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Cultura

Los 400 golpes de Miguel Ángel Molinero

  • ETC Libros rescata 'El atentado hueco', novela inédita del escritor, crítico, político y periodista burgalés, muy vinculado a Málaga y que tras su muerte descansa en El Cementerio Inglés

Rafael Ballesteros recuerda delante de un café (no es el primero de esta mañana) a Miguel Ángel Molinero: "Era un hombre siempre inquieto, valiente, capaz de aceptar cualquier responsabilidad. No menguaba ante la adversidad. Quería aprender siempre. Pero era, sobre todo, un hombre bueno". Ciertamente, la biografía de Molinero (Belorado, Burgos, 1948 - Madrid, 2007) da para mucho. Vivió sus primeros años entre Burgos y Valladolid y, después de licenciarse en Filología Hispánica y Periodismo, llegó por primera vez en 1965 a Málaga, ciudad con la que mantuvo un vínculo familiar, inspirador y literario que no terminó nunca. Comenzó su carrera periodística en ABC (donde ya conoció bien de cerca la difícil situación del País Vasco como enviado especial) y Blanco y Negro mientras materializaba su compromiso como militante socialista en la clandestinidad. Posteriormente fue subdirector de La Tribuna Vasca, que dirigía Eduardo Sotillos, y con la llegada de la democracia el PSOE empezó a reclamarlo para puestos de mayor responsabilidad. El ascenso culminó con su puesto de director general de Relaciones Informativas de la Presidencia del Gobierno en el primer Ejecutivo de Felipe González, para el que también ejerció de viceportavoz. Ocupó diversos puestos de trascendencia en RTVE y en otras cabeceras de prensa. Ballesteros recuerda la convicción con la que decidió marcharse a Bilbao, a pesar de que en 1970 había fijado su residencia en Madrid: "Sotillos dijo que quería a alguien con él en La Tribuna Vasca. Y él se ofreció. ¡Se ofreció! ¡En lo más duro de los años de plomo, con ETA atentando a diestro y siniestro!" Su apuesta por la paz y por la derrota del terrorismo, como demostró durante toda su vida, fue más fuerte, en todo caso, que el miedo. Molinero murió al final demasiado joven, por otros motivos. Pero la posteridad quiso cumplir para él uno de sus más íntimos deseos y sus restos descansan en uno de sus lugares predilectos: el Cementerio Inglés de una Málaga que siempre amó.

Al mismo tiempo, Molinero dirigió parte de este compromiso existencial hacia la literatura. Escribió tres libros de poesía: Venir de lejos (Colección Adonais, 1978), Tinieblas exteriores (Los Poetas del Dragón, 1988) y el póstumo y definitivo El sentido de la experiencia (Manca Editorial, 2009). En 2012, el Centro Cultural de la Generación del 27 contribuyó de manera decisiva a la proyección de Molinero como figura poética de su tiempo con la publicación de su Poesía completa, con edición de Pedro Tedde de Lorca. Además de un amplio corpus crítico, Molinero escribió dos novelas que no llegó a ver publicadas: la editorial Trama divulgó en 2008 Historia del Justiciero que le decían Cristo; y ahora, el sello malagueño ETC Libros, que dirigen precisamente el escritor Rafael Ballesteros y el poeta Juan Ceyles, acaba de lanzar El atentado hueco, un testimonio revelador de la España de mediados del siglo pasado que, a la luz de la Historia reciente, cobra un significado especial. Su lectura se hace ahora, tal vez, más necesaria.

Los protagonistas de El atentado hueco viven en la España marcada a fuego por el Mayo del 68, entre el rechazo (o supuesta indiferencia) de la versión oficial y el interés mostrado por los anónimos profetas del cambio. A la manera del bildungsroman, el relato iniciático que es El atentado hueco cuenta las desventuras de un grupo de adolescentes que en estos años inciertos evocan su infancia (entre finales de los años 50 y principios de los 60, verdadera materia literaria de Molinero) mientras constituyen la Célula del Pensamiento, una formación de preclara vocación intelectual pero con una determinación por la praxis no menor en cuanto a la intervención en la Historia. Tanto, que su objetivo no es otro que atentar contra el dictador. El autor conduce así al lector por un laberinto de emociones y referencias que se mueve entre dos planos: el de la España negra cortadora de alas y el de las cabezas llenas de ilusión por volver a empezarlo todo desde abajo. En esta mirada a la infancia desde la adolescencia, a modo de nostalgia primera, sobrevuela la inspiración de Los 400 golpes de Truffaut, película que precisamente se rodó en 1959, cuando una España anclada en sus peores pesadillas abrazaba la infancia luminosa de los protagonistas. El mismo Molinero hace una referencia explícita del filme en la novela como contexto del evocado primer amor, una cabeza apoyada en un hombro como gesto fundacional en una oscura sala de la España de posguerra.

Más allá del argumento, sin embargo, El atentado hueco presenta un ejercicio de estilo excepcional, depurado y a la vez complejo, nada complaciente, barroco y sin embargo preciso, en el que late el poeta que fue Miguel Ángel Molinero. "El sentido de la experiencia demostró que Miguel Ángel fue un grandísimo poeta", recuerda Juan Ceyles. Ahora, el novelista vuelve para quedarse.

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