La magia se esconde detrás del escenario

Más de 100 prendas de vestuario, 200 pelucas y dos horas de pruebas hacen que cada función de 'La Bella y la Bestia' sea perfecta

Los automatismos del espectáculo en las tablas del Teatro Cervantes.
Los automatismos del espectáculo en las tablas del Teatro Cervantes.
Marta González Málaga

26 de julio 2013 - 05:00

"Quedan treinta minutos para empezar. Silencio en el escenario. Van a comenzar a llegar los espectadores", se escucha en los altavoces del Teatro Cervantes para dar por finalizada la pasada de dos horas de sastrería, peluquería, maquillaje y apuntes técnicos que se hace antes de comenzar cada función de La Bella y la Bestia.

Miriam Maguado, jefa de sastrería, cuenta con tres personas que la acompañan en la gira y con otras tres que están insitu. Su papel es muy importante, hacen los cambios, junto con peluquería, de los personajes, " el más rápido es el de la servilleta y el del plato que se transforman en 35 segundos con la ayuda de cinco personas". Pero además el departamento de sastrería revisa más de 100 prendas de vestuario que cada día tienen que limpiar y repuntar. "Si en mitad de un numero se ha roto alguna camiseta, se intenta arreglar", comentó ayer Maguado mientras remetía una chaqueta de última hora para la función. Y es que, entre ropa de época, "nunca te aburres, todo el día estás frunciendo", recalcó Espe Pascual.

Pelucas, maquillaje, vestuario y automatismos técnicos hacen la magia del espectáculo. Sandra Lara, jefa de peluquería y maquillaje hace que todo parezca sencillo ante el espectador, aunque no todo "es poner una horquilla", apuntó Lara. La Bestia necesita una preparación de una hora y media para cada función y en ese tiempo debe ponerse la prótesis nueva que necesita día a día para convertirse por arte de magia en el protagonista del espectáculo. Otro de los detalles que esconde el escenario es el baúl de peluquería, el cual se compone de 200 pelucas de pelo natural, "aunque sólo se utilizan 120 en cada función".

Parece que ya está todo listo entre agujas, pinceles y peines, pero ¿quién organiza todo el caos que se forma tras las tablas del escenario? Helena Jimena, regidora de La Bella y la Bestia, es la que se encarga de coordinar todo para que la magia llene los ojos de cada espectador desde un niño hasta un abuelo. "No pasa nada en el escenario si los regidores no quieren", explicó Jimena. Todo está controlado para que los más de 30 telares movidos por personas y los automatismos encajen como "bolillos". Las cámaras de visión nocturna, las entradas y salidas de actores, los micros inalámbricos, los efectos de sonido (como el puñetazo de Gastón), hacen un largo etcétera de acciones que se tienen que coordinar para que "el teatro esté vivo y parezca que la magia de Disney hace que todo se mueva solo". Pero no hay dificultades en este gran espectáculo, sólo hay "peculiaridades", como le pasó a Bella en una función pasada: mientras cantaba cerca del pozo, el vestido se le enganchó al automatismo que lleva el mobiliario, lo que hizo que la protagonista se quedara en ascuas.

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