"Me atraen los personajes que aman, aunque ese amor los lleve a perder"

brígida gallego-coín. escritora y periodista

La autora publica en Almed 'Juana la loca. La Reina que nadie amó', un retrato de la madre del emperador Carlos

"Me atraen los personajes que aman, aunque ese amor los lleve a perder"
"Me atraen los personajes que aman, aunque ese amor los lleve a perder"
G. Cappa

18 de enero 2016 - 05:00

-"Me hiciste sufrir, Felipe. Tú también me hiciste sufrir, padre. Y tú, Carlos, hijo mío. No quise rebelarme porque me educaron para la obediencia y porque a todos os amé demasiado". La historia de la Reconquista está plagada de mujeres con una gran vitalidad, que lucharon por el poder como su propia madre o que se movían como pez en el agua en las intrigas palaciegas. ¿Por qué aceptó Juana ese rol de mujer sufridora?

-Las mujeres solemos perder en igualdad de salarios, en oportunidades, la edad juega en contra nuestra, los hijos también. Si hablamos a nivel profesional… Cosas que no deberían pasar, pasan constantemente. Mucho más en la época de Juana, donde las mujeres estaban completamente obligadas a la obediencia y eran casi un instrumento. Isabel la Católica fue un personaje único. Reunía talento, ambición, rebeldía, determinación y, además, fue en mi opinión como si se produjera una alineación de astros para que consiguiera tantas cosas. Pero no era la situación de la gran mayoría de mujeres. Juana, como tercera hija de los Reyes Católicos, no fue educada para reinar como sí lo fue su hermano Juan. Ella fue educada para la obediencia. Las jugadas de la vida la llevaron a reinar, pero antes ella ya tenía encima un calvario personal que la incapacitó para esa tarea. Debió haber en su personalidad rasgos de fragilidad, porque a pesar de que suyo era el poder, fue incapaz de mantenerse fuerte ante la ambición de su marido y de su padre. La oportunidad de reinar que le ofrecieron los Comuneros también la rechazó porque no quiso ponerse en contra de su hijo Carlos el Emperador.

-¿Por qué se decidió a escribir sobre este personaje histórico?

-Por todas las contradicciones de su vida, Juana tiene un encanto muy especial como personaje y ha inspirado a tantos artistas... A mí me atrae su faceta de mujer que, teniéndolo todo o pudiéndolo tener todo, acaba encerrada sin luchar. Creo que fueron muy injustos con ella. Y si tuvo algún rasgo de inestabilidad psicológica o de fragilidad, fue quizás por una extrema sensibilidad y, desde luego, una notable ausencia de maldad y de ambición personal. Creo que para ella eran mucho más importantes los sentimientos que el poder. Y siendo así, normalmente, se acaba perdiendo.

-Juana le reprocha en su novela a su hijo Carlos que no estableciera su Corte en Granada. ¿Por qué imagina que Juana seguía sintiendo una gran fascinación y añoranza por la Alhambra?

-Juana vivió la conquista de Granada y conoció la Alhambra, donde transcurrió la infancia de su hermana pequeña Catalina. Nunca se habla de estos temas, pero me imagino la impresión de una niña al entrar a un verdadero palacio de las 1001 noches como era la Alhambra. Con sus lujosos muebles, sus jarrones de las Gacelas, sus alfombras, sus esencias… Si los mayores quedaban fascinados cómo no iban a quedar impresionados los niños. Además, los Reyes Católicos, sobre todo la Reina Isabel, adoraba la Alhambra, que no era sólo un lugar bellísimo, sino un símbolo total de poder. He leído documentos de los que se extrae la idea de que Juana quería que la Corte se estableciera en Granada y también de que hay partidas ordenadas por la Reina Juana para la conservación de la Alhambra. Además, para Juana como para toda esta familia Granada estaba llena de connotaciones, empezando porque aquí estaba enterrada Isabel la Católica. El largo viajo que emprendió para trasladar el féretro de su marido Felipe El Hermoso fue a Granada... En mis novelas siempre dejaré el pabellón de Granada y de la Alhambra lo más alto que pueda y haré todas las referencias posibles a mi ciudad aunque no se trate de la vida de un personaje de aquí, como es el caso de Juana I de Castilla, nacida en Toledo. ¿Por qué? Considero que Granada y su pasado, su belleza, son algo único de lo que hay que estar pendientes y tratar con mucho mimo. Desde la clase política a cualquier ciudadano. Hablo de la Alhambra y de Granada porque las amo y quiero que quien me lea las ame también y le atrape el gusanillo de venir.

-A diferencia de Felipe y de Fernando, a los que imagina en el infierno, Juana salva a su madre como un alma pura. ¿Por qué?

-Creo que ella debía tener una gran espina y un gran remordimiento en su alma desde que se enfrentó con su madre en el Castillo de la Mota de Valladolid. El matrimonio de Felipe y Juana fue tan turbulento y la actitud de Felipe tan contraria a los intereses de los Reyes Católicos que no me extrañaría que Isabel y Fernando hubieran tratado de procurar una separación de ambos aun estando Juana de nuevo embarazada. Así fue cuando, unos meses antes de que naciera Fernando, Felipe, airado, abandonó Castilla precipitadamente para marcharse a Flandes. Una vez en Flandes urdió una trampa para Juana. Hizo como que el hijo de ambos, Carlos, el futuro Emperador, escribía a su madre pidiéndole que regresara porque la echaba de menos. Fue una maldad terrible porque Carlos era muy niño, apenas tenía trato con su madre, puesto que Felipe lo había separado de ella, lo había mandado a Malinas, con su tía Margarita de Habsburgo, que hacía de madre de los hijos de Juana y Felipe. La Reina Isabel trató de hacerle ver que era una trampa, una estrategia, pero ella cegada sin duda por el amor a su esposo y a sus hijos, y con el deseo de reunirse con ellos y ser feliz, no quiso hacer caso a su madre. Sin apenas ropa se fue hasta la puerta de entrada del castillo de la Mota y allí permaneció, en pleno invierno castellano, aterida de frío y negándose a comer hasta que no la dejaran partir a Flandes. El pueblo se enteró y empezaron a llamarla "La Loca". Cuando su madre la Reina acudió, muy enferma, al castillo de la Mota, la trató con dureza hasta que Isabel tiró la toalla y la dejó partir. Cuando Juana llegó a Flandes se dio cuenta que su madre llevaba razón. Ni Felipe estaba dispuesto a amarla ni a dejarla encargarse de la educación de sus hijos. Al cabo de unos meses, la Reina murió en Castilla. La última vez que se encontraron fue tras esa discusión que Juana siempre se debió reprochar.

-Describe el primer encuentro amoroso de Juana y Felipe el Hermoso. Él habla en alemán y ella supone que son palabras sucias mientras consuma el matrimonio. Después él le dice que no le gusta la palabra amor y se va. ¿El gran problema de Juana, como el de muchas mujeres maltratadas, era de autoestima?

-Creo que Juana quería hacerlo bien tanto con sus padres como con su esposo. El problema es que Felipe el Hermoso y sus padres no tenían los mismos intereses. ¿Cómo llevarte bien con un esposo pro francés y al mismo tiempo con padres que te han casado precisamente para luchar contra Francia? Pienso que se enamoró sinceramente de Felipe y ese amor también fue uno de los factores que la llevó a la tragedia. Sufrió una terrible soledad en Flandes. Felipe la sometió a situaciones de una gran dureza. No fueron sólo el amor y los celos los que desencadenan la tragedia de Juana. Su vida fue desgraciada y no tuvo suerte como tampoco la tuvo su hermana pequeña Catalina, Reina de Inglaterra, que también vivió un tormento. Los hijos de los Reyes Católicos fueron desgraciados.

-Uno de los grandes logros narrativos consiste en plasmar la sensación de encierro y de estar apartada del mundo en Tordesillas. ¿Narrar esta soledad ha sido el gran reto de la novela?

-No me marqué ningún reto a la hora de escribir. Yo escribo para entretener y emocionar. Para que quien lea la novela y se sienta atrapado por el personaje continúe investigando a su manera en libros de historia, escuchando conferencias... Creo que el reto de la novela y de las series y películas históricas debe ser ese, despertar la curiosidad, poner el primer peldaño de una escalera que concluya en el conocimiento, la sabiduría y el amor a la historia y a sus personajes. Describir la soledad sí que fue el gran reto en la portada, obra de la gran fotógrafa María López-Linares, donde aparece una Juana casi en penumbra, abstraída con su joyero y con un halo de gran melancolía a pesar de su juventud.

-El 90% de las novelas históricas giran en torno a grandes hazañas y son casi hagiografías. ¿Por qué decidió explorar otros caminos?

-Me atraen los personajes que aman aunque ese amor los lleve a perder. Y dedico mi novela "a quienes todo perdieron" porque gracias a quienes pierden, otros, normalmente de manera injusta, ganan.

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