Diego carrasco. Guitarrista y cantaor

"Me pone malo el diminutivo 'flamenquito', el flamenco se escribe con mayúsculas"

  • El artista acaba de lanzar el disco 'No m'arrecojo', con el que celebra sus 50 años de carrera y en el que rodea de artistas como Estrella Morente, Calamaro, Javier Ruibal, Dorantes y Tomasito

El guitarrista, cantaor y compositor Diego Carrasco. El guitarrista, cantaor y compositor Diego Carrasco.

El guitarrista, cantaor y compositor Diego Carrasco. / marta vila

Al compás del tres por cuatro, con la sonrisa como escudo y la guasa de aliada, a Diego Carrasco (Jerez, 1954) se le han pasado volando las cinco décadas que lleva sobre los escenarios, lo mismo como guitarrista de Lola Flores, Antonio Gades, La Piriñaca o Tío Borrico, con quienes empezó, que imprimiendo aire fresco al flamenco con sus contemporáneos o formando el alboroto con sus canciones y su personal estilo. Un camino "feliz" que celebra ahora acompañado de los suyos en No m'arrecojo. 50 años en familia, el disco con el que reafirma su nula intención de perderse lo que le queda por aprender, y en el que se rodea de aliados como Estrella Morente, Calamaro, Javier Ruibal, Dorantes y Tomasito.

-Vive el flamenco como una fiesta eterna. ¿Qué le da el escenario para no querer arrecogerse?

El flamenco es un arte vivo, lo mejor que le ha podido pasar es que se le abrieran las ventanas al mundo"Estos 50 años se me han pasado volando. Me siento más joven que nunca y con las mismas ganas de aprender"

-Me da la vida, el escenario forma parte de mí. Creo que sin la música no podríamos vivir, no sólo los músicos, nadie en general. Por eso voy a intentar pegarme otros 50 años más [risas].

-Cincuenta años, que se dice pronto. ¿Cómo se sobrevive en el flamenco?

-Pues no es fácil, pero se te pasan volando, prácticamente no me he enterado. Soy una persona muy inquieta que siempre está haciendo cosas, componiendo, con la guitarra o creando lo que sea, aunque no todo es bonito. Hay que trabajar mucho y tener mucha constancia. Componer es muy difícil y la guitarra, cuando la dejas tres días, se te pone agresiva, te dice: ahora vienes a verme después de la borrachera [risas]...

-Alejandro Sanz, Joaquín Sabina, Miguel Ríos, Estrella Morente, Manuel Carrasco, Andrés Calamaro o Miguel Poveda han hecho piña para cantar en su nuevo disco. ¿Qué tiene Diego Carrasco para gustar a artistas de edades y estilos tan distintos?

-No sé si soy el más indicado pero, como decía un amigo músico, para que haya armonía las cosas tienen que estar en su sitio, y hemos trabajado para eso. Me siento muy orgulloso, la respuesta de todos ha sido increíble e incluso puedo decir que se han quedado fuera muchos artistas importantes y cercanos a mí. Sentir ese cariño me hace muy feliz. Todos los que han participado han enriquecido mis canciones.

-Perteneciendo a la generación de artistas que revolucionaron el flamenco (Camarón, Paco de Lucía, Enrique Morente, El Lebrijano...), ¿cree que se ha avanzado también en estos tiempos o aquella fue una etapa irrepetible?

-Lo mejor que le pudo haber pasado en su momento al flamenco con esas aportaciones también de Triana o Smash fue que se le abrieran las ventanas al mundo. El flamenco ya de por sí tiene un peso específico y mucha personalidad, pero si es capaz de enriquecerse, sin olvidar sus pilares fundamentales, aún llega más lejos. En ese sentido me siento muy satisfecho de haber vivido esa época en la que rompimos muchas cosas para que el flamenco creciera.

-¿El flamenco tiene límites?

-Qué va, al contrario. De hecho todavía estoy aprendiendo, y lo que me queda. El flamenco tiene que estar vivo. Está el camino más ortodoxo y el de quien busca por otro lado, pero ambos son dignos de admiración y compatibles. No porque se hagan cosas nuevas va a dejar de existir lo tradicional. De hecho, ahora hay muchos jóvenes, como María Terremoto o Lela Soto, que siguen la línea más clásica. Lo que me pone malo son diminutivos como el de flamenquito, porque lo que es flamenco es flamenco, lo que es gitano es gitano y lo que es puro es puro. Y sobre todo lo que está bien hecho está bien hecho. El flamenco hay que ponerlo con mayúscula.

-Echando la vista atrás, ¿qué diría que ha permanecido intacto en usted?

-La ilusión. Siento las mismas ganas de aprender y de hacer cosas, parece que estoy empezando de nuevo constantemente. Cuando me paro es cuando pienso en la cantidad de cosas que he hecho. Le he dado dos vueltas al mundo con artistas como Lola Flores, Antonio Gades... No sé, tantos...

-¿La música le rejuvenece?

-Totalmente. Me encuentro más joven que nunca, estoy para hacerme un retrato [risas]. Estar de gira con mi Carrasco Family me enriquece muchísimo y me llena de vida porque son muy buenos músicos y todos me aportan algo.

-Su nombre se asocia a la frescura, a la guasa y, por supuesto, al compás, ¿se trata de virtudes que puedan aprenderse?

-Es verdad que me ponen esa medalla del compás, de la picaresca y de la improvisación. Sinceramente, creo que el compás es un regalo de Dios que te viene por nacer en un sitio concreto, en un barrio concreto y en una casa concreta. Nacer en Jerez, en el barrio de Santiago, rodeado de familias cantaoras por un lado y por otro, influye muchísimo. Nosotros de pequeños jugábamos a bailar y a cantar... Hay que tener en cuenta que el flamenco depende mucho del estado anímico. Por eso cuando estás a gusto eso se contagia. Claro que para estar bien tiene que ser recíproco, porque si no hay nadie que te diga un ole más vale que te acuestes.

-Ha sido guitarrista, cantautor flamenco, hippytano... ¿Con qué se identifica más a estas alturas?

-Todo forma parte de la película de mi vida. Tú eres un actor y en función del guión ahí estás... La música es tan rica y tan grande que te lleva por sitios muy distintos. Te sale solo. Unas veces he sido una cosa y otras veces otra.

-Ha dicho en alguna ocasión que la etiqueta que mejor le sienta es la de Tito Diego...

-Desde luego, la familia musical es muy importante porque se viaja mucho y se comparten muchas horas, buenas y malas. Por eso es tan bonito que te hablen con ese cariño vayas donde vayas. Muchas veces cuando voy al extranjero me pongo malo porque pienso: con lo malamente que canto y encima que no se me entiende nada [risas]. Pero qué va, al final el arte se transmite y me doy cuenta de que la música y, sobre todo el flamenco, llega a todas partes.

-En la actuación en Sevilla estarán Diego El Cigala, Matilde Coral, Remedios Amaya, El Selu, Antonio Canales y José Valencia, entre otros... ¿Qué espera de esa fiesta?

-El primero que alucina soy yo. No sólo he estado bien rodeado en el disco sino que también lo voy a estar en la gira. Llamar a la señora del baile que es doña Matilde Coral y que te diga: "Dieguito, yo ya no puedo con mi rodilla, pero por ti voy...". O que esté ahí el Tío Pedro Peña, que es el patriarca que nos queda, o Remedios, Canales... No puedo estar mejor rodeado. Espero que Sevilla lo valore y no sólo venga a ver a Diego Carrasco sino a compartir un buen rato en familia y, por supuesto, a disfrutar y olvidar los problemas.

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