Sonidos para la revolución

Michael Nyman completa su trilogía musical dedicada al cine de Dziga Vertov con nuevas bandas sonoras para 'La sexta parte del mundo' y 'El undécimo año'

El compositor británico Michael Nyman.
El compositor británico Michael Nyman.

23 de diciembre 2010 - 05:00

Michael Nyman The Michael Nyman Band. MN Records / The composer's cut series vol. IV. 77 min. 18 euros

Con la música para La sexta parte del mundo (1926) y El undécimo año (1928), cuyas copias han sido recientemente restauradas y editadas en DVD por el Filmmuseum de Viena, el compositor británico Michael Nyman (Stratford, 1941) completa su trilogía dedicada a Dziga Vertov (1896-1954) después de componer una nueva banda sonora para El hombre de la cámara (1929), la gran obra maestra del cineasta soviético.

No es esta la primera vez que Nyman, conocido por sus composiciones para el cine de Peter Greenaway o para filmes como El piano, El marido de la peluquera, Wonderland, Gattaca o El final del romance, se acerca con su inconfundible y rugoso estilo percutiente y minimalista a las texturas, cadencias y ritmos del cine mudo de vanguardia. Ya con anterioridad, el autor de las óperas Facing Goya y Man and boy: Dada había compuesto e interpretado en vivo música original para otros dos filmes de la misma época, À propos de Nice (1930), de Jean Vigo, o Manhatta (1921), de Paul Strand y Charles Sheeler, títulos que, como los de Vertov, inscritos en uno de los periodos más ricos, modernos y heterogéneos de la Historia del cine, ofrecen a cualquier compositor un amplio campo para la experimentación gracias a su libre asociación de ideas formales que, en casi todos los casos, apuntan a una poética de la máquina y a una palpable musicalidad (visual) interna.

Tanto La sexta parte del mundo como El undécimo año celebran los logros de la Revolución Bolchevique (no faltan imágenes de Lenin y Stalin en el proceso) una década después de su alzamiento, con un tono eminentemente propagandístico que, no obstante, es trascendido por el talento iconoclasta de Vertov y su operador y hermano Mikhail Kaufman a través de un tratamiento creativo y expresivo de la realidad documental (que refleja el trabajo manual y colectivo del ámbito rural de todas las repúblicas de la Unión Soviética junto a la modernización industrial de las nuevas ciudades), sirviéndose de una serie de recursos estilísticos y formales, presididos por el montaje como principal instrumento para la vertebración de una dialéctica entre el capitalismo y el comunismo, que llaman la atención hacia sí mismos y hacia la materia, la plástica y el lenguaje en todo su esplendor técnico-mecánico.

Como ha señalado la especialista Margarita Ledo, estos dos filmes de Vertov, también El hombre de la cámara, desarrollan "los intervalos, el paso de un movimiento a otro, como elementos cinéticos, y la organización de los intervalos -y la búsqueda de signos para representarlos en círculo, en elipse, a derecha e izquierda- como frase. El cine como arte de imaginar los movimientos, como teoría de la relatividad llevada a la pantalla, para que nuestros ojos, abandonándose a las hélices, se dejen ir hacia el porvenir".

Es precisamente en esos intervalos, sobre esas figuras, estructuras y resonancias creadas a partir del montaje y el ritmo, donde trabajan estas nuevas partituras de Nyman, a través de una particular y recurrente fuerza motriz que, en diferentes intensidades, velocidades y modulaciones, contribuye a impulsar esa locomotora de imágenes mudas que emiten una perceptible música interior.

En las notas del disco, Nyman señala que su afinidad con Vertov para precisamente por esa manera de concebir y montar sus películas como si de un compositor se tratara. En su cine-ojo sin drama, sin guión, sin argumento y sin actores en busca de la "objetividad integral", Vertov intensifica las emociones a partir del tempo, el ritmo y las rimas visuales entre sus planos, "llevando la melodía, volviendo a ella, jugando con disonancias, confrontando el exotismo de las nieves polares con el calor abrasador de la arena del desierto, casi como algo que está más allá de los sentidos, casi como un compositor usando la textura de los sonidos".

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