Cultura

En un jardín de El Limonar

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Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) Fecha: 27 de julio de 2012. Lugar: Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Málaga. Director: Manuel Coves. Programa: Capricho Italiano, op 45 y Romeo Y Julieta de Tchaikovsky; y Sinfonía nº 6 en Fa mayor, Pastoral de Beethoven. Aforo: 1.200 personas.

En los países europeos con mayor tradición, la llegada del verano no supone una interrupción de la vida musical de la ciudad, sino otra forma de disfrutarla; proliferan los conciertos en parques, jardines, patios y cualquier otro espacio propicio. Y es que la música al aire libre -no exenta de inconvenientes- permite, sin embargo, una experiencia distinta y enriquecedora. Mientras el universo cerrado y perfecto de la sala de conciertos conduce al ensimismamiento, la ubicación desacostumbrada y la especial sonoridad del espacio abierto son pura sugerencia y vitalidad.

Todos los años -¡y desde hace ya nada menos que veinticinco¡- el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Málaga ofrece el último viernes de julio un concierto en los magníficos jardines de la sede colegial en el Paseo del Limonar. Una cita anual -tradición acrisolada, dirían algunos con mucho menos- que congrega tanto a los incondicionales de la temporada sinfónica, como al público menos habitual y que de hecho se ha convertido en el cierre oficioso de la temporada de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM).

Un cuarto de siglo no es poca cosa. Para ocasión tan señalada, la OFM presentó un sólido programa con obras de Tchaikovski y Beethoven, en el que volvió a apostar, tal como hiciera el año pasado con Arturo Díez Boscovich, por un director joven de calidad contrastada, Manuel Coves. Aunque los grandes compositores pueden ser un arma de doble filo, la orquesta malagueña ha demostrado en numerosas ocasiones su enorme desenvoltura con el repertorio clásico. Por su parte, Coves, que se mostró comunicativo durante toda la velada, salió airoso del lance, consiguiendo unas interpretaciones muy ajustadas al contexto.

En el Capricho italiano de Tchaikovski, la contención en los tiempos y la solución de continuidad de las distintas escenas -una que quizás no fueron del gusto de todos- convirtieron esta extrovertida y recargada evocación carnavalesca de pasacalle en una elegante y colorida fiesta de máscaras, donde tampoco faltaban las travesuras y jugueteos. Esta atmósfera de villa mediterránea se prolongó -eso sí, en un registro más grave y trascendente- durante la primera parte del concierto en Romeo y Julieta.

Ya en la segunda parte, los elementos naturalistas y las imágenes campestres que inundan la Sinfonía Pastoral de Beethoven -desde el canto de los pájaros en la coda del segundo movimiento, hasta la tormenta del allegro, cuya potencia descriptiva impresionó al mismísimo Berlioz- brindaron momentos de enorme expresividad, acaso más vívida y real bajo un cielo estrellado y entre el verde de los árboles de un jardín de El Limonar.

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