Rocío Márquez. cantaora

"Si te concentras en entrar en Radiolé, no prestas atención a lo que tienes que dar"

  • Tras revolucionar el flamenco el año pasado con su 'Firmamento', la onubense actuará en el Cervantes el próximo día 24 dentro del Terral con un formato tradicional y con igual talento

Rocío Márquez (Huelva, 1985), ayer, antes de la entrevista: dueña y señora de la calle Larios. Rocío Márquez (Huelva, 1985), ayer, antes de la entrevista: dueña y señora de la calle Larios.

Rocío Márquez (Huelva, 1985), ayer, antes de la entrevista: dueña y señora de la calle Larios. / javier albiñana

La publicación el año pasado del disco Firmamento confirmó lo que Rocío Márquez (Huelva, 1985) ya había apuntado en 2014 con El niño: la vertebración de un flamenco hecho en el siglo XXI para el siglo XXI, sin ruidos ni extremos, en una celebración de la vanguardia adscrita exclusivamente a lo musical, sin imposturas. Con su voz prodigiosa, afinada y templada en matices sorprendentes, la cantaora disfruta también en sus actuaciones del formato más tradicional; y así comparecerá en el Teatro Cervantes de Málaga el próximo día 24 dentro del Terral, junto a Manuel Herrera a la guitarra y el compás de Los Mellis. Autora de una tesis doctoral sobre la técnica vocal del flamenco, Márquez encarna la síntesis perfecta de sabiduría y estética, tal y como demuestra en la conversación.

-Ha pasado ya un año desde la publicación de Firmamento, un álbum que dio mucho que hablar. ¿Qué sensaciones permanecen?

-Ha sido un trabajo muy positivo. A ver, cuando entro a grabar tengo que sentir la necesidad de hacerlo. Tal vez con el primer disco estuve un poco más empujada por las circunstancias, por decirlo así. Pero El Niño y Firmamento han sido apuestas muy conscientes, que llegaron después de haberlas probado a fondo en los escenarios. Firmamento nació de hecho después del concierto en el Teatro Real, sentíamos que podíamos tirar más de la cuerda para comprobar hasta dónde podíamos llegar, y eso hicimos. Cuando sacas los pies del plato, eso sí, puede salirte bien o mal. Toda búsqueda es bienvenida, claro, pero hay que aceptar que no siempre vamos a llegar a un sitio interesante. En realidad, pongo mucha más atención en el proceso que en el resultado final.

-¿La revolución en el flamenco era posible sin ruidos, sin rupturas, a pesar de las tendencias que más atención han recibido?

-Es que yo soy más reformista que rupturista. Pero es una cuestión natural. Por ejemplo, yo siempre había disfrutado mucho viendo a los músicos de Proyecto Lorca, con Tomás de Perrate o con Israel Galván. Y fue el Teatro Real el que nos ofreció la oportunidad de hacer algo juntos. Aquello me hizo mucha ilusión, pero nada más empezar comprendí que tenía que cambiar mi timbre de voz o no iba a ninguna parte. La experiencia me sirvió para aprender muchísimo, sentí que estaba abriendo puertas, pero yo no había sido consciente de ello hasta que nos pusimos a trabajar. No hubo ninguna intención de llevar el flamenco a ningún sitio, aquella aproximación a la música contemporánea vino dada y la aproveché, eso es todo. Estas cosas no son para mí una meta a la que llegar, sino un punto de partida.

-Precisamente, tanto en sus discos como en sus recitales más tradicionales suele usted moverse en tonos arriesgados. ¿Cómo se relaciona con su voz?

-Digamos que tengo una paleta melódica asentada a partir de la que quiero crecer y descubrir. La voz trabaja mucho en función del tipo de resonador que emplees: cada hueco que tenemos en la cabeza suena de una manera distinta, lo que abre un abanico bien amplio de posibilidades. En general, me angustian las limitaciones autoimpuestas y las que nos impone la sociedad, y en esto el cante no es ajeno. Me entran calores de pensar que la gente tenga que reconocerme por cantar de una determinada manera. Tengo un timbre, pero puedo lograr con él colores muy distintos. El trabajo técnico sirve precisamente para abrir el campo artístico, para ganar herramientas y para llegar a más sitios

-A la hora de cantar en directo, ¿le resulta complicado respetar las fronteras entre el repertorio y la improvisación espontánea?

-En los recitales tradicionales me cuesta la vida cerrar los repertorios que nos piden antes, porque depende mucho de cómo te sientas ese día, del espacio en el que cantes, de la relación con el público, de muchos factores. En otro tipo de espectáculos los programas están más o menos fijados, pero en una actuación con guitarra siempre cambias cosas. La última vez que nos pasó fue en el Auditorio Nacional, en una actuación compartida con Kiko Veneno y Carmen Linares. Ellos habían entregado sus repertorios a la organización y yo no hacía más que demorarlo. Era consciente de la importancia del escenario, de que habría más de dos mil personas mirándonos desde todas partes, pero por eso justamente no tuve claro qué cantaría hasta el mismo día del concierto. Eso sí, es fundamental para esto tener confianza con tus músicos, y tengo la suerte de que Manuel Herrera y Los Mellis nos conocemos de lejos después de tantos años. Nos leemos mutuamente antes de que hagamos nada.

-Ha citado a Carmen Linares y siempre me ha parecido que usted es una de las discípulas más aventajadas de su escuela.

-De Carmen Linares soy una fan absoluta, desde luego. En el flamenco tradicional me gustan mucho los cantaores de principios del siglo pasado, Marchena, Vallejo, Pastora, Chacón. Es el flamenco que más escucho. Y también porque a nivel tímbrico van muy bien con mi voz. Fuera del flamenco me interesan mucho el jazz manouche, John Coltrane, Johnny Cash. Soy muy de ese sonido. Prefiero la naturalidad, lo que se da sin más. Lo que se pierde cuando entramos en la ondamarketing. Carmen Linares ha arriesgado en el cante más que nadie sin colgarse ninguna etiqueta, con toda esa naturalidad. Por eso la admiro tanto.

-Pero, ¿no es la ondamarketing algo inevitable?

-Hasta cierto punto. Cuando te haces una foto, tú controlas la postura y sabes adónde te lleva una cosa y adónde te lleva la otra. Es evidente que cuando haces un disco quieres que llegue al público más amplio posible, pero yo he grabado para Universal y allí nunca me han dicho lo que tenía que hacer. Han respetado siempre nuestras propuestas, y por eso me siento muy agradecida. En este trabajo puedes controlar parte del discurso si quieres hacerlo. Yo lo hago. Por eso hay que ser consecuente con la elección personal que asumes. Es bonito, en todo caso, que en este mundo del flamenco trabajemos personas distintas y que cada uno defienda una manera de crear diferente.

-¿Echa de menos un mayor reconocimiento del flamenco, más divulgación, más escaparates?

-No sé si peco de optimista, pero veo un momento interesante. Hay propuestas alternativas que van calando poco a poco en un nuevo tipo de público. Pero lo que no puedo hacer es grabar un disco pensando en que entre en Radiolé. Si te concentras en esto, no prestas atención a lo que tienes que dar. En mi caso, este trabajo es más de mirar hacia adentro que mirar hacia afuera. Si resulta que así viene más público, pues maravilloso. Es una consecuencia positiva, pero no es desde luego un objetivo prioritario en mi lista.

-¿En qué dirección le gustaría crecer como cantaora?

-No lo sé. Me cuesta pensar en el futuro, soy más de lo que hago hoy. No sé cuál va a ser mi necesidad a largo plazo, y dependerá de eso. En todo caso, yo busco siempre mi felicidad y, si puede ser, la de la gente que está a mi alrededor. A partir de aquí, no sé qué me interesará artísticamente en un futuro, pero sí sé que haré lo que pueda para acercarme a lo que me haga más feliz. De eso se trata.

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