¿Y la ciencia?

Los principales agentes de la divulgación científica en Málaga reclaman un hueco para su disciplina en el contexto de la Málaga cultural, con más espacios y apoyos en respuesta a una demanda bien visible

¿Y la ciencia?
¿Y la ciencia?
Pablo Bujalance

28 de enero 2018 - 02:09

Málaga/El Square Kilometer Array, más conocido como SKA, será, si nada lo impide, el mayor telescopio jamás construido sobre la faz de la Tierra. En realidad, el SKA estará formado por más de un millón de antenas conectadas en un área de un kilómetro cuadrado y distribuidas entre Sudáfica y Australia. Se trata, según afirman sus promotores, de uno de los proyectos científicos más importantes de la historia, que permitirá abrazar un nuevo paradigma en lo referente a la investigación espacial y a la ingeniería. Con una precisión superior a la del Hubble, el SKA será capaz de explorar el cielo con una velocidad inédita y de hacerlo además en diversas áreas de forma simultánea. Unas cien organizaciones de veinte países trabajan en el desarrollo de este instrumento, objeto de una inversión colosal por parte de diez Estados, entre ellos España. Con tan ambiciosas previsiones, el SKA es un símbolo apropiado del glorioso momento que atraviesa el conocimiento científico: los logros teóricos y tecnológicos alcanzados en el siglo pasado mantienen intacta su fecunda alianza en el presente, con hallazgos como los propiciados en el acelerador de partículas del CERN de Ginebra que han modificado ya profundamente nuestra manera de ver y entender la realidad. El SKA, de hecho, está llamado a transformar de forma radical nuestra visión del cosmos y nuestra posición en el mismo, en una contribución decisiva a este verdadero renacimiento científico del siglo XXI. Pues bien, el SKA tendrá próximamente una conexión malagueña a través del inestimable ejercicio de la divulgación: el 14 de abril, la investigadora del Instituto de Astrofísica de Andalucía y coordinadora de la participación española en el SKA, Lourdes Verdes-Montenegro, pronunciará a las 12:00 en el Centro Principia una conferencia en la que desgranará de manera accesible las claves del proyecto a través de una conferencia de jugoso título: El SKA o qué tienen que ver Einstein, Jodie Foster y trescientos ingenieros. Tal y como sucede en el programa de conferencias del Centro Principia, el aforo, previsiblemente, se quedará pequeño. Y es que a más de uno, tal vez, le sorprendería conocer el interés que estos temas despiertan en Málaga.

Si atendemos a cualquier otro ámbito del conocimiento científico, desde la neurobiología hasta la medicina pasando por las matemáticas y la genética, la impresión de salto mortal es idéntica, con consecuencias directas para un futuro cercano (o un presente candente) en aspectos tan cotidianos como la alimentación, la salud y el clima. La divulgación, por tanto, atraviesa una particular edad de oro: es mucho lo que hay que contar y explicar respecto a este desarrollo para dar a entender a la ciudadanía el prodigioso momento que atravesamos como especie. Pero no siempre es fácil. Y, aunque resulte triste admitirlo, Málaga ofrece un buen ejemplo de cómo todos estos avances pueden quedarse en la más ignota de las sombras por la despreocupación a la hora de incorporar la ciencia a un proyecto de ciudad. Los principales agentes de la divulgación científica en Málaga insisten en valorar el talento humano, la calidad investigadora y la atención de un público creciente, en relación con el argumento de que la ciencia está de moda. Pero apuntan igualmente una dependencia excesiva del voluntarismo, la carencia de espacios para la divulgación y el más absoluto desentendimiento por parte de las administraciones, lo que entraría de lleno en un agravio comparativo respecto a los museos de arte. Hay una idea común, en todo caso: la de que una ciudad que hace de la cultura su emblema no puede definirse como cultural si no cuenta con la ciencia entre sus valores preferentes.

Extraer la ciencia del discurso en torno a la cultura delata una falta de sensibilidad"El interés por la ciencia ha crecido mucho, pero no lo ha hecho la oferta para satisfacerlo"La política museística de Málaga va dirigida al turista, pero la ciencia busca al público cercano"

Inaugurado en el año 2000, el Centro Principia tiene su sostén en un consorcio del que forman parte (entre otros) la Diputación Provincial, la Junta de Andalucía y la Fundación Unicaja. Además, el Ayuntamiento ejerce de entidad colaboradora. La participación en sus actividades (desde observaciones astronómicas a las visitas a su planetario y las salas expositivas, pasando por los ciclos de conferencias) cuentan con una respuesta masiva por parte de los interesados, y esto, paradójicamente, llega a ser un problema tal y como explica su director, Carlos Durán: "El edificio se nos ha quedado pequeño y no podemos satisfacer la demanda que nos llega. Además, contamos con muy poco personal y dependemos en gran medida de la voluntad y las ganas de los profesores e investigadores que nos ayudan altruistamente desde fuera". Durán subraya que el conocimiento científico despierta cada vez más interés entre la población "pero no se ha dado un crecimiento de la oferta en consonancia. Nuestras propuestas se llenan, los Encuentros con la Ciencia se llenan, iniciativas como la Noche Europea de los Investigadores que adoptó la Universidad de Málaga tienen una gran acogida, pero todo sigue organizándose con muy pocos medios, y así no se puede atender a quienes quieren disfrutar esta oferta como es debido".

Para Durán, existe un problema fundamental: una falta de sensibilidad no exenta de prejuicios que, por más que exista una demanda de divulgación científica, extiende la idea de que la ciencia no le interesa a nadie. Y esto tiene mucho que ver con el concepto propio de cultura: "En Málaga hubo en su momento una apuesta esencial por la cultura que cristalizó especialmente en el arte. Y a nadie parecía importarle mucho el hecho de que las futuras exposiciones pudieran gustar más o menos, en gran medida porque aquel proyecto no tenía como objetivo esencial a los malagueños, sino al turismo. Pero habría que dejar claro que la cultura no es sólo arte, literatura y teatro. Que una cultura sin ciencia es incompleta". Y añade Carlos Durán, con intención preclara de dar en el clavo: "Cunde la idea de que la ciencia es algo difícil de entender. Bien, es posible que si yo me pongo delante de un cuadro tampoco entienda nada. Pero habrá alguien en el museo dispuesto a explicármelo. Pues bien, tenemos en Málaga a muchos científicos dispuestos a lograr que la ciudadanía disfrute con la ciencia y descubra su tremenda utilidad. Pero no nos dan muchos oportunidades para conseguirlo".

En similares términos se expresa Enrique Viguera, profesor titular de Genética en el Departamento de Biología Celular, Genética y Fisiología de la UMA, miembro del consejo asesor científico del Museo Picasso Málaga y coordinador de los Encuentros con la Ciencia, el programa de divulgación científica que acoge todos los años, con quince ediciones ya celebradas, el espacio Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Viguera habla directamente de "incultura científica" a la hora de poner nombre al problema por el que una ciudad hace una inversión millonaria en museos de arte y destina una inversión anecdótica, cuando no directamente inexistente, a la ciencia. "Cuando llegamos a Málaga en 2004 nos dijeron que lo único que había en cuanto a divulgación científica era el Centro Principia. Tanto tiempo después, están el Centro Principia y los Encuentros con la Ciencia. Y para de contar", explica, antes de apuntar el contraste que este paisaje ejerce en una ciudad con una comunidad científica más que notable, con un talento generado en su Universidad y exportado después a algunas de las primeras instituciones académicas del planeta. Mientras tanto, los Encuentros con la Ciencia crecen en fondo y forma: el pasado diciembre, el ciclo contó entre sus conferenciantes al prestigioso microbiólogo Francisco Mojica, candidato al Nobel de Medicina; y justo este viernes se inauguró en el mismo Ámbito Cultural una exposición sobre el alzheimer por la que se han interesado la Fundación Reina Sofía y la Fundación Neurociencias y Envejecimiento; es decir, hay frutos contantes y sonantes obtenidos desde un empeño a menudo quijotesco con el que las instituciones públicas no cuentan a la hora de hacer sus respectivas cuentas sobre la ciudad. "Muy a pesar de que en ella figuren entidades como la Sociedad Malagueña de Astronomía, decana en España en su género, de la que han salido no pocos profesores del CSIC".

Enrique Viguera interpreta que el fiasco con el que se resolvió el proyecto de Art Natura en Tabacalera significó un jarro de agua fría para las expectativas: "Sobre el papel, la idea era muy buena. El promotor traía aquí sus joyas por un tiempo y se comprometía a crear un museo de las ciencias. Pasado el plazo, las joyas se irían, pero el museo se quedaría. El problema es que a nadie en el Ayuntamiento se le ocurrió comprobar qué había sucedido antes en las ciudades donde había intentado hacer este proyecto. Y ahora nadie quiere que esto vuelva a pasar". Para Viguera, la política museística "está dirigida al público de fuera, al turismo, no a los malagueños. Y, claro, la divulgación científica se dirige especialmente a los públicos más próximos". Y pone un ejemplo revelador: "Hace unos años, presentamos un proyecto al Ayuntamiento para construir un gran centro de ciencia en el Colegio de San Agustín. Nos avalaba una fundación estadounidense que se había comprometido a aportar dos millones de euros al proyecto. Se limitaron a decirnos que San Agustín había sido escogida como sede de la Biblioteca Provincial y nadie se preocupó en ofrecer la más mínima alternativa, con lo que aquella inversión se perdió sin más". Viguera valora también la aportación que muchos profesores y científicos hacen altruistamente a la divulgación, pero advierte de los riesgos de una prolonganción de este modelo "en contra de una mayor y deseable profesionalización".

El análisis del presidente de la Academia Malagueña de Ciencias, el oftalmólogo Fernando Orellana, coincide en gran medida al señalar que, si bien Málaga "ha remontado de manera espectacular en el asunto cultural, la ciencia sigue bajo mínimos. Y esto se debe, en gran medida, a una interpretación de la cultura que excluye a la ciencia, lo que demuestra muy poca sensibilidad". De cara al futuro inmediato, y al igual que apunta Carlos Durán, Orellana consideraría oportuna "una mayor coordinación entre quienes nos dedicamos a la divulgación científica", y recuerda el éxito del homenaje a Marie Curie organizado por la Academia y celebrado hace unos días en el Rectorado de la UMA como prueba del interés malagueño por la ciencia. Ahora, la misma Academia ha presentado a la Junta de Andalucía un proyecto "para un museo sobre la relación del hombre con la Tierra", que por el momento, se baraja entre la remesa de iniciativas para el Convento de la Trinidad. A cruzar los dedos.

Miguel Berrocal y las matemáticas: un vínculo posible

La incorporación de la ciencia al canon cultural reviste un especial interés en los vínculos que comparten la investigación científica y la expresión artística, un puente que tiene en el recordado escultor malagueño Miguel Berrocal un agente de primer orden. En sus esculturas modulares, Berrocal desarrolló un amplio estudio matemático que ha llamado la atención de instituciones como el Museo de las Matemáticas de Nueva York, que de hecho ha expuesto algunas de sus obras gracias a los acuerdos alcanzados con la Fundación Miguel Berrocal. El museo dedicado al artista, aún condenado al papel, abriría puertas ilustrativas.

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