Cultura

Un gran espectáculo interpretativo

Drama, EEUU, 2011, 146 min. Dirección: Tate Taylor. Guión: Tate Taylor. Intérpretes: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Allison Janney, Sissy Spacek. Fotografía: Stephen Goldblatt. Música: Thomas Newman. Cines: Vialia, Plaza Mayor, Málaga Nostrum, Rincón de la Victoria, Miramar.

En 2009 la debutante Kathryn Stockett se convirtió en la novelista revelación del año -más de un millón de ejemplares vendidos- al publicar, tras haber sido rechazada por medio centenar de editores, The Help, una crónica de las humillaciones sufridas por las criadas negras en el Jackson -su ciudad natal- de los años 60.

En 1852 Harriet Beecher Stowe publicó La cabaña del tío Tom, la novela americana de mayor éxito en el siglo XIX: 300.000 ejemplares vendidos sólo el primer año. Alegato contra la esclavitud escrito al modo de un melodrama folletinesco, se convirtió en el símbolo del abolicionismo que enfrentaba a los norteamericanos y nueve años más tarde desencadenaría la Guerra Civil.

Como todo éxito novelístico La cabaña del tío Tom fue inmediatamente llevada al teatro, representándose durante más de 60 años. El cine, nada más nacer, la hizo suya. La primera versión se rodó en 1903 y tras ella se rodaron más de diez versiones mudas y seis sonoras. Con The Help ha sucedido lo mismo: el éxito de la novela provocó su filmación dos años después. La película ha sido el taquillazo sorpresa de la temporada en los Estados Unidos: costó 25 millones de dólares y lleva recaudados 180.

Además de estar escritas por mujeres, su éxito de ventas y su adaptación a otros medios, otro lazo une estas dos novelas: el de presentar una visión sentimental del conflicto racial para hacer llegar más fácilmente su mensaje al gran público. Si literariamente la novela de The Help es tataranieta de la pionera de Harriet Beecher Stowe, su adaptación cinematográfica es hija de El color púrpura y nieta del estupendo ciclo protagonizado entre 1963 y 1970 por Sidney Poitier -el primer actor negro que ganó un Oscar- formado por Los lirios del valle, Un retazo de azul, Rebelión en las aulas, En el calor de la noche o Adivina quién viene esta noche. A Poitier se le ha reprochado injustamente el carácter amable de algunas de sus películas y representar tipos que asumen los valores de los blancos para ser aceptado por ellos. Una estupidez propia de los tiempos en que se creía que los valores universales -que los hay- tenían color. Martin Luther King, que carecía de estos prejuicios, le rindió en 1967 un homenaje por su lucha en defensa de los derechos humanos y la libertad.

El caso de Criadas y señoras puede recordar los citados. El actor y director Tate Taylor ha escogido el camino de la belleza plástica en su estilización de los años 60, del maniqueísmo que linda con lo caricaturesco en la presentación de los personajes (todas las negras son buenas y casi todas las blancas malas), del melodrama sentimental (con alguna pincelada de humor) en el tratamiento de los conflictos y del final feliz en su resolución. ¿Complacencia en lo ultrapolíticamente correcto? ¿Estrategia comercial? Tal vez. Pero estas debilidades, en el caso de que lo sean, hacen más eficaz el mensaje claramente antirracista de la película al atraer a más público.

Una joven blanca que acaba de regresar a su sureña ciudad natal y aspira a ser periodista recoge testimonios de criadas negras para escribir unos reportajes que reflejen sus vidas y ofrezcan su punto de vista sobre los blancos a los que sirven. Se nota que es una mujer progresista y comprometida porque no tiene voz de pito y no usa laca.

La película se mueve entre el presente -el desarrollo de la empresa de la joven escritora y las reacciones que provoca- y el pasado reciente -los relatos orales, pocas veces recreados, de las criadas-. Como denuncia lo más interesante está, como siempre suele pasar, no en los retratos de las señoras blancas más estúpidas y crueles, sino en la media luz de las que son racistas y maltratan sin darse cuenta de que lo hacen, perpetuando actitudes que aceptan sin cuestionar.

La gran baza dramática de la película está en la muy buena dirección de unas soberbias actrices que interpretan esos papeles extremos que, ya sea por su maldad, su banalidad, su bondad o su sufrimiento, siempre son apetecidos por sus posibilidades para el despliegue de facultades interpretativas. En este sentido la película es un espectáculo dramático irreprochable.

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