Cultura

Sejima y Nishizawa logran el mayor premio de arquitectura, el Pritzker

  • Autores del Nuevo Museo de la ciudad de Nueva York, su obra reivindica la transparencia y la sencillez · Participaron en el concurso de la Ciudad del Flamenco de Jerez, que ganaron Herzog & De Meuron

Con Sanaa como marca registrada, Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa iniciaron una andadura conjunta hace ya 15 años que se ve ahora recompensada con el Pritzker 2010 "por su arquitectura delicada y poderosa de forma simultánea, precisa y fluida, ingeniosa pero no demasiado inteligente; por la creación de edificios que interactúan de manera satisfactoria con su contexto y las actividades que recogen, creando una sensación de gran riqueza experimental; por un lenguaje arquitectónico muy singular que brota de un proceso de colaboración", según ha subrayado el jurado del Premio de esta edición.

Igualmente destaca la reflexión que sobre la piel y los límites se realiza en el Pabellón de Cristal del Museo de Arte de Toledo en EE UU, la significación del Nuevo Museo de la ciudad de Nueva York o la habitabilidad del paisaje creado por el Centro de Aprendizaje Rolex en Lausanne (Suiza).

Kazuyo (Ibaraki, 1956) es mujer, japonesa, habla con dificultad inglés, es discípula de Toyo Ito y continuadora por otras vías de ese empeño en desmaterializar lo que una tradición de siglos ha hecho sólida hasta alcanzar lo perenne y duradera hasta alcanzar lo eterno: hablamos, aún, de arquitectura.

Mirar hacia atrás es un ejercicio permitido a una profesión que lleva alimentándose al menos cinco siglos de tradición o de historia, que tanto da para unas gentes capaces de usarlo todo, y mucho más sus propios argumentos. Probablemente aquí estribe la dificultad y, a la vez, las posibilidades con que hoy se mueve eso que seguimos empeñados en llamar arquitectura. Con ello cuenta Sejima, que se mueve con naturalidad en un medio que otros abrieron para ella, es un pez de segunda generación y, por ello, está habituada a entender como propio lo que para una gran parte de la arquitectura se ve como un desafío.

Que las condiciones cambiaron hace tiempo, puede afirmarlo su trabajo, delicado como una labor de encaje, ligero como el hacer de esas manos que trenzan los mimbres de un canasto convertido en estancia, aéreo como la atmósfera de la comunicación. Si con los signos de OMA_AMO se aceptó que el nuevo envite era glocal, poco cuidadoso, geopolítico e icónico, como los gestos publicitarios de una multinacional, con ella hemos aprendido a cocinar los espacios cotidianos de unos individuos sometidos al multifacético interior del capital, proponiendo que los efectos que se alcancen con la arquitectura, deberían ser tan relajantes como una sauna, tan sutilmente presentes como un perfume, tan eficaces como el mando a distancia: en resumen, una conversión de la cacharrería tecnológica en los signos de una nueva síntesis espacial y sostenible. Esa es la Sejima del Pritzker.

Ryue es también japonés (Tokio, 1966) y su encuentro con Kazuyo, sin renunciar ninguno de ellos a búsquedas y proyectos personales, va a posibilitar una singular asociación desde la que seguir visualizando una arquitectura de duplicaciones, transparencias, reenvíos, mezcolanzas y superposiciones. Efectos ambientados por una formalización especializada y sometida a la específica localización de un cruce de luces, cultura, costumbres y habitabilidad con las cuales se contrastan. Habitaciones como estancias anudadas. Lugares propios, completos en su funcionamiento, esferas vividas en momentos dispares que se reúnen de nuevo por el azar de la memoria. Entre ellos se va descubriendo y consolidando un gel viscoso e interpretativo, que constituye una forma provisional para ese laberinto no articulado en su espacialidad pero sí en su vivencia. Respuesta y materialización de lo líquido como soporte para vivir y recordar. Son ambientes, descritos como espumas o atmósferas, que, desde la austeridad y ausencia de accesorios, hacen ligera su apariencia y pretenden olvidar su construcción. ¿Cómo no ligar todo esto al arte, a la imagen técnica, a la virtualidad de su apariencia? Ese es el Nishizawa del Pritzker.

Ambos exponiendo, al final de un proceso que dura ya 50 años, una cultura doméstica medieval a las inclemencias de un mundo exteriorizado que vive la paradoja de un interior. Dicho con palabras dedicadas a su propuesta para la Ciudad del Flamenco de Jerez, que ganó Herzog & De Meuron: la creación "de un lugar donde el baile podrá, tal vez, ocurrir". No es un ser espacial, pues, sino temporal.

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