Crítica de Teatro

Sólo un conato de 'thriller'

Representación de 'Faraday (El buscador)', de Fernando Ramírez Baeza. Representación de 'Faraday (El buscador)', de Fernando Ramírez Baeza.

Representación de 'Faraday (El buscador)', de Fernando Ramírez Baeza. / málaga hoy

Facebook, Google, Microsoft. Están en nuestra vida de manera permanente, casi ubicua. Nos han facilitado la vida y enganchado con su ofrecimiento, hasta tal punto que nuestras redes sociales son incomprensibles sin su reflejo en el ámbito digital. Sin embargo, la conectividad tiene un precio. La entrega y regalo de nuestra privacidad a las grandes corporaciones es un hecho actual y peligroso, que sin duda merece una profunda reflexión. Una autocrítica que el teatro podría ayudarnos a llevar a cabo. Sin embargo, Faraday, el buscador no es la obra que les ayudará a hacerla.

La propuesta tiene todos los ingredientes del thriller estadounidense: nombres en inglés, agentes de la CIA encubiertos, robo industrial, pistolas, puros. Los ingredientes están, pero la propuesta parece olvidar que esto es teatro y que esto es España: la trasposición del género cinematográfico a las tablas no funciona por arte de magia. La inverosimilitud de los planteamientos saca al espectador a patadas de una implicación sincera con la trama. La dramaturgia explica, explica y vuelve a explicar. Los personajes nos cuentan lo que pasa de manera obvia y no hay hueco para la imaginación.

Técnicamente, la función es impecable. Unas amplias pantallas deslumbran con unos juegos de imágenes que manejadas a lo Minority report sí que nos hacen pensar en un futuro posible. Un bastidor que finalmente se convierte en cámara y espejo de un auditorio que ilumina con sus móviles, pero que no es más que un subterfugio técnico que desafortunadamente esconde un final vacío. Y es que la técnica no puede salvar una función que duele en lo inhábil de su planteamiento. Se le suma además la dificultosa audición de los actores, hasta el punto de generar la indignación de algunos asistentes. En definitiva, una oportunidad perdida de plantearnos en serio cómo nos hemos vendido por un puñado de likes.

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