La madre de todos los museos

El Ayuntamiento de Málaga invertirá en espacios expositivos el año que viene más de 15 millones de euros El modelo de las 'sucursales' de grandes firmas empieza a cuestionarse en Europa

El Cubo del Puerto, futura sede del Centro Pompidou Málaga.
El Cubo del Puerto, futura sede del Centro Pompidou Málaga.
Pablo Bujalance Málaga

07 de septiembre 2014 - 05:00

Argumentaba recientemente el director del CAC, Fernando Francés, que con la llegada del Centro Pompidou Málaga se sitúa como "la segunda ciudad de España en actividad museística, por encima de Barcelona y Bilbao". Y razón no le falta. Pero también, en consecuencia, Málaga sube al podio del gasto municipal para el mantenimiento de espacios expositivos. Si para 2015 se repiten las partidas consignadas con vistas al presente año a los distintos equipamientos ya existentes (3,4 millones de euros al CAC, 2,1 al Museo Carmen Thyssen, 1,7 a la Fundación Picasso Casa Natal, 720.000 al Museo del Patrimonio Municipal, 200.000 al Museo Revello de Toro y otros tantos al Museo Interactivo de la Música), el gasto total superará los 15 millones de euros, incluido el desembolso que habrá de destinarse a los museos que habrán de venir. El Ayuntamiento destinó en los presupuestos de 2014 para las obras del Cubo del Puerto 2,5 millones, pero el gasto en 2015 será mucho mayor: la intervención en el Muelle Uno, que si todo sigue según lo previsto continuará a partir del martes, requerirá otros 1,3 millones hasta completar los 3,8 presupuestados. Y a esta cantidad hay que añadir el millón de euros para el canon del Pompidou, los 1,07 millones para gastos de seguros y transportes y otro millón más en virtud de gastos variables: en total, 4,3 millones para el Pompidou en 2014. El Museo de Arte Ruso, que se inaugurará según lo previsto también en 2015 en Tabacalera, tiene ya comprometido un canon anual de 400.000 euros; pero a esta cantidad habría que sumar el coste de los seguros y traslados, una operación bastante más delicada que la del Pompidou dada la cantidad de obras y su procedencia (fuentes municipales señalaron al respecto que las negociaciones con el Museo de San Petersburgo no están resultando precisamente sencilla); por no hablar de los más de 20 millones de euros invertidos en la reforma del edificio, y de los 5 millones perdidos por el fiasco de Art Natura. Si además llega a buen puerto la intención de exponer de manera permanente también en Tabacalera los murales del norteamericano Sol LeWitt, lo que requeriría una inversión no inferior a los 500.000 euros, el gasto total superará, como apuntábamos, los 15 millones de euros en 2015.

Se trata, ciertamente, de un gasto cuantioso y de difícil parangón entre las ciudades españolas en lo que se refiere a la actuación en solitario de un Ayuntamiento (tampoco hay que olvidar los 1,3 millones invertidos en el Museo Jorge Rando, cuya financiación quedó en manos de la fundación del pintor tras su inauguración). El mismo Consistorio responde con informes que apuntan a un impacto económico superior a 18 millones de euros sólo a cuenta del Pompidou, pero habrá que esperar para comprobar en qué medida las previsiones responden a la realidad: si bien buena parte del optimismo descansa en la espléndida temporada turística, resulta improbable que los registros puedan alcanzar cifras más altas en el futuro. En la presentación del proyecto malagueño celebrada el pasado miércoles en el Centro Pompidou de París, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre (quien compartió tarima con el presidente de la institución, Alain Seban), apuntó los nombres de algunos posibles participantes privados en el Cubo: Unicaja (señalada desde el principio y hasta hoy sumida en el silencio), Heineken, Italcimenti y la Cámara de Comercio Franco-Española. Otras estrategias, como la próxima reconversión de la Fundación Picasso (primera responsable de la gestión del Centro Pompidou Málaga) en sociedad limitada pretenden también encontrar vías de ahorro a cuenta del IVA. Pero que cuadren las cuentas dependerá de otros muchos factores: por más que todo parezca bien atado, las apuestas culturales, y más servidas así, al montón, pertenecen al reino de lo imprevisible.

Conviene reparar además en que el gasto se dirige no a la puesta en marcha de equipamientos propiamente malagueños, sino de sucursales de las primeras marcas del panorama museístico internacional, una práctica que se prepara a dar el salto desde EEUU y Europa hasta territorios por conquistar en Asia, África y Latinoamérica (Alain Seban fue bastante explícito al considerar el caso de Málaga como un "primer paso" en la expansión hacia otras latitudes) y que reviste luces y sombras. Preguntado por el fenómeno, el crítico de arte del Grupo Joly, Juan Bosco Díaz-Urmeneta, señala que en algunos casos "el desarrollo de franquicias ha funcionado bien, como la sede que la Tate Gallery abrió en Liverpool. En realidad, todo pasa por la eficacia de los técnicos y por que los propietarios de la colección tengan todas las garantías de que las obras van a estar en buenas condiciones allí donde son enviadas". En España, precisa Díaz-Urmeneta, "las inauguraciones de sucursales de grandes museos europeos o americanos suelen responder más bien a una estrategia de imagen. Así ocurrió cuando en varias ciudades, entre ellas Málaga, se habló de convertir sus Museos de Bellas Artes en sedes del Museo del Prado, cuando todas estas pinacotecas ya tienen obras del Prado en depósito. Luego está el caso del Guggenheim de Bilbao, que ha logrado perfilar una oferta interesante con criterios propios y que ha generado algunos efectos colaterales muy positivos en su ciudad, como una mayor actividad en el Museo de Bellas Artes. El caso opuesto sería el Museo Carmen Thyssen de Málaga. Para que una franquicia funcione bien tiene que haber primero una voluntad política; además, es importante que en cada museo trabajen técnicos de cada ciudad y que lo hagan con el margen suficiente de decisión y maniobra, con el fin conformar una identidad que resulte significativa en su entorno. Lo que no se puede hacer es abrir un museo para que vayan turistas". No obstante, el crítico también advierte de que, en gran medida, el fenómeno de las franquicias empieza a acusar ciertos síntomas de agotamiento en Europa, precisamente por el interés puesto por los grandes museos mundiales en actuar en los países emergentes: "Es lo que sucede con el Guggenheim, que cerró su sede en Berlín y ha frenado en seco sus planes respecto a París. La crisis tiene siempre algo que ver en estas cosas, pero lo que sucede realmente es que la fundación ha decidido dedicar todos sus esfuerzos a la futura sede en Abu Dhabi".

Precisamente, otras fuentes municipales indicaron a este periódico que Francisco de la Torre mantiene viva la idea de convertir el Museo de la Aduana en subsede del Museo del Prado con una aportación mucho mayor de obras de la pinacoteca nacional. La idea, planteada por el PP en la campaña para las últimas elecciones autonómicas, requiere, en todo caso, y además de un cambio en el mapa político, la salida del Museo Arqueológico de la Aduana. Quizá esto no sea más que el comienzo.

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