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Crítica música

Todo para el pueblo pero con el pueblo

Segunda entrega de la temporada lírica 2009-2010 (fuera de abono). Teatro Cervantes. Fecha: 28 de febrero. Programa: Cádiz, zarzuela en dos actos con libreto de Javier de Burgos y música de Federico Chueca y Joaquín Valverde (versión concierto). Intérpretes: Isabel Rey (soprano), José Bros (tenor), José Julián Frontal (barítono), Ana Ibarra (soprano), Luis Pacetti (tenor) y Luis Álvarez (barítono), entre otros, junto al Coro de Ópera de Málaga y la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Director del coro de ópera: Francisco Heredia. Director musical: Lorenzo Ramos. Aforo: Tres cuartas partes del total.

Son muchos los artículos, libros, ponencias, actividades y conferencias que ya se suceden y proseguirán con motivo de la próxima conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812. En este sentido, el haber contemplado el acercamiento a esta joya musical de los maestros Chueca y Valverde, ya contó con las bendiciones iniciales, máxime incluso cuando la crisis pasa factura y no se completa la posibilidad de escenificarse.

Partidarios de los afrancesados o no, con algunas miradas al hipotético futuro por parte de alguna pluma atrevida que jugó recientemente a especular sobre una España sin El Deseado, la pieza musical viene a reflejar la lucha de un pueblo que, perdedor en el antes y en el después, siempre salió victorioso en su valentía. Ya lo dijo Alcalá-Galiano en sus memorias cuando referente a su Cádiz natal: "En la hora del levantamiento general de la nación, había manifestado más entusiasmo y mayor ferocidad que lo que era de presumir de los hábitos pacíficos y de las suaves costumbres de los gaditanos".

Por ello, permítanme establecer similitudes entre la historia y nuestra particular historia. Y es que en la velada del domingo la victoria volvió a recaer en el pueblo; y no me refiero a los espectadores que se acercaron al concierto (menos que en otras citas líricas) sino a la voz musical que refleja al pueblo, papel que históricamente en los ámbitos escénicos y musicales se confirió al coro. Todo este preámbulo viene a desembocar en que fue realmente el Coro de Ópera de Málaga, junto a los maestros de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM), los que remediaron la situación global de la actuación. Hablamos en este caso de un trabajo bien perfilado por parte de la agrupación coral donde no sólo se mostraron momentos de amplia contundencia, véase el caso de los números finales del primer y segundo acto o Los cornetas nos anuncian y el acompañamiento de la famosa jota, respectivamente, sino que se procuró un empaste vocal lo más correcto posible tanto en el acompañamiento de los momentos solísticos como en sus propias intervenciones, citándose al caso El barrio de la Viña, dejando atrás leves impresiones tímbricas de las cuerdas agudas de El que sea patriota. Ni que decir tiene igualmente, que toda la gestualidad que desplegaron en la mayoría de las piezas realizadas de memoria, junto con las simpáticas intervenciones de Moreno, García, Jerez y Merino dieron brillo a un conjunto que por momentos se presintió sombrío.

En el apartado de solistas, nos encontramos con Isabel Rey, de efectiva soltura técnica y escénica pero con voz de potencia moderada (especialmente en sus registros bajos) y que quedó solapada (y ocultada por momentos) por los maestros de la OFM. Y por otro lado, los que se dejaron cautivar por su libreto hasta tal punto que no le perdieron ojo, ya sea de forma discreta, en la voz de José Bros o en el total encadenamiento de José Julián Frontal. Una verdadera situación autolimitante ante dos notables voces, y que como en el caso del segundo, con partituras en mano, poco coherencia aplicó a la Polka de los ingleses y damiselas donde el resto del elenco interaccionaba naturalmente de memoria. Sin embargo, los mejores momentos se reservaron para las intervenciones de la soprano Ana Ibarra, de portentosa voz y gracejo escénico, que se conjuntó de forma notable con Luis Pacetti, en excelsa madurez escénica. No puede faltar la reseña a la genialidad de Luis Álvarez de cariñosa interpretación, perfecta dicción y sabia colocación de la voz en maravillosa escenificación dramática.

En resumidas cuentas, soy partidario que con el rescate de estos preciosos números de nuestra zarzuela se le de el empuje necesario a este género para elevarlo a la máxima categoría posible. Pero por mal camino vamos si el trabajo de parte de los solistas defrauda y vuelve a generar la sensación de poco trabajo previo que da como resultado una conjunción mediocre. Dejemos de causar males al pueblo (público) porque éste, pese a todo, siempre saldrá victorioso.

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