua (digamos química) sobre un cable eléctrico (digamos física) produce una chispa (digamos energía). Sin embargo, de ahí a que esa energía se mire a sí misma y alcance a plasmar la fórmula que la define hay un salto en el vacío. Esa es la mirada con la que nos vemos a nosotros mismos, que somos física y química. Y esa mirada está fuera de la fórmula. Cuando hablo de indagar en la materia sin connotaciones metafísicas, quiero decir tratarla en su estado puro, sin que intervenga esa mirada.

-Es un entusiasta de la ciencia pero, en cambio, en su obra late la idea de que los descubrimientos que nos han llevado a vivir el futuro en el presente nos conducen a Las edades del frío...

-Sí. Es un frío existencial, consecuencia de vernos en el umbral de una nueva edad en la historia de la humanidad que no sabemos a dónde nos conducirá. Es el frío que produce el verse desamparado ante lo desconocido de un universo que está empezando a intuir.

-"Días que perdí y que son hoy / lo poco que me queda / para seguir viviendo". Si este verso fuera un estilo musical sería un blues, sin duda. ¿Qué más géneros musicales hay en su obra?

-Soy un gran amante de la música. Podrían verse muchos géneros musicales representados en mis poemas. Tengo alguno escrito como un motete, por ejemplo, en el que se simultanean dos o tres voces, o poemas inspirados en composiciones de Bach, de Grieg, de Smetana... Por otra parte, en cuanto al estilo, para mí es imprescindible en un poema su musicalidad, su ritmo interno, su cadencia.

-En la última edición del premio Lorca volvió a quedarse a las puertas y su nombre llegó hasta las últimas deliberaciones del jurado. ¿Se sintió decepcionado o ya está vacunado?

-Decepcionarse presupone haber tenido esperanza. A estas alturas de la vida no sé dónde tengo puesta la esperanza. Pero, desde luego, no en un premio literario.

-En cuanto al tiempo, y en un plano más personal, huye usted de las prisas como quien escapa de un acreedor. ¿Las urgencias acortan la vida?

-Ya lo dice un proverbio, creo que indio, porque los indios dicen estas cosas: "Si vas corriendo, el tiempo irá delante de ti cono el viento. Si vas despacio, el tiempo te seguirá como un buey manso".

-Por cierto, que pese a su apuesta por la tecnología y las ciencias guarda en su casa su máquina de escribir en un lugar privilegiado. ¿Romanticismo literario?

-Sí. Es una vieja Remington. Y soy un romántico, siempre que se le quite al término las connotaciones decimonónicas y se le deje en "sentimental" y "soñador". Aunque no ejerzo; vamos, que no voy de romántico por la vida. Sólo lo soy cuando escribo, y no siempre. ¿Por qué no puede ser romántico un poeta al que le interesa la ciencia? A mí me interesa todo. Incluso la ciencia.

-Bécquer hizo la poesía amorosa del siglo XIX, Neruda la del XX, ¿nadie ha conseguido hacer los poemas de amor del siglo XXI y se repiten los esquemas del siglo pasado? ¿Cómo podría ser esta poesía?

-Dado que el libro al que nos estamos refiriendo no es de tema amoroso, aunque el amor subyace en muchos de sus poemas, supongo que aludirá usted a uno inédito que acabo de terminar del que se ha publicado un anticipo: Balada en tres tiempos (para saxofón y frases coloquiales). Sus poemas amorosos podrían contestar a esta pregunta ya que están imbuidos de cuanto estamos aquí comentando. ¿Podría ser ésta la poesía del siglo XXI? Lejos de mí pretenderlo. Pero sí le diré que la puesta al día que se observa entre la poesía del siglo XIX y la del XX es la que debería darse entre éste y el actual, en que no sólo hemos cambiado de siglo sino de milenio. La poesía, amorosa o no, hoy, que hemos llegado al futuro, no puede seguir las pautas de un tiempo en el que, por ejemplo, las noticias llegaban en la diligencia del sábado, en tanto que ahora te sacas un aparatito del bolsillo de la camisa y hablas con tu primo, el de Australia, que te dice que ahora te llamará él, que se le acaba de escapar un canguro.

-Sobre mirar fotografías antiguas escribe: "Nos buscamos/ en aquel entonces para vernos / vivir, para poder mentirnos, que estamos vivos". ¿Mirar al pasado es morir un poco?

-Se suele decir que recordar es volver a vivir. Pero los instantes aquellos que se traen a la memoria son instantes muertos. Recordar es también volver a morir.

-Por último, ¿qué límites le quedan por forzar?

-Utilizo el término forzar en el sentido de esforzarse para conseguir algo; no en su otra acepción, la de penetrar por la fuerza. Me refiero a empujar, hacer que el límite ceda algo, ya que es impenetrable. Esto pretendo decir con lo que figura al frente del primer libro de la trilogía: "Crear, en arte, es forzar los límites de lo perceptible".

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