Veinte años de éxitos

M. J. L.

18 de noviembre 2014 - 05:00

Comedia, EEUU, 2014, 113 min. Dirección: Bob y Peter Farrelly. Guión: Sean Anders, John Morris, Mike Cerrone, Bennett Yellin. Fotografía: Matthew Leonetti. Música: Empire of the Sun. Intérpretes: Jim Carrey, Jeff Daniels, Kathleen Turner, Laurie Holden, Rob Riggle, Rachel Melvin, Cam Neely. Cines: Málaga Nostrum, Vialia, Rosaleda, Plaza Mayor, Alfil, La Cañada, Goya, Rincón de la Victoria, Ronda, El Ingenio.

En la mesa sobre la nueva comedia española celebrada la semana pasada en Santa Clara, muchos de los presentes no reconocieron sus influencias tanto en la tradición de esperpento o en sus ramificaciones azconianas, como en series de televisión norteamericanas como Los Simpson o en cineastas como los Farrelly.

Y es que algo se ha movido en los límites de la comedia y el humor cinematográfico desde la irrupción de los hermanos de Rhode Island, que llevaron las fronteras de la incorrección un poco más allá de lo que los modelos industriales estaban dispuestos a consentir.

Han pasado veinte años de su primera aparición en pantalla, y los tontos muy tontos que encarnaron y encarnan Jim Carrey y Jeff Daniels con innegable candidez clásica lista para reventar, siguen, como no podía ser de otra forma, más tontos si cabe, protegidos por esa estupidez del eterno gesto y la gamberrada infantil que, quién sabe, no es sino la mejor de las corazas contra la tediosa normalidad del mundo adulto, algo que siempre tuvieron claro los mejores cómicos, de Chaplin a Lewis.

Este tibio comeback rodado con palmaria desgana formal integra esos veinte años de ausencia en su propia trama autoconsciente para proponerse como alocada road movie en la que son siempre los gags y sketches sueltos y las digresiones inesperadas lo que impulsa esta búsqueda de los orígenes, el roce y el sueño de la paternidad a un recorrido blanco por algunos de los falsos mitos de una Norteamérica pop de congresos científicos y cerebritos frikis.

No seré yo quien diga que todos somos, en cierta medida, estos dos tontos a la fuga, pero no es menos cierto que la fibra básica, clásica y anal que tocan no está tan lejos del espejo como algunos biempensantes tal vez quieran imaginarse.

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