Cultura

En la intimidad de Trotski

  • El argentino Marcos Aguinis reconstruye en 'El joven Liova' los años de formación del líder revolucionario, antes de que llegara a formarse su "imagen congelada y maniquea"

Hay muchas cosas que Marcos Aguinis, primero neurocirujano, pero al mismo tiempo pianista, y más tarde secretario de Cultura del Gobierno de Raúl Alfonsín, no esperaba hacer en la vida. Nunca imaginó tampoco, por ejemplo, que llegaría a ser uno de los escritores más vendedores de su país, Argentina. Como tampoco intuyó "jamás" que escribiría una novela sobre Lev Davídovich Bronstein, que pasaría a la historia con el nombre de León Trotski, uno de los principales artífices de la Revolución Rusa de 1917 y organizador del Ejército Rojo. "Se ha hablado tanto de su final trágico, de su asesinato en México, de su romance con Frida Kahlo, que nadie ha reparado en que sus primeros años de vida constituyen un gran relato de iniciación", dice Aguinis.

El joven Liova (Plaza & Janés) narra la infancia y la adolescencia de Trotsky antes de que fuera Trotsky. Ese Trotsky que todavía hoy permanece atrapado "en una imagen congelada y maniquea", dice el autor, nacido en Córdoba -la argentina- hace 76 años. Indagando en archivos y bibliotecas, Aguinis encontró "datos alucinantes" sobre la biografía de este dirigente y teórico del bolchevismo, cuyo enfrentamiento con el "mediocre" Stalin le costaría el destierro y finalmente la muerte en la capital mexicana en 1940, a manos del agente soviético español Ramón Mercader.

Una vez completado un exhaustivo proceso de documentación, dice, Aguinis usa su "arte literario" para "colarse en la intimidad" de su retratado; en sus pensamientos de niño, hijo de un padre semianalfabeto y de una madre apasionada de la lectura; en sus decisivos años de formación en Odessa, donde estudió y se familiarizó con la ópera y el teatro, y donde adquirió, señala el autor, "una cultura enciclopédica totalmente inusual en aquella época"; y se detiene el argentino también, explica, en el despertar de su "rebeldía", determinado por la opresión zarista.

Acercarse a un personaje histórico tan conocido, como es el caso, comporta ciertos riesgos. ¿No está ya todo dicho sobre Trotski? "Bueno, a mí me sorprendió de su personalidad, y creo que sorprenderá también a los lectores, su enorme vitalidad, que le permitió superar presiones bestiales", dice, antes de recordar algunas de las "peripecias de película" que protagonizó el autor de Mi vida o La revolución permanente, como sus estancias en la cárcel, "donde lo humillaron brutalmente", o sus dos deportaciones a Siberia, con sus correspondientes fugas, "perseguido por lobos en aquel océano de nieve".

Aunque lo que más le interesa de Trotski, dice, es el hecho de que sus años de juventud "estimulan el idealismo de los jóvenes". "Era un joven lleno de ideales. Un idealista puro, un humanista pacifista", insiste el escritor, consciente de que el líder revolucionario "fascinaba a todos, a las mujeres y a quienes lo escuchaban un rato", por lo que admite que quizás también a él lo ha seducido esta figura contradictoria. "Era un hombre vivo, permeable a las experiencias, poroso al conocimiento", afirma Aguinis, convencido por ello de que ni siquiera Trotski sería hoy trotskista. "Pero, eso sí -remata-: en esta etapa de gran confusión, como la que le tocó a él, podría habernos brindado algunas ideas originales y valiosas".

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