Darío Jaramillo | Escritor “Suelen renegar del Lorca popular, pero a mí no ha dejado de gustarme”

  • El poeta colombiano habla de su oficio, de sus máximas influencias y de la diáspora venezolana tras hacerse hace unos días con el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca

Primer plano del escritor colombiano, Darío Jarrillo, en una imagen de archivo. Primer plano del escritor colombiano, Darío Jarrillo, en una imagen de archivo.

Primer plano del escritor colombiano, Darío Jarrillo, en una imagen de archivo. / M. H.

Decía Rilke que “la verdadera patria del hombre es la infancia”. La de Darío Jaramillo (Santa Rosa de Osos, Antioquía, 1947), flamante Premio Lorca, estuvo marcada por los sonetos de Lope de Vega y de Quevedo que su padre le recitaba cuando era un niño. El fútbol y la música también jugaron un papel fundamental en su vida. “Me crié con boleros, rancheras y tangos”, recuerda el escritor, que por “pura casualidad” se encontraba en España (en Valencia, concretamente) hace unos días, cuando desde Granada se anunció el fallo del galardón.

A los 16 años, cayó en las manos del poeta el Canto a mí mismo de Walt Whitman. Ya nada fue igual. “Su poesía se ajusta perfectamente a mi alma”, reconoce en esta entrevista, que concedió horas después de recibir la “maravillosa” noticia del Premio Lorca. El escritor colombiano tampoco se olvidó del poeta granadino: “El Lorca popular, el del Romancero gitano, nunca ha dejado de gustarme, aunque la gente reniegue de él y se quede con Poeta en Nueva York”, dice. Considerado el principal renovador de la poesía amorosa en Colombia, Jaramillo es también uno de los mejores poetas tanto de la llamada “generación desencantada” como de la segunda mitad del siglo XX. El autor recibirá el Premio Lorca de Poesía la próxima primavera en Granada.

–El jurado lo ha elegido por ser “un relevante poeta del amor, el sentimiento y la intimidad”. ¿Cómo se definiría usted mismo?

–Yo soy un aprendiz de poeta. Lo he sido toda la vida. Como decía el título de una película, todos los poetas están muertos. Los que estamos vivos apenas somos aprendices. Espero seguir siéndolo.

–Usted, al igual que Lorca, sostiene desde sus primeras obras una profunda, estática y a veces agónica meditación sobre el amor. El amor es además uno de los temas centrales de su obra. ¿Nada inspira más que “el hondo, el buen amor”, que diría José Agustín Goytisolo?

"Sentimos cómo nos enseñan las canciones a sentir, la poesía debe tener un componente rítmico, musical”

–Uno para escribir poemas de amor necesita estar enamorado, pero cuando uno está así no tiene palabras porque está enloquecido. A la hora de escribir de amor hay que hacerlo en dos tandas: primero uno escribe lo que le sale y después dejar pasar el tiempo. El buen poema se come frío. Luego entra la carpintería del poema y toca la parte más artesanal.

–La de la poda...

–Sí. Siempre hay que hacerla mucho tiempo después de haber escrito los versos.

–“Sé que el amor / no existe / y sé también / que te amo”, escribe en uno de sus poemas. ¿La poesía debe encerrar contradicciones al igual que la condición humana para calar en el público?

–Totalmente de acuerdo. La poesía no tiene nada que ver con la lógica racional ni con las construcciones mentales. Como todo en el hombre, somos contradicción.

–Ha construido una obra que, como la de Lorca, estrecha lazos con la canción popular de su tiempo. ¿Qué ha aprendido escuchando esta música?

–Siempre tendemos a despreciar las letras de las canciones populares. Yo me crié, me amamanté digamos, con boleros, rancheras y tangos. Hay mucha y buena poesía en la canción popular. Es más, creo que la forma de sentir nos la condiciona la música que oímos. No es que las canciones salgan para la situación sino que estamos bajo el imperio de los sentimientos que transmiten las canciones. De hecho, he escrito un libro sobre esto llamado Poesía en la canción popular latinoamericana. Sentimos como nos enseñan las canciones a sentir. La poesía escrita debe tener además un componente rítmico, musical, para que funcione.

–Su afición por la lectura la alimenta desde niño. ¿Su percepción de la poesía cambió mucho al leer a Whitman?

–Sí. Me condicionó para el resto de la vida. Yo tiendo a escribir poemas con versos muy largos, como él. Ese encuentro con su poesía fue algo así como cuando el zapato se ajusta perfecto al pie. Su poesía se ajusta perfectamente a mi alma.

–Whitman apela al sentimiento de fraternidad de los seres humanos. ¿En estos tiempos en los que triunfa la derecha más radical, la empatía brilla por su ausencia y se deja de lado la diáspora venezolana hay que leer más que nunca su poesía?

–Sí. El hombre no es un ser privilegiado rey de la naturaleza, sino que es parte de la naturaleza. Es otro animal más que tiene que adaptarse al resto de los seres que pueblan la tierra. Hay que hablar más de la diáspora venezolana. Para nosotros los colombianos no es ningún ajetreo recibir a la gente de Venezuela. Ellos son del mismo país que nosotros. Decían que había llegado un millón de venezolanos a Colombia. Escribo mucho sobre ellos. Admiro mucho la literatura venezolana, a gente como Rafael Cadenas, otro poeta que ganó el Premio Lorca, por cierto.

–¿Le asusta lo que está ocurriendo en Brasil con Bolsonaro?

–Me asusta toda la gente que está en el poder [ríe]. La gente que tiene la enfermedad del poder y que tiene una pasión por mandar tiene un toque de locura que asusta a todos. Ya sea Bolsonaro o Trump. Ellos son más visibles porque están más caricaturizados, pero en general a la gente que anda en la onda de mandar algún tornillo le falta.

–¿Le molesta que se asocie su país al narcotráfico?

–Ese tipo de generalización, los colombianos somos narcos, es como si yo digo que todos los españoles son toreros. No todos somos narcos. Uno termina sabiendo que todos somos individuos y que no somos homogeneizables. Lo que dijo es un principio de acusación y eso molesta. Imagine que yo pensara que usted se dedica a bailar flamenco por ser granadina.

–El otro día me decía una poeta granadina que “el mayor enemigo de la poesía hoy día es la prisa”. ¿Está de acuerdo?

"Me asusta toda la gente que está en el poder; por lo general a esas personas les suele faltar algún tornillo”

–Totalmente. La mayor enfermedad en el mundo hoy es la enfermedad contra el tiempo, la enfermedad de la prisa. La poesía es ante todo la negación de la prisa y la afirmación de que el tiempo pasa pero no en contra de nosotros.

–Ha ejercido otros trabajos en el ámbito de la economía. ¿Se imagina su vida sin escribir ni leer poemas?

–Ahora mismo no, pero también sé que uno se acostumbra a todo. Si un día se me acaba la vista y no puedo leer, alguna cosa resultará. Así como cuando tenía 15 años y pensaba que el mundo sin jugar al fútbol era imposible, ahora, con 70 años, sé que el mundo es posible sin jugar a este deporte.

–Todavía no hemos hablado de Lorca. ¿Está entre sus autores favoritos?

–Sí, sin duda, y toda esa generación de poetas. Me gusta Lorca y todo Lorca. Con él pasa que dicen que Poeta en Nueva York es un gran libro y se resisten a los romances, por ejemplo. Y a mí me interesa mucho el Lorca popular, el del Romancero gitano. Es el primer Lorca que conocemos cuando somos niños, y deja huella. A mí no ha dejado de gustarme. Cernuda, Salinas y Lorca son los grandes poetas de su generación.

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