Cultura

100 años sin Albéniz

  • Se cumple un siglo de la muerte de uno de los mayores compositores y pianistas de música española. Dos de sus piezas se estrenaron en Málaga

Nació en Gerona, murió en Francia pero dedicó buena parte de su obra a evocar las beldades de Andalucía. Isaac Albéniz (1860-1909) fue uno de los compositores y pianistas más influyentes en la historia de la música española. Se cumplen ahora 100 años de la muerte del autor de la Suite Iberia, considerado el mejor repertorio pianístico español junto a la Fantasía Bética de Falla. La vinculación de Albéniz con Andalucía tiene un punto de anclaje en Málaga con el estreno en la ciudad el 19 de abril de 1882 de dos de sus composiciones: Pavana Capricho-opus 12 y Serenata napolitana.

El Conservatorio Superior de Música de Málaga no tiene previsto organizar ningún ciclo ni actividad en homenaje a Albéniz, aunque plantea la posibilidad de planificar algún acto para el curso 2009-2010, según comenta Luis Torres, jefe del departamento de Actividades Extraescolares del centro. Pero la figura del músico es también un referente en la historia de la danza. No en vano es uno de los autores más coreografiados. Desde el Conservatorio Profesional de Danzahan tomado la delantera y el pasado lunes realizaron una charla-concierto en recuerdo del maestro.

Enrique Díaz, profesor pianista acompañante de danza en el centro malagueño, fue el encargado de llevar la iniciativa. Evocó para alumnos y docentes la figura de Álbeniz seguido de un recital de la Suite Española (opus 47) a cargo del pianista Emilio González Sanz, profesor del Conservatorio Superior de Música de Madrid. A raíz de esta iniciativa, los alumnos del Conservatorio de Danza de Málaga ya preparan coreografías con fragmentos del repertorio de Albéniz, entre ellos Asturias.

"Su obra es una prodigiosa síntesis de elementos culturales donde Andalucía tiene un puesto de honor", explica Enrique Díaz. Albéniz introduce muchos elementos procedentes del sur de la península ibérica en sus composiciones. Transporta al piano el idioma de la guitarra y es capaz de combinar aspectos de la música europea contemporánea con el idioma musical andaluz y con la música popular catalana. Pese a ello, su música fue ampliamente aceptada.

Cuando Albéniz irrumpió en el panorama musical de la época, la actividad en España estaba marcada por tendencias italianizantes. Mientras en el resto de Europa se empezaba a escuchar a Mozart, Beethoven y Chopin, en España el hecho musical había quedado relegado a un segundo plano en pro de otras artes como la pintura o la literatura. "Albéniz abrió generosamente el camino a otros compositores españoles como Falla y Turina, más influenciados por las vanguardias europeas", matiza el profesor malagueño.

En 1882 el músico catalán conoció al compositor Felip Pedrell, quien dirigió su atención hacia la música popular española, inculcándole la necesidad de crear una música de inspiración nacional. Fue entonces cuando Albéniz, que hasta ese momento se había distinguido por la creación de piezas de salón sin pretensiones para piano, empezó a concentrarse en su carrera como compositor.

La preocupación del músico por las formas musicales más largas provocó un cambio en su estilo composicional, desde las piezas atractivas y ligeras hacia un lenguaje propio de la música culta europea de herencia romántica. Sus apariciones disminuyeron cuando empezó a dejarse absorber por la composición y producción de trabajos operísticos, entre ellos Merlin. La primera grabación mundial de esta ópera (con marcado lenguaje wagneriano) estuvo dirigida en 1999 por José de Eusebio e interpretada en su rol principal por el barítono malagueño Carlos Álvarez.

A pesar de su prestigio como compositor de piano, Albéniz dedicó más de una década a escribir temas para teatro, canciones, piezas orquestales y de cámara. Su obra cumbre, Iberia (1905-1909) fue compuesta durante su exilio voluntario en Europa. Se trata de una obra polifónica que comprende doce piezas para piano agrupadas en cuatro cuadernos con tres obras cada uno. El último de ellos contiene un homenaje a Málaga.

Un siglo después, el legado del maestro Albéniz continúa sonando fiel a su propia definición: "música española con acento universal".

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