Crítica de Cine

Secretos de una familia

el amor es más fuerte que las bombas

Drama, Nor-Din-Fra, 2015, 105 min. Dirección: Joachim Trier. Intérpretes: Jesse Eisenberg, Gabriel Byrne, Isabelle Huppert, Amy Ryan. Cines: Albéniz, Vialia.

Optimistas que somos a veces, habíamos depositado ciertas esperanzas en el noruego Joachim Trier después de sus dos primeras películas, Reprise y, muy especialmente, Oslo, 31 de agosto, en la que el aliento de El fuego fatuo planeaba sobre unas renovadas texturas ambientales en el retrato de la despedida anunciada de un joven en plena crisis existencial que vagaba por las calles de la capital noruega.

Esas esperanzas se truncan ahora en su salto a la primera división del prestigio transnacional (previo paso por Cannes) que se fragua en esta El amor es más fuerte que las bombas que, parafraseando el título de un álbum de The Smiths, cuenta con un elenco internacional de primera (Huppert, Eisenberg, Byrne) y nos traslada al paisaje norteamericano para diseccionar a los miembros de una modélica familia que vive su particular duelo y busca su particular catarsis tras la muerte de la madre.

Disección en tanto que Trier y su guionista habitual Eskil Vogt descomponen su relato en una suerte de puzzle narrativo que mezcla tiempos, realidades, sueños y puntos de vista de una realidad incompleta que se quiere sentida antes que contada, de nuevo en aras de ese carácter atmosférico y tonal que se superpone como principal reclamo frente a las convenciones del melodrama familiar. Porque eso es, en definitiva, este filme, un melodrama familiar a varias voces y tiempos en el que secretos, mentiras, hipocresías y miedos afloran al unísono, desde distintos ángulos y modulaciones, en el seno de un núcleo que no parece haber superado aún la muerte y la ausencia de la figura materna, una mujer de éxito, fotógrafa de guerra, cuyo influjo fantasmal sigue acompañando a cada uno de los suyos.

La operación se nos antoja algo pretenciosa e inerte, como si Trier quisiera abarcar más de lo que puede. A poco que se rasgue tras la vistosa estructura del filme, lo que queda son estampas deslavazadas y con poca intensidad (y dolor, que es de lo que se trata) sobre las relaciones entre padres, hijos o hermanos, un retrato algo esclerotizado de esa crisis de la clase media (alta) que, a la postre, no deja de ser también un estereotipo de manual para tiempos sin asideros.

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