Eugenio Chicano Al fondo, Estambul

El pintor malagueño Eugenio Chicano, en una imagen de 2010. El pintor malagueño Eugenio Chicano, en una imagen de 2010.

El pintor malagueño Eugenio Chicano, en una imagen de 2010. / Javier Albiñana

Era muy seductor contando historias. Como las que le contaba su padre cuando era niño mientras iban los domingos a Vélez en el legendario tren: inventando fantasías de indios haciendo señales de humo en las colinas de la Axarquía, interpretando las formas caprichosas de las nubes blancas sobre el fondo azul del cielo o explicándole que el inmenso mar que dejaban a la derecha tenía al fondo la mítica ciudad de Estambul. No sé si el padre embaucaba al niño Chicano, pero vive dios que él sí lo hacía con sus embelesados oyentes, que veían al fondo Estambul. Bromeábamos sobre la celebración de su centenario en vida, como el de Francisco Ayala. Él se reía, pero entre bromas y veras, lo veíamos posible. Por qué no, si pensábamos que Chicano era eterno.

No les voy a explicar nada del enorme artista que unía como nadie lo vanguardista y lo tradicional, lo culto y lo popular. Sino de una característica muy malagueña de su personalidad; siempre estaba disponible. No rechazaba invitación a una charla, una conferencia, o a hacer un cartel. Siempre estuvo comprometido con la cultura: impulsar el Ateneo o la Peña Juan Breva en sus primeros años, poner en marcha la Fundación Casa Natal de Picasso para enamorar a su ciudad con el genio o reclamar el edificio de La Aduana para el Museo de Málaga. Era estudioso, ordenado y minucioso. Y como buen activista pasaba de la teoría a la práctica con facilidad. Era un erudito del flamenco, coleccionista de discos o letras, y también cantaba muy elegante por soleá.

Nos queda su legado. El artístico en las mejores manos, las de Mariluz Reguero. El humano, en la memoria de todos; Chicano es eterno. Dejó dispuesto que quería descansar en Vélez-Málaga en la tierra de sus ancestros, junto a sus padres. Allí irá esta tarde poco antes de la puesta de sol. Y estará para siempre con los montes detrás, el mar de frente, y al fondo Estambul.  

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