Albert Hammond. Músico

"A las canciones, como a las personas, las hacen mejores las imperfecciones"

  • El cantante y compositor británico, figura clave de la música popular del último medio siglo y autor de cientos de canciones inolvidables, actuará el 26 de julio en el Starlite de Marbella.

¿Acaso necesita presentación Albert Hammond (Londres, 1944), verdadera leyenda del pop de los años 60 y 70, autor de cientos de canciones en español e inglés (influencia de una infancia gibraltareña) para artistas como Julio Iglesias, Withney Houston, Willie Nelson, Diane Warren, Johnny Cash, Richard Carpenter y Art Garfunkel, creador de himnos como It never rains in Southern California, The Free Electric Band y Down by the river, padre del guitarrista de The Strokes llamado también Albert Hammond, ganador de varios Grammys, miembro del Salón de la Fama y Caballero de la Orden del Imperio Británico? No, no la necesita. El próximo 26 de julio ofrecerá en Marbella, dentro del Starlite Festival, el único concierto en España de su nueva gira.

-Actuar en Marbella debe ser para usted como hacerlo en casa.

-Pues sí, sobre todo porque vivo al lado, en Sotogrande. Fíjate, es el único concierto en España que voy a dar en una gira que incluye otras cien actuaciones en todo el mundo. Me llevaron al Auditorio de las Canteras, donde hacen el Starlite Festival, y me pareció un sitio precioso. Además, para mí siempre es importante cantar en Andalucía.

-En 2010 regresó a los escenarios con la publicación de Legend, después de treinta años sin pisarlos. ¿Qué sensaciones despierta hoy en usted el público?

-Actuar en directo es algo que no necesito hacer. Podría vivir tranquilo sin ello. Pero lo hago porque lo sigo llevando por dentro. A pesar de que, como dices, estuve treinta años dedicado únicamente a componer, siempre me he sentido cerca del público. Y lo cierto es que las dos horas que paso en un escenario me reportan una felicidad plena. En los conciertos estallan muchas emociones porque reviso todos mis éxitos, desde el primero hasta el último, y eso permite al público revisar 50 años de sus propias vidas, con toda la nostalgia, por más que vengan a verme personas de edades muy distintas. Ofrecer esa oportunidad es algo muy bonito. Siempre le digo a mi mujer que, si he de morir, prefiero que sea en un escenario.

-¿En qué momento sintió que había conseguido lo que se había propuesto como músico?

-En 2008, cuando ingresé en el Hall of Fame (Salón de la Fama) de EEUU como compositor. Me gustó mucho aquello porque no fue un asunto político, sino un reconocimiento que me brindaban compañeros y periodistas. ¡Piensa que ahí figura gente como George Gershwin! Cuando me llamó para comunicármelo mi amigo Hal David, con quien escribí muchas canciones, y que lamentablemente ya falleció, me puse a llorar. Mi mujer creía que había muerto alguien.

-Imagino que a comienzos de los años 60 flotaba en el ambiente la idea de que las cosas podían contarse, e incluso cambiarse, con la música. Medio siglo después, ¿mantiene esta ilusión, o le ha podido la decepción?

-No, yo sigo haciendo exactamente aquello en lo que creo. Siempre les digo a los jóvenes que la única forma de triunfar en esto es seguir haciéndolo, siempre, intentarlo una y otra vez. A lo largo de mi carrera he aprendido que la música cura. Me gusta decirlo en inglés: music heals. Una vez conocí el caso de un anciano que llevaba diez años paralizado en una silla de ruedas. Habían probado con él todo tipo de terapias y no habían logrado que moviera un músculo. Un día, una de las enfermeras que le cuidaba le puso en los oídos un ipod, de la manera más inocente, y salió a hacer su trabajo. Cuando volvió, diez minutos después, resulta que el anciano estaba moviendo el pie al compás de la música. Los médicos no se lo creían. Si llevas eso a cualquier orden de la vida, comprobarás lo que la música es capaz de hacer. Y sí, claro que se pueden decir cosas. Yo escribo muchas canciones de amor, pero cuando estalló la guerra de Iraq lancé el disco Revolution of the heart y allí lo dije bien claro: "No en mi nombre".

-¿Existe la fórmula para hacer la canción perfecta?

-Nunca debe uno acercarse a la música con una idea de perfección. Si el universo fuese perfecto, sencillamente no existiríamos. Pero los científicos ya han dejado claro que el universo no es perfecto. Con las personas ocurre igual: no somos criaturas perfectas. Todo el mundo tiene una oreja más grande que otra, y esas imperfecciones nos definen. Con las canciones ocurre como con las personas: lo que las hace más bonitas y mejores son las imperfecciones.

-¿Qué idioma prefiere para componer, el inglés o el español?

-Me crié con las dos lenguas y me comunico sin problemas con ambas, así que me gusta componer tanto en una como en otra. Eso sí, es cierto que el inglés me atrae algo más, porque es un idioma muy apropiado para el rock. También lo es para el jazz, aunque se trate de una música más minoritaria. El inglés es un idioma más pobre que el español, y por eso resulta más útil para decir cosas. El español precisa a veces más palabras. A veces, sin embargo, ocurre que traduzco al español una canción que compuse originalmente en inglés y me gusta más en su segunda versión. Eso me sucedió con Woman of the world: la traduje como Eres toda una mujer y la verdad es que siempre me ha gustado más así.

-A lo largo de su carrera ha compuesto canciones para muchos artistas, pero ¿qué voz ha echado más de menos?

-Bueno, me habría gustado mucho trabajar con Frank Sinatra, con Elvis y con Michael Jackson. Eran tres cantantes muy diferentes, pero los tres eran grandes artistas y grandes personas. A Sinatra le gustaba mucho It never rains in Southern California y hubo una oportunidad para hacerla en su primer disco de dúos, aunque finalmente no fue posible. Afortunadamente, sí he podido trabajar con Julio Iglesias. En 1983 compuse para él To all the girls I have loved before, y cuando iba a grabarla le propuse que la cantara a dúo con otro genio de gran corazón. Y entonces le presenté a Willie Nelson.

-Willie Nelson, un grande donde los haya.

-Desde luego. Le admiro muchísimo. Y ahí sigue, con más de 80 años, haciendo discos y dando conciertos. Me encantaría hacer lo que él hace cuando tenga su edad.

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