Cuatro ejes románticos

Crítica de Clásica ca

J. M. Cabra Apalategui

07 de junio 2015 - 05:00

ORQUESTA FILARMÓNICA DE MÁLAGA

Programa XIV de la Temporada de Abono. Teatro Cervantes. Fecha: 5 de junio. Programa: 'Los Maestros Cantores de Nüremberg' (Obertura), R. Wagner; 'Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, Op.129', R. Schumann; 'Los Preludios, S97' (Poema sinfónico nº 3), F. Liszt; 'Don Juan, TrV 156, Op.20', R. Strauss. Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Málaga. Director: Manuel Hernández Silva. Solista: Asier Polo (violonchelo). Aforo: Cerca de mil personas (casi lleno).

El regreso de Hernández Silva a la tarima del Cervantes resultó poco menos que providencial. Irreconocible en el anterior concierto, la Orquesta Filarmónica de Málaga recuperó su mejor versión bajo la batuta de su director titular con un programa compuesto por obras de Wagner, Schumann, Liszt y Strauss: cuatro formas de entender el romanticismo que ofrecían una perspectiva casi enciclopédica de la música de la segunda mitad del XIX. La sensación de solidez en la dirección, el sonido cuidadosamente estudiado, la claridad de ideas y, en fin, la solvencia interpretativa, fueron una constante a lo largo de todo el concierto. La interpretación de los metales -muy expuestos con este programa- fue notable tanto en los Los Maestros Cantores de Núremberg, como en Los Preludios y el Don Juan, donde también descolló una percusión tremendamente eficaz a la hora de reflejar las cualidades tímbricas de la obra; la interacción de las secciones de cuerdas entre sí y de éstas con las maderas en el poema de Liszt fue un verdadero deleite; y la intensidad con que se emplearon las cuerdas en la composición de Richard Strauss obró la transfiguración en la quintaesencia tardorromántica.

Del mismo género, pero de muy distinta especie es el Concierto para violonchelo y orquesta de Schumann. Hernández Silva abordó de forma magistral el sutil equilibrio entre conjunto y solista que destila esta obra, con un sonido limpio, leve, pero con cuerpo suficiente como para hacer acto de presencia en cada momento preciso. Por su parte, y avalado por su especial sensibilidad poética, buena técnica y el sonido profundo y carnoso que extrae del instrumento, Asier Polo ofreció un concierto redondo, reservando para el colofón -la Fantasía de la Suite de Cassadó-un virtuoso juego de matices y planos sonoros.

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