Alejandro Acosta. Músico

"Uno no deja de flipar con las noticias y con cómo nos toman el pelo en España"

  • El productor y DJ canario presenta hoy en la sala París 15 junto a la cantante Cristina Manjón 'Nita' el tercer disco de Fuel Fandango, donde conjugan flamenco y electrónica sin despeinarse.

¿Alguien se imagina que puede salir de la mezcla de Arcángel y Caribou? ¿O de Lole y Manuel y Chemical Brothers? Fuel Fandango, dúo musical formado por Alejandro Acosta Ale y Cristina Manjón Nita, ha conseguido en su nuevo disco mezclar dos géneros tan dispares como el flamenco y la electrónica sin apenas despeinarse. "El único criterio es que nos guste", reconoce Ale al otro lado del teléfono. Aurora transita de manera elegante por un camino donde las fronteras entre ambos géneros se difuminan por completo sin quedar forzado, ni chirriar, como ocurría antaño. Hoy la pareja artística aterriza en Málaga, en la sala París 15 a las 23:00, para hacer mover el esqueleto -cual rave- o, incluso, palmear o agitar un abanico. ¡Olé!

-¿Echando la vista atrás, en qué se diferencia el Fuel Fandango de Always searching (Fuel Fandango) al de Salvaje (Amanecer)?

-Se observa una evolución bastante natural. Nos lo pedía ya el cuerpo. Nos sentimos mucho más cómodos a la hora de fusionar flamenco y electrónica. Hemos hecho cientos de conciertos en cinco años y la banda ha evolucionado. En este tercer trabajo se nota.

-¿Dónde está el límite a la hora de fusionar géneros tan dispares como el flamenco y la electrónica?

-El límite lo ponen nuestros gustos personales, es decir, terminamos de componer y si nos gusta lo que suena pues para delante. Eso sí, fusionamos estos dos géneros desde el respeto y el conocimiento. Yo conozco muy bien la electrónica y Nita el flamenco. Nos dejamos llevar por nuestra intuición también.

-Enrique Morente hablaba de la coherencia, de plasmar en los trabajos lo que uno ha mamao. ¿Qué bandas les inspiran?

-Nita viene de Córdoba y ha cantado flamenco desde que era chica, así que le corre por las venas. Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Arcángel... Ella escucha fandangos a menudo. Y yo también soy un enamorado del flamenco desde que llegué a Madrid hace 15 años. Me encanta -el cantaor- El Potito. Hace unos días fuimos a ver a Moderat, una banda de Berlín que hace una electrónica flipante. Caribou también. Somos muy fan de esos géneros, pero también nos gusta el soul o el funky. Todo eso está en nuestra coctelera.

-En la canción El todo y la nada, con El Niño de Elche, se escucha un juego de palmas. ¿Su música se puede palmear?

-Sí, jaja. En nuestros directos la gente palmea. Esas palmas, la de ese tema, pertenecen a una bulería muy antigua, de los años 60, que encontré en una antología. Son samples -pequeña fracción de música que se coge de una canción para crear un tema distinto- muy antiguos.

-¿A la hora de elegir esos samples, qué fue lo que le hizo escoger uno u otro tema?

-La sonoridad, sobre todo. Voy sampleando de una antología del flamenco de una edición francesa. Fíjate. Vinieron a España, a pueblos de Huelva, para grabar flamenco. Son bases muy antiguas y ahí encuentro unas sonoridades muy atractivas para meterlas en nuestras producciones.

-Ha producido el disco a medias con Steve Dub, responsable de grabaciones de Chemical Brothers y autor de remixes para The Prodigy o Daft Punk. ¿Qué ha aportado al sonido del dúo?

-Me suelo preocupar bastante por eso. Como productor me gusta que las cosas suenen bien, así que contacté con Steve Dub porque me gusta mucho el trabajo que hace en los discos de Chemical Brothers. Él estuvo trabajando en la mezcla para conseguir ese sonido contundente y cañero.

-Burning, Toda la vida, El viento. ¿Tenían ustedes claro desde un principio que querían un disco tan bailable?

-Sí. En el anterior, en Trece Lunas, era más rockero, pero luego durante esa gira los temas se convirtieron en versiones más electrónicas. Y nos dimos cuenta que con Aurora queríamos hacer un disco con más carga electrónica y a la vez con más carga flamenca. Queríamos centrarnos en esa fusión.

-Aurora transmite mucha energía, desde luego.

-Sí, esa era la idea, trasmitir mucha energía y buen rollo.

-Ya no tengo fe en nada / Y ahora la gente ya no puede respirar / Ni caminar en libertad. ¿Os inspiró la situación político social que se vive en España?

-Sí, está claro. Uno no deja de flipar con las noticias que van saliendo, con cómo nos toman el pelo en este país. Salvaje salió en apenas una mañana. Estábamos muy cabreados. No recuerdo la noticia que habíamos escuchado en la radio de camino al estudio... Pero es obvio que eso nos afecta y nos preguntamos hasta cuándo van a seguir las cosas así en España. Al menos nos desahogamos.

-¿Hasta qué punto es responsabilidad de los músicos airear las vergüenzas de los políticos?

-No sé... Creo que eso va en cada persona, más que en un músico o banda, lo de estar comprometido con la sociedad donde uno vive. Considero personalmente que a lo que me dedico es a la música. En debates privados con mis amigos sí que puedo hablar de política, pero no tengo la potestad. Al final intento separar un poco las dos cosas porque al final la música para mí es un canal de expresión, más poético y más artístico, que político.

-Lleva bastante tiempo metido en el mundo de la música. ¿Ha notado la crisis?

-Claro. Antes era más fácil sacar discos y venderlos y las compañías apostaban más por bandas jóvenes. Ahora sólo tienes tu directo para demostrar la valía de tu banda.

-También las redes sociales, las plataformas en streaming como Spotify. ¿Les llegan a pagar mucho por las escuchas ahí?

-Es una manera de democratizar la música. Pues no, no recibimos todo el dinero que deberíamos en esta plataforma. Aunque este tema merece solo una entrevista.

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